Matachada: de vuelta a las raíces

Matachada: de vuelta a las raíces

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Ilustrar y diseñar es la pasión de David Ñáñez Macías, o Matacho, el profesor más “parchado” de la Universidad del Cauca y del Colegio Mayor. Su trabajo, al que lo cataloga bajo el estilo de “Neoprecolombino”, se ha consolidado como su marca personal y ha sido expuesto en diversas partes del mundo

Por: Manuel Eduardo Sandoval Z.

Es la hora del almuerzo. El humo de las busetas se confunde con los primeros destellos de vapor que se escapan de las ollas llenas de sancocho. El estómago ruge. La gente sale de su trabajo y corre sin saber a dónde. Quizá, como perros hambrientos, se dejan guiar por el exquisito olor que invade cada rincón de la ciudad. Tal vez, caminan rápido porque dejaron la ropa en el tendedero y, aun cuando hace un sol incesante, hay que entrarla porque nadie conoce a Popayán, aunque todos la habiten. Es un caos el centro histórico.

 

Debajo del gigante amarillo, el gigante de negro, David Ñáñez. Se puede corroborar con tan solo verlo y después de hablarle, la afirmación de los estudiantes cuando a él se refieren: “El profe Matacho es muy parchado”, dicen, recordando buenos momentos junto a él. Se viste como si saliera a encontrarse con sus amigos para montar patineta. Va de gorra plana, lentes wayfarer, pantalones un tanto apretados, y zapatillas estilo skate.

Matacho, tan ligado a las culturas indígenas, heredó de ellas el alma del jaguar. O es un depredador que desde el desayuno piensa en la presa de pollo encebollado que le espera a la hora del almuerzo, o es un ser paciente que aguarda a la hora perfecta para saciar su apetito. La respuesta se encuentra cuando, después de desbloquear su celular, lo mira y son las 12:30 p.m., entonces, lo pone boca abajo sobre la mesa, pero la ansiedad le gana y vuelve a mirarlo, y son las 12:32 p.m. Sí, su tez morena se torna un poco blanquecina y su voz incrementa de velocidad a la vez que el afán por salir a almorzar. ¿A quién en su sano juicio se le ocurre hacer una entrevista a esa hora del día? 

 

“El origen de ‘Matacho’ es muy curioso. Fue también cuando estaba estudiando diseño gráfico, por allá en el 2.007 más o menos, y gracias a un profesor. A una de las entregas de diseño, junto a un compañero, llegamos con todo, menos con el nombre del grupo. El profesor nos dijo que le íbamos a salir con alguna “matachada”, y eso nos quedó sonando… hasta que le mostramos que el grupo se llamaba ‘Matacho’, y se cagó de risa. Con el tiempo, me pareció original, entonces me comencé a apropiar de él”, expresa, entre risas, David Ñañez.

De “profe” lleva ejerciendo 9 años; ilustrando y diseñando profesionalmente, de 13 a 15, y de vida, aproximadamente 40. Eso sí, desde pequeño tiene un hambre feroz. En el colegio, al son del punk, del rock, y del rap, rayaba lo que se encontraba. Las paredes y los pupitres murmuraban que un artista había nacido. Ñañez sin un lápiz, es: “Sinatra con Catarro, o Picasso sin colores, o un Ferrari sin gasolina”.

No fue hasta sexto o séptimo semestre que empezó a sentir que las cosas le estaban saliendo de maravilla. Sus trabajos se exponían en Hong Kong, aun siendo estudiante de la Universidad del Cauca. Según el diseñador, fue una experiencia muy bonita, porque desde temprano empezó a ver que tenía mucho potencial, y, además, fue lo que le dio pie a decir: “Esto tiene como futuro… le voy a seguir camellando”.

 

Para David Náñez – como para la mayoría de los artistas – fue un gran reto encontrar una identidad propia. Antes pensaba, y porque sus amigos se lo decían, que copiaba los altos contrastes de OBEY, o de Shepard Fairey. Estaba muy influenciado por las rotoscopias y el graffiti, hasta que encontró su sitio en el neoprecolombino. “Esta manera de ilustrar nace desde que me hice la pregunta: ¿Qué hubiera pasado si nunca nos hubieran colonizado? Efectivamente, todas las culturas indígenas que estaban antes de la colonia existirían y tendrían una nueva versión gráfica”, expresa Matacho. Así, con sus trabajos actuales, le apuesta a la recuperación de la cultura local y a sus raíces.

 

Se toma su tiempo para realizar sus patrones geométricos, caracterizados por un máximo de 3 o 4 colores. Es delicado y vectoriza de la manera más precisa posible. En el estampado de su buzo, uno de sus diseños, la cara de un demonio en formas tribales. Esta prenda hace parte de su nueva colección llamada “Me and the devil”. Es igualitico a él. Lo único que le falta a Matacho son los cachos de la ilustración, porque la barba – que si él fuera de estatura pequeña le llegaría al ombligo -, al principio ancha y al final en punta, está perfectamente diseñada. La colección antes mencionada es especial, ya que hace parte de una lucha contra sí mismo… de uno de esos tantos procesos catárticos de quienes se dedican a crear.

“Ahora estoy muy enfocado en mi marca de ropa. Llevaba un tiempo sin tocar el proyecto, pero ahora estoy en plan de eso. Pillando y trabajándole a los materiales, las formas, las prendas, que es lo que me divierte y lo que he tratado de sacar últimamente”, menciona el diseñador. Sus trabajos no solo viajaron hasta Hong Kong, pues gracias a su desempeño hicieron parte de diferentes exposiciones en Argentina, Chile, Ecuador, México, Estados Unidos, España, Alemania, Reino Unido y Francia.

 

Quienes le rodean, aseguran que cuando lleva a cabo su trabajo – tanto el de docente, como el de diseñador – es muy profesional. Y, sobre todas las cosas, es muy íntegro. Visto desde la cultura indígena Maya, sería un perfecto equilibrio entre Kinich Ahau (Señor de ojo solar) y Chaac (Deidad de la lluvia). “Cuando Matacho dicta clase, nos sentimos un “parcero” más de él por su jerga tan urbana… es paciente con nosotros y siempre busca la manera para hacernos entender las cosas complejas de la manera más fácil”, expresan sus estudiantes.

 

Desbloquea su celular, lo mira, y son las 12:40 p.m., entonces, lo guarda en su bolsillo mientras dice, un tanto risueño: “No, no quiero agregar nada, yo creo que ahí estamos más que bien”. Al “profe parchado”, le ganó el olor exquisito que invadía cada rincón de la ciudad hace poco menos de 12 minutos, pero le doy la razón, ¿a quién en su sano juicio se le ocurre hacer una entrevista a esa hora del día?

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