Arte y cultura para vivir en comunidad en el Cauca

Arte y cultura para vivir en comunidad en el Cauca

Con una trayectoria de más de cuarenta años en el mundo de las artes, el dramaturgo William Ruano, cuenta cómo con su pasión y compromiso ha contribuido a enriquecer el panorama cultural del departamento del Cauca.

Escrito por: Daniel Castro

 

William Ruano es un dramaturgo y director de una asociación de titiriteros llamada “El Grillote”, la cual cuenta con una amplia participación en el norte del Cauca y sur del Valle. El origen de este proyecto, creado en el año 1985, surge de la investigación y exploración del teatro de objetos y la necesidad de articular el arte con procesos comunitarios para reivindicar la identidad cultural.

 

Daniel Castro (D.C): ¿Cómo surgió el taller y con qué propósito?

 

William Ruano (W.R): El inicio del taller realmente tiene varios caminos. Por un lado, está el oficio como tal, por el otro, están los procesos pedagógicos, es decir, en el campo de la educación nosotros empezamos a ser parte de estos procesos. No tomamos el arte como estrategia y herramienta para ser utilizada en la educación, sino como una implementación que permitiera que el joven al que nosotros tocábamos pudiera desarrollar ese campo especial de la mente que es la inteligencia.

 

Creemos que el arte cumple un papel fundamental, porque desde él podemos desarrollar esa capacidad intelectual de los jóvenes. El arte es una expresión y hay diferentes maneras para hacerlo: las artes plásticas, el teatro, las danzas, la música, todas estas expresiones vienen de manera natural con el ser humano cuando nace y empieza su crecimiento, pero que a nivel académico la escuela misma va opacando.

 

La educación es un complemento de la vida que es importante, pero que debe ser hecho de una manera más fluida. Es ahí donde nosotros creemos que las artes son ese camino que desarrolla ese campo de la inteligencia, desde el hecho o acto creativo, y esto nos permite tener mejores estudiantes.

 

D.C: ¿De dónde surge la idea de adoptar el teatro de animación de objetos?

 

W.R: En el caso personal, Ruano lo que hace es: las frustraciones de escuela que no pudo tener, de alguna manera las complementó a través del teatro de objetos, es decir, yo no estudié teatro, hoy en día soy maestro de teatro y he estado en espacios académicos universitarios, pero también en escuelas de formación artística. Como no estudié teatro tenía que indagar, y en esos procesos de indagación hacía las micro obras a través de objetos, los títeres.

 

A través del títere empecé a hacer una investigación y comprendí totalmente el lenguaje de la expresión gramática y esa fue mi escuela. Ahí se desarrolla ese primer campo de los objetos. Esa es la razón del porqué el teatro de títeres y no el teatro de actores como elemento fundamental.

 

D.C: ¿Cómo fue el proceso de pasar de títeres a macro formatos?

 

W.R: Precisamente como nuestro trabajo desde las artes era muy social, encontrábamos que el lenguaje minimizado de los objetos, o sea los títeres, eran microestructuras escénicas en las cuales su cobertura era muy pequeña, entonces uno iba a presentarse y los espacios eran para veinte o treinta personas.

 

Pero en las dimensiones que nos proponíamos, que ya tenían un concepto totalmente político, era como influir más en la sociedad y encontrábamos que la proyección mayor se hacía con cosas grandes, y ahí vienen los macro formatos. Entonces hacemos el teatro de objetos, pero ya encaminado al hecho escénico de carnaval, de fiesta y a través de estos elementos grandes hacíamos una intervención social más amplia.

 

D.C: ¿Ha percibido un cambio en el interés y la participación de las comunidades desde que inició el taller?

 

W.R: Nosotros como Grillote tenemos un proceso largo de casi cuarenta años en las comunidades. Inicialmente en la comunidad educativa. Nos dedicamos a los docentes para capacitarlos y generar didácticas para que la educación que se impartía desde esos docentes a los que influimos tuviera un mayor sentido.

 

Luego hicimos un acompañamiento a núcleos, círculos, espacios de territorio, por ejemplo, en el año 1996 en Caloto realizamos una intervención que fue en su momento especial. Cuando viene la avalancha del seis de junio se desplaza la población nasa desde Páez, y uno de estos grupos se establece acá, es cuando se crea el resguardo de Tóez.

 

Ahí nuestro acompañamiento era fortalecer la identidad, prevalecer la cultura propia y nuestro acompañamiento era contribuir desde la cultura a mantener su identidad y cosmogonía. Ahí hicimos un proceso de teatro desde un cuento que escribimos. Ese proceso fue muy social y también generamos toda una estructura de liderazgo.

 

D.C: ¿Cómo el taller ha influido positivamente en la creatividad y expresión artística de niños y jóvenes que han participado en este proceso?

