La pandemia puso a tambalear proyectos productivos de reincorporados en Miranda

La pandemia puso a tambalear proyectos productivos de reincorporados en Miranda

Por medio de la solidaridad local y del apoyo de la cooperación internacional, los excombatientes de las Farc que hacen su tránsito a la vida civil en ese municipio de Cauca, han podido sobrellevar los golpes trajo consigo el Covid-19. La cuarentena y la inflación generada, han afectado la producción y comercialización de sus productos agropecuarios.

 

Hace calor. 

 

Golpea en la piel los rayos fuertes del sol.

 

La entrada es colorida, hay un mural de Simón Bolívar, uno del mapa de América que da la bienvenida a la biblioteca y otro de unas manos labrando la tierra. 

 

Alrededor hay casas, unas construidas en ladrillo y otras con adobe, guadua y latas de zinc. Fueron construidas por exguerrilleros de las Farc. Ahí viven. 

 

Y, justo al fondo se ve una laguna, majestuosa, rodeada de patos, gallinas y perros. 

 

Y, más hacia adentro, hay estanques de peces, una marranera, un establo y más casas de ladrillo, de adobe y más hombres y mujeres que le apuestan a la paz.

 

— Parece que esa marrana va a parir —dice Ricardo Moreno García, excombatiente y vicepresidente de la Corporación Centro de Promoción del Desarrollo (Ceprodet).

 

— Sigan, sigan, al fondo están las cocheras. Nos tocó traerlas pa’cá. 

 

Ricardo es un hombre tranquilo. Es alto, flaco y habla poco. Siempre está ocupado. Siempre está haciendo algo. Dice que disfruta su tránsito a la vida civil, que le gusta trabajar la tierra, que se divierte con los cerdos, que la piscicultura es complicada y que le preocupa la ganadería.

 

— Acá están los marranitos, son muy limpios, con este sistema que tenemos ellos no se ensucian. Esta marrana parece que va a parir, yo creo que es hoy —dice Moreno, señalando a una cerda de cría que tiene 8 años, pesa más de 140 kilos y cada 4 o 5 meses pare de 10 a 15 lechones.

 

La marranera es bastante amplia y queda al fondo de La Finca La Elvira, en miranda, Cauca, en el espacio que ahora es una Nueva Área de Reincorporación (NAR), lugares que surgieron hace dos años de los antiguos Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación (ETCR), en donde los firmantes de paz dejaron las armas. Desde ahí opera la Ceprodet, una cooperativa creada por reincorporados que actualmente ejecuta tres proyectos productivos: porcicultura, piscicultura y ganadería. 

 

Cuenta Moreno García, que la corporación nace en la dinámica de reincorporación económica para los excombatientes y su apuesta es convertirse trabajadores en su paso a la vida civil, de integración con la sociedad, aportando en lo productivo, cultural, social y político y, por supuesto, de la mano con los proyectos productivos.

 

— Ayúdenme a acomodar la marrana. Quién puede con ella —dice intentando mover a la marrana que está a punto de parir y sonríe. Ricardo siempre está haciendo un gesto con la boca, la frunce y se queda un rato mirando a la nada y vuelve y sonríe. Es un hombre amable, uno lo ve y parece que caminara con el viento. Entre risas dice que quiere a la marrana.

 

— Listo, bro, ahí queda lista para el parto —le dice Ricardo a su hermano que quedó lleno de lodo por ayudar a acomodar a la marrana, él se ríe y comenta que la marrana lo mandó a bañar y que quiere ver nacer a los lechones, pero Moreno le contesta que aunque cree que será pronto, no se sabe la hora exacta, que mejor lo acompañe a alimentar a los peces. 

 

***

Los proyectos productivos en un comienzo se desarrollaron en Los Samanes, un predio cercano de 21 hectáreas en el que los miembros de Ceprodet pensaban que a futuro podrían continuar con los proyectos y comprarlo. En diciembre de 2019 el Consejo Nacional de Reincorporación (CNR) les desembolsó 304 millones de pesos y en enero de 2020 inició el desarrollo de los proyectos productivos. Adecuaron dos lagos en tierra para la tilapia, compraron 10 cerdas de cría, 13 vacas y 14 terneros.

 

En los recursos desembolsados para implementar la iniciativa estaba contemplado un año de arriendo en ese predio. Asegura Moreno que en el contrato se estipulaba que ellos tomarían en alquiler el predio con opción de compra al término de ese año; es decir, que el gobierno nacional compraría la tierra.

