Villapaz y una fiesta que se resiste a morir

Villapaz y una fiesta que se resiste a morir

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Al sur del Valle del Cauca, los pobladores de Villapaz (cerca de Jamundí) conmemoran de manera especial el día de los inocentes. Son cerca de 5000 habitantes, casi todos agricultores afrodescendientes, unidos en una fiesta en la que se conjugan la tradición, la religiosidad y los nuevos tiempos.

— Píramo! Píramo! —Gritan en coro una nube de niños, al tiempo que corren para ponerse a salvo.

Al escucharlos, una figura vestida de diablo con perrero en mano, amaga perseguirlos mientras saca un chasquido al estallar el látigo contra el piso.

Así se repite todo el 28 de diciembre. Es un juego en el que los chiquillos que retan a los “píramos” sueñan con ser grandes para poder tomar el lugar de los disfrazados, y entonces tener el gusto de perseguir a otros niños.

Píramos

Es el nombre que comunmente le dan a los jóvenes que se disfrazan, y que son parte clave de la fiesta.

Sí, es un juego que se remonta en el pasado, pero que nadie se atreve a afirmar con seguridad cómo se originó. Tan solo saben que cada 28 de diciembre, los pobladores de Villapaz celebran una tradición para la que se preparan durante buena parte del año.

Un grupo de jóvenes se disfraza. A mediodía empieza un desfile que incluye la banda musical. Esa es la señal: quienes aún permanecen en casa saben que al terminar la música arrancará otra fiesta. Un pregonero avisa por el altoparlante el inicio del juego. A partir de ese momento, los “píramos” recorrerán las calles y se concentrarán en el parque, en búsqueda de quienes quieran recibir latigazos.

A la vez, y como parte del juego, hombres y mujeres que quieren desafiarlos se vuelcan a la calle, no sin antes haberse preparado con los elementos necesarios para no sentir la fueteada. Algunos usan dos o tres pantalones; otros acomodan cartón bajo su jean, u otros materiales que amortigüen los golpes.

Y claro, hay unas reglas que se deben cumplir: solo participan en esta dinámica las personas que quieran de manera voluntaria, no se trata de agredir, no se puede golpear a los niños, no se puede lanzar latigazos por encima de la cintura, y no se puede obligar a nadie a dar dinero.

Es la forma como en Villapaz se conmemora tradicionalmente el día de los inocentes.

¿Por qué así?

La información e imágenes sobre esta forma particular de celebración se han extendido, al punto que para esa fecha llegan muchos turistas que quieren ser testigos de una fiesta en la que se fusionan vestigios de la historia, y también patrones religiosos.

Villapaz, igual que muchos de los pequeños corregimientos y veredas del sur del Valle y del norte del Cauca, es habitado en un alto porcentaje por población afrodescendiente. La historia de estos sitios coincide con la huida de esclavizados en las haciendas, quienes desde el siglo XVIII buscaron espacios en las riberas de los ríos Palo y Cauca (principalmente) en donde pudieron rehacer sus procesos vitales. Se inició desde entonces una fase de construcción de nuevos territorios allí en donde se sentían seguros, pues nadie se aventuraría a perseguirlos. De ese modo, el rumor se fue extendiendo entre los esclavizados, lo que permitió el crecimiento de la población en lugares como Robles. Luego se fueron ocupando otras franjas a lado y lado del río Cauca, entre ellos Villapaz, Quinamayó, La Ventura.

Un juego con reglas

No se trata de agredir. Los píramos saben que hay unas pautas claras que se deben respetar.

El río ofrecía alimentación: era rico en bocachico, barbudo, sardinas y picudo, recuerdan los habitantes, hasta que en los años 70 se construyó el embalse de la Salvajina, proyecto que diezmó los recursos que brindaban sustento a las poblaciones ribereñas.

Así, la consolidación de espacios de habitación se basó en el aprovechamiento de los recursos del medio, más los patrones culturales aprendidos, y la tradición, conocimientos e incluso vocablos que perviven a pesar del paso de los años.

Allí puede estar el origen de las celebraciones especiales de las comunidades asentadas a lo largo de esta parte del río Cauca: el día de los inocentes (el 28 de diciembre), y las adoraciones al niño Dios, que se conmemoran en el mes de febrero.

Cada 28 de diciembre son los niños quienes participan con mayor entusiasmo en esta particular conmemoración, y lo hacen con la convicción de que en poco tiempo serán ellos quienes lleven los trajes multicolores y el látigo para animar la fiesta de los inocentes. Los grandes la viven, la disfrutan, y por ahora ellos —los niños— van como una nube gritando en coro “píramo, píramo” y buscan escondedero, corriendo alegres por las polvorientas calles de Villapaz.

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