Ser y no ser: una búsqueda de identidad de género

Ser y no ser: una búsqueda de identidad de género

Alejandro Sánchez busca mediante su arte abrir los márgenes impuestos por la sociedad al definir el género como dos únicos conceptos: hombre y mujer. Habla de la transfobia dentro y fuera de la comunidad LGBTIQ+.

Por: Kevin Alexander Londoño

 

Solía ver los cuentos de hadas como si fueran reales, como si eso en algún momento me pudiera pasar. Quería ser un príncipe, pero también quería ser una princesa que esperaba ser rescatada; sin embargo, en la escuela las princesas reales pasaban flotando y riendo por encima de mí, haciéndome creer que no tenía aquello que ellas sí. Era ingenuo, era tonto, era débil o eso me hicieron creer por mucho tiempo. Después de esto, decidí cambiar de vida y asumir quien era.

 

En algún momento dije: ¿por qué no puedo ser así?, si me siento más a gusto.  ¿Por qué tengo que ser chica o chico? Aquella relación entre descubrir quién era y lo que me decían que debía ser, me sirvió de espejo para mirar dentro de mí y tomar la decisión de comenzar mi tránsito, de no identificarme con ninguno de los géneros impuesto en la sociedad. A veces me siento chica, a veces chico o como lo conocen: género fluido, más un hombre o una mujer simplemente, para mí eso significa encasillarse dentro de un concepto y eso no me representa. 

 

Desde que entré a la Universidad del Cauca a estudiar diseño, el arte me ha ayudado bastante para expresar quién soy. Yo soy una persona que durante mucho tiempo ha hecho drag, pero no me gusta limitarme al drag queen o el drag king porque siento que es volver a etiquetarse dentro de un género. El drag queen busca exagerar los comportamientos en representación de lo femenino o el concepto ese; en el drag king hacen lo mismo con lo masculino. En conclusión: volver a lo mismo de pertenecer a alguno de los dos géneros que la sociedad ha establecido.

 

Soy una persona de género fluido. Me gusta jugar con esto de la dualidad, del ser y no ser ningún género que las personas han impuesto. Pienso que el género es como el mar: flota y uno se puede ir por donde le apetezca. Es poder y querer estar en aguas quietas y movidas, en aguas frías y calientes, en aguas dulces y saladas. Para mí eso es el género, jugar con estas expresiones, jugar con todo lo disponible y es exactamente eso lo que a mí me gusta hacer con mi arte. 

 

Pero hay muchas más personas ocultas y reprimidas por la sociedad, por la misma familia y sé que tienen un buen trabajo por ofrecer, tienen creatividad. Sería genial que poco a poco en la sociedad y que en la misma comunidad LGTBIQ+ se pueda ir expandiendo todas las formas de expresiones para mostrarnos con más fuerza, porque esa es una buena manera de pelear contra toda la transfobia que se vive diariamente.

 

Yo, por ejemplo, intento civilizar a todes de distintas formas, porque, aunque supuestamente estemos más incluides nos siguen matando, nos siguen ocultando y nos siguen invisibilizando. Quiero decirle al mundo: ¡eyyy! ¡Estamos aquí!

 

Actualmente, me siento muy bien siendo y mostrando lo que soy sin ningún miedo a las críticas. Pero eso no quiere decir que en el fondo existan temores y que pequeños actos, palabras o cositas que parecen insignificantes me afectan de alguna manera. Eso cuenta como discriminación y yo la vivo diariamente.

 

Durante la Semana Santa de este año yo hice un performance justamente el Viernes Santo. Salí en drag y ya se imaginarán a la gente criticando con sus pensamientos, lo pude notar por las expresiones de sus rostros. El Viernes Santo es uno de los días más importantes para los católicos en una ciudad barroca como lo es Popayán, y ver a alguien vestido con un atuendo que se sale de lo normalmente establecido enloquece a la gente. Fue supercurioso e incluso divertido porque cuando yo estaba preparando el show en el parque Caldas un señor se me acercó y se puso a burlarse de mí.

 

—¿Eres niño o niña, travesti?— me dijo el señor.

—Soy lo que quiera— le respondí y seguí con lo mío. 

 

Mis amiges y compañeres de la universidad estaban presentes y a la defensiva porque en un país lleno de violencia no se sabe cómo pueden terminar las cosas. El señor de rostro ya arrugado, barba desarreglada, ojos oscuros como la noche de aquel Viernes Santo sin luna presente para que iluminara aquella oscuridad que llega a dar miedo, seguía arrojando comentarios desagradables de cómo debía lucir un “hombre”. 