 

Y en medio de esos planes irrumpió la pandemia del Covid-19. La cooperativa de excombatientes fue apoyada por el Fondo para la Consolidación de la Paz de Naciones Unidas (PBF), con un proyecto para la transformación de lácteos, pero, cuando cumplieron el año de arrendamiento en enero de 2021, el gobierno nacional dijo que no compraría el predio y puso freno a la continuidad del desarrollo de los proyectos.

 

Por eso, ante esa situación de incertidumbre, la Asociación Pro-Constitución de la Zona de Reserva Campesina (Asprozonac), les cedieron 10 hectáreas de la finca La Elvira, durante una década. Gracias a ese gesto solidario, excombatientes en proceso de reincorporación que hicieron parte del Sexto Frente y de la Columna Móvil Gabriel Galvis de las Farc, pudieron seguir desarrollando sus proyectos productivos. 

 

Trasladaron el producido de tilapia y el proyecto porcícola; los lagos para la piscicultura y las adecuaciones para la cría de cerdos quedaron en Los Samanes y el proyecto ganadero también fue trasladado a La Elvira, a pesar de que no cuenta con el terreno necesario, lo cual ha provocado la pérdida de varias vacas. Actualmente, siembran tilapia y crían cerdos y ganado en asocio con la Reserva Campesina.

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— Entramos a confinamiento y la asistencia técnica no pudo llegar para ninguno de los tres proyectos, entonces nos tocó arrancar con los conocimientos empíricos; las calles estaban cerradas, nadie podía pasar, eso fue bien complicado —dice Moreno García y añade que les afectó bastante no poder implementar el proyecto tal como estaba formulado.

 

Cuando se decretaron las medidas de aislamiento social para contener el contagio de Covid-19, los proyectos productivos liderados por colectivos de excombatientes de las antiguas Farc también sufrieron sus efectos y tuvieron que adaptarse. Dice Ricardo que el coronavirus dejó aprendizajes porque lograron sacar adelante sus emprendimientos, que fallaron en cosas, pero ganaron en otras. 

 

Cuenta Moreno que para su comercialización, en un comienzo, tuvieron que ir de puerta en puerta, sobre todo por la producción de los peces que había comenzado en enero de 2020. Y, también, asegura que ya tenían convenios con algunas personas para su venta porque era temporada de Semana Santa y no se pudo realizar.

 

Por su parte, Lorenzo Heredia, administrador público y secretario de Cepodret, dice que tuvieron que desarrollar los proyectos sin asistencias técnicas, sin algunos equipos y enfatiza que no podían esperar porque sabían que la pandemia se iba a demorar.

 

— Una afectación negativa fue arrancar, sobre todo sin la asistencia. Doloroso todos los peces que se perdieron porque no se sabía cómo intervenir —aseguró.

 

Se perdieron aproximadamente dos toneladas de peces porque no se tenía claridad sobre el cambio de agua de los estanques, cada tonelada tiene alrededor de 3 mil peces. Un kilo son entre dos o tres peces, depende del peso y en pandemia llegó a costar 9 mil pesos un kilo, actualmente su valor es de 12 mil pesos. Asegura el vicepresidente de Cepodret que aunque fue una pérdida económica grande, los pescados se regalaron para el consumo a la gente de la comunidad.

 

— Se intentó realizar la asistencia técnica virtual y no funcionó, no había paso. Aprendimos del ensayo y error. Algo debíamos aprender del Covid —dice Ricardo. 

 

Y, con respecto a la situación vivida por el virus, comenta Heredia que de los 38 reincorporados que se encuentran en La Elvira, ocho resultaron contagiados porque presentaban los síntomas, pero de ellos sólo dos confirmados a través de la prueba, quienes estuvieron graves en el hospital pero lograron superar la enfermedad producida por el virus. 

 

— Por acá hemos sido más bien sanos, algunos tuvimos los síntomas; la mayoría no nos hemos hecho prueba, tomamos la medicina tradicional con hierbas y a veces con pastillas. En un comienzo teníamos protocolos de bioseguridad, ahora no tanto, a veces uno se pone el tapabocas, donde lo pidan. No todos se han vacunado, algunos les toca por exigencia de que son escoltas, algunos han querido, pero la mayoría no, la cultura rural de nosotros, la vida en la selva, en el monte, nos ha llevado a no consumir tanta cosa y pues a nadie le ha pasado nada grave, aquí estamos. Es más preocupante el asesinato de nuestros compañeros desde la firma que todo esto del virus — asegura Moreno.

