08 de Diciembre de 2018 

Mirar detrás de las cortinas de humo

En el Departamento del Cauca están las raíces de un hombre