 

W.R: Nosotros trabajamos con niños y jóvenes con condición especial y con ellos lo que hacíamos era buscarle un sentido a esta población que ha sido marginada, y que fuera parte de estos procesos fue interesante en su momento. Pero también a nivel de la comunidad, visibilizarlos fue un acto importante porque permitió que la familia los reconociera y los empezara a sacar de los espacios escondidos.

 

Cuando empieza este proceso de acompañamiento a varios jóvenes y familias, ellos se sentían orgullosos de ver cómo sí se podía estar en otros espacios, por supuesto que en su parte emocional estos jóvenes vivieron un momento especial.

 

D.C: Teniendo en cuenta nuestro contexto regional, ¿cómo desde el teatro se abordan temas sensibles como el conflicto armado?

 

W.R: El tema del conflicto no lo trabajamos de manera evidente y riesgoso para asumir en un proceso de comunidad, pero sí damos alternativas en esas prácticas y hacemos un acompañamiento en el sentido de que nuestro espacio del arte nos permite expresar muchas de esas cosas que nos agobian y nos ponen en situaciones difíciles frente a la vida.

 

A través del teatro, los jóvenes pueden expresar todas esas inquietudes que tienen sobre la indisposición, todo lo que se genera socialmente y cómo esto es un camino donde si queremos ser críticos frente a un hecho social, cómo hacerlo de otra manera que no sea coger un arma que no es lo que uno cree que es.

 

Creemos que el arte nos permite también evidenciar muchos problemas que socialmente uno tiene y el joven encuentra ahí también un camino para decir lo que quiere decir. Igualmente, está haciendo su trabajo de cuestionamiento social, no aceptando las imposiciones, las gerencias de poderes y esa presión que se da socialmente. Estos jóvenes tienen otra alternativa para expresarse y esto les permite que encuentren otro camino.

 

D.C: ¿Qué otro tipo de problemáticas se abordan en el taller?

 

W.R: En las obras que montamos hay un macro de temas para las necesidades concretas que surgen en las comunidades. Por ejemplo, a nivel de tema ambiental hay una obra que hemos montado aquí en el barrio que se llama “La Niña y el Agua”. Ella habla del problema de la minería, del problema del agua, del desajuste que hay frente al uso de los recursos naturales. De esa manera, nosotros ofertamos productos de sensibilización desde el arte.

 

D.C: ¿De qué manera su trabajo ha contribuido al fortalecimiento del sentido de comunidad entre los niños y jóvenes que hacen parte del taller?

 

W.R: En el Grillote, a lo largo de más de 38 años que venimos sembrando en los territorios del país, hemos impactado en los jóvenes y en la niñez. Hemos sembrado muchas cosas en ellos, como el respeto, el valor del otro, la tolerancia y el vivir esas experiencias desde el arte para vivir en comunidad y cómo eso que yo aprendo aquí en El Grillote, lo llevo a mi comunidad y lo comparto.

 

El Grillote le ha apostado siempre a la siembra en el territorio, aquí en Caloto o donde sea. También hemos sembrado con jóvenes del Cauca, estuvimos con la Red de Derechos Humanos trabajando un poco con la niñez en el reconocimiento de que yo como ser humano que habito un territorio tengo derechos, pero también es, si tengo un líder en mi comunidad, cómo yo, como parte de esa comunidad, le aporto a ese líder y juntos construimos algo por el bien de esa comunidad.

 

D.C: ¿Cómo se financian, han recibido apoyo de la administración municipal y/o departamental?

 

W.R: Este tipo de trabajos han sido apoyados por entidades extranjeras. Hemos tenido el apoyo de muchas fundaciones que vienen y confluyen con algunas de las ONG del país. Nosotros hemos hecho aportes al trabajo de la Red de Derechos Humanos Francisco Isaías Cifuentes, ellos nos llaman, nos contratan, nosotros vamos y asistimos porque nos interesan los jóvenes que están en ese tipo de capacitaciones y desde el arte hacemos nuestro aporte.

 

Nosotros aquí hemos hecho una intervención a nivel del municipio, hemos querido y con la fuerza se ha logrado nuestra participación en actividades propias de acá con la administración. Se ha logrado desarrollar cuatro carnavales que son espacios de la gente, de la presencia de un pueblo donde la gente va a soltar sus emociones en el campo de la fiesta. Nosotros hemos acompañado todos estos procesos.

 

Ahí por supuesto la financiación directa la hace la administración, en lo que han sido los cuatro carnavales que se han hecho acá, pero no son financiaciones completas, son cosas muy básicas porque te aseguran un sueldo durante cuatro meses para hacer un trabajo que debería construirse en un año. No es una financiación que cubre toda la necesidad que tiene un proyecto para llegar a un carnaval anual.

 

 

 

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