 

Ceprodet siguió adelante con el proyecto de piscicultura. En un comienzo los reincorporados consiguieron unas jaulas y armaron las estructuras para criar pescados en el lago de La Elvira que tiene alrededor de 12 mil metros cuadrados. Luego, los fortaleció el  Programa Mundial de Alimentos con un capital, así consiguieron otras jaulas, las mejoraron y después, se unió La Agencia Catalana para la Paz, una organización española que nació para ayudar y fortalecer en el Proceso de Paz, los proyectos productivos y su implementación, quienes dieron un impulso importante en la parte administrativa.

 

Además, juntaron los 8 millones del capital semilla de los excombatientes ($304 millones), compraron ganado (14 vacas de doble propósito y 16 terneros), seis cerdas de cría de alta genética y 5 mil peces.

 

— El proyecto de piscicultura hasta el momento cuenta con seis estanques de geomembrana con capacidad de 5 mil pescados y otros estanques que son en tierra, pero también forrados en geomembrana con capacidad de 5 mil a 8 mil peces cada uno —dice Ricardo Moreno.

 

Asegura el vicepresidente de Ceprodet que en la pandemia lo más difícil fue con los peces porque son muy delicados y también cuenta que crían tilapia roja, negra y cachama, que la comercializan en la cabecera municipal de Miranda y en zonas aledañas; además, que actualmente cuentan con un nuevo espacio de comercialización llamado Mercapaz (Mercado Alternativo de Paz), un proyecto de Ceprodet y Asprozonac, que tiene como objetivo fortalecer las economías locales y la integración social de la comunidad.

 

De acuerdo con el Informe del Secretario de la Misión de Verificación de las Naciones Unidas en Colombia de diciembre de 2021, el Consejo Nacional de Reincorporación aprobó nueve proyectos productivos colectivos nuevos, en los que participan 113 excombatientes (77 hombres y 36 mujeres). 

 

La ARN aprobó otros 481 proyectos individuales, que benefician a 574 excombatientes (429 hombres y 145 mujeres). Hasta el momento se han beneficiado de proyectos productivos el 54 por ciento de los excombatientes acreditados. En particular se trata de 99 proyectos colectivos, que benefician a 3.478 excombatientes ( 2.512 hombres y 966 mujeres), y 3.190 proyectos individuales, que benefician a 3.849 personas (2.968 hombres y 881 mujeres). 

 

Todavía no se han desembolsado fondos para 15 proyectos colectivos aprobados anteriormente, y es importante resaltar, que la tenencia de la tierra sigue siendo clave para la sostenibilidad de los proyectos productivos, en especial los relacionados principalmente con la agricultura, de los cuales el 79 por ciento se están implementando en tierras arrendadas, como es el caso de los excombatientes de Ceprodet.

 

Asegura Heredia, que el tema con la ganadería ha sido bastante complicado porque no cuentan con la tierra necesaria para su desarrollo. Dice que la idea del proyecto era que fuera doble propósito, con ganadería lechera, y por ahora no tienen producción de leche, ni mucho menos de ganado. Por falta de tierras, las vacas se han muerto. 

 

Por esa razón, explica que necesitan aproximadamente unas cinco hectáreas para acondicionar unas 10 cabezas de ganado porque ellas se van a ir reproduciendo y en esa dinámica, desean tener algo demostrativo y que no afecte el medio ambiente y afirma que esa es la idea en toda su línea de producción, disminuir los efectos ambientales nocivos.

 

Actualmente desean estabilizar la producción para tener todo el tiempo una oferta al mercado. Por ahora tienen producción local pero quieren llegar a lo regional y tener productos todo el año. Las cerdas de cría se demoran casi cuatro meses en parir los lechones, luego se debe esperar cinco o veinte días para que nuevamente entre en calor. Quieren manejar esas dinámicas para siempre tener producción. 

 

En la actualidad existen 155 cooperativas de excombatientes en todo el país, de las cuales 31 están dirigidas por mujeres y 13 están integradas exclusivamente por mujeres. Estas asociaciones productivas, asegura el Secretario General a través del informe, han recibido asistencia técnica de múltiples actores, incluidas entidades nacionales e internacionales. Sin embargo, el 80 por ciento de ellas operan en zonas rurales remotas, lo que las hace particularmente vulnerables a la inseguridad. 