 

Las personas pasaban y medio se detenían a ver el motivo de las risas del tipo. Llegó un momento en el que pensé retirarme del lugar porque realmente no me dejaba concentrar e incluso ya me estaba angustiado, empezando a tener miedo por la firmeza con la que mantenía sus insultos. Interrumpí mis acciones desesperadas, mantuve la respiración por un periodo de tiempo muy corto y me dirigí al sujeto. 

 

—Ve, a mí no me venís a arruinar mi trabajo— pegándole una cachetada muy fuerte se lo dije y seguí con el show.

 

Las personas quedaron calladas y nadie dijo nada. Quizás la gente suponía que al verme con una faldita era una chica. El señor no se atrevió a hacer nada más y poco a poco fue renunciando a lo que mantenía. Son cosas así de las que soy testigo día a día.

 

Hace poco estaba en una reunión sobre la inclusión y aunque digan que hay ciertos derechos para la comunidad, lastimosamente todavía se sigue viendo bastante marcado ese status y privilegio por la imagen de cómo lucimos, es decir, se sigue teniendo que encajar en los dos roles de género: de que si eres hombre o mujer para poder tener así privilegios.

 

No me molesta que me traten como él o ella, pero cuando quise participar y dar mi punto de vista sobre el tema me dijeron algo que realmente me dejó inquieto. 

 

 —Oye tú, chica, chico o lo que sea que quieras aparentar— se dirigió a mí un joven, indicando que seguía el turno de mi participación.

 

Quedé realmente con la boca abierta porque ese mismo chico ya había hablado sobre la inclusión desde la perspectiva gay. Hasta en la misma comunidad donde se supone que son espacios que parecerían ser tolerantes y seguros para todes, se ve cuestionado mucho y sobre todo influye los roles de género.

 

Muchas veces, o por lo menos a mí, me molesta el pensamiento que tienen las personas sobre los estereotipos que crean. Por ejemplo, el concepto de ser gay es que quieren ser una chica o que por ello te relacionan o etiquetan con gustos relacionados con la hegemonía femenina. Te tiene que gustar el color rosa, el pop y en especial Lady Gaga, Barbie… Te sobrecarga en esos estereotipos que tiene la sociedad sobre el ser gay. En el caso de las lesbianas, por ejemplo, se cree que utilizan camisa larga de cuadros, jeans apretados, gorra negra, chaqueta de jean, juegan al fútbol o son superrudas. Aquello por parte de la comunidad heteronormativa. 

 

Dentro de la misma comunidad LGTBIQ+ también se ven supermarcadas las críticas y casos de discriminación. A mí me pasó cuando utilizaba las aplicaciones para citas, porque cuesta realmente conseguir pareja cuando eres gay, lesbiana, trans o lo que sea.  En esas apps por lo menos recibes algo de atención, pero, tienen su precio y es que se ve mucho eso de cómo los roles de género están muy encaminados a lo superficial y vuelve y juega la hegemonía masculina y femenina.  

 

Ser gay implica tener masculinidad. Ser una chica trans implica lucir como una mujer realmente estereotipada y así con todo. Me sabía encontrar comentarios diciéndome cómo debía lucir más masculino, utilizar menos ropa femenina o porqué tengo el pelo largo. Incluso una vez me quedé de encontrarme con alguien que estaba hablando por Tinder y cuando llegué al encuentro me lleve una terrible decepción.

 

 —Te ves como una niña, tienes el pelo largo— dijo seriamente y algo disgustado por mi apariencia.

—¿Existe algún problema?— le respondí.

—Yo quiero un novio, no una novia— devolvió la respuesta mirando mi cabello.

—Soy un chico— no quise explicarle lo que para mí significa no querer encajar en ningún rol de género, porque no valía la pena.

 

No dijo nada más del tema, pero lucía disgustado, algo inquieto y entiendo que para gustos los colores. Yo sabía que no le había agradado. Sin embargo, eso no le daba el derecho a decirme cosas feas por chat una semana después. No es que me haya afectado, pero, me disgusté por la manera en la que se dirigió a mí. Son cosas mínimas, cosas insignificantes para los demás que pasan de no valer nada a valer todo cuando te afectan directamente. Por ejemplo, una persona que tenga disforia de género, alguien que todavía no se encuentra, alguien que no reconozca quién es y lo valioso que es, puede ser dirigido a una depresión horrible por cosas así.

 

Es muy triste realmente que dentro de la comunidad tengas que también limitarte a ser, o sea eres como eres y punto. Yo soy ilegal en 70 países donde ser gay no está permitido y me vuelven a ilegalizar en una comunidad que fue creada por y para nosotros. ¡Carajo!, eso duele.

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