 

Desde abril de 2021 se han producido demoras persistentes en el suministro de alimentos a los 24 antiguos espacios territoriales de capacitación y reincorporación debido a la subida del precio de los alimentos y al cambio del proveedor de servicios. 

 

***

 

— Bro, vamos a ver si ya parió la marrana —dice Moreno García a su hermano un poco entusiasmado. Ya se hizo de noche, muy de noche y hay poca luz por el camino a la marranera. Ricardo pasa unas botas blancas a cada uno de los que irán a ver a los nuevos lechones, coge una lámpara descargada y empieza a caminar con ese ritmo al viento.

 

Apenas se está acercando a la cochera, empiezan los cerdos a gritar, desesperados, parecen una escena de una película del estudio de animación Ghibli. Gritan fuerte, mucho más fuerte que cuando los apuñalan para el consumo. Entonces, empieza Ricardo a darles comida y agua y el concierto se disipa. Al fondo, de última, está la cerda de cría más grande, tirada, exhausta, con más de 15 lechones intentando encontrar la leche de su madre. Es impresionante el tamaño de esa marrana. Es gigante. Dice Ricardo que muchas veces ella misma mata a sus lechones porque no los ve y los aplasta. 

 

— Estuvo bueno el parto, toca ponerse a vacunarlos y a cortarles el cordón umbilical —, susurra Moreno.

— Estar con los marranitos es chévere. Me gusta mucho, lo disfruto. ¿Quiere vacunarlo? — dice Ricardo entre risas a su hermano.

—Lástima, esos dos se ven débiles, se van a morir. Cuando se mueren uno los tira al pasto y se lo comen los perros o los gallinazos y la placenta también se la comen—, cuenta Moreno.

— Y listo, toca empezarlos a cuidar y en poco tiempo se venden.

 

Apaga la luz y sale de la cochera.

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Hace poco, apoyados por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), desarrollaron la identidad de la marca de sus productos y al final eligieron mediante asamblea: Productos Aldea, calidad para la vida. 

 

— El nombre de Aldea surge como una idea productiva, cultural y demostrativa que recoge el proceso de la corporación. Esta Aldea también es demostrativa, porque queremos mostrar a la sociedad que nosotros, aunque venimos de un conflicto armado, tenemos la capacidad de salir adelante, de trabajar en armonía con el medio ambiente y hacerlo de la manera que lo hace el campesino, la comunidad, ya no como una organización en conflicto con el Estado —, comenta Ricardo Moreno.

 

Desde Ceprodet aseguran que después de la pandemia los precios de los alimentos son muy elevados, al igual que el costo de los concentrados. Lamentan que los costos de producción no se compensan con las ventas.

 

— Los concentrados para los pescados son muy caros. Después de la pandemia subió mucho el precio y sigue subiendo. Uno compra un bulto hoy en 100 mil pesos y la otra semana ya está en 110 mil pesos. Entonces no hay una estabilidad económica en lo que son los precios de los insumos que nosotros requerimos para la producción — dice el vicepresidente y asegura que con los cálculos que hacen es poco la rentabilidad por los elevados precios no solo de los alimentos sino de los medicamentos que necesitan los animales. 

 

— Nosotros hemos tenido la ayuda de la coperación internacional, nos han financiado y nos siguen financiando parte importante de todo eso. Si no fuera por ese apoyo, hace rato hubiéramos quebrado. Uno le hace al trabajo y trata de economizar en costos de producción lo que más se pueda sin ir a afectar la evolución de los pescados o de los marranos, pero de todas maneras hay una dependencia — manifiesta Ricardo y concluye diciendo que en su paso a la vida civil, busca y lucha por transformar las condiciones sociales que hoy existen y mejorarlas desde los espacios productivos, sociales y culturales.

 

Esta producción fue realizada gracias al apoyo del Fondo de Respuesta Rápida para América Latina y del Caribe, coordinado por Internews, Chicas Poderosas, Consejo de Redacción y Fundamedios, y a la alianza periodística entre VerdadAbierta.com, Co.marca Digital, Radio Campesina de Inzá y la Escuela de Cine y Televisión Étnica de Santander de Quilichao.

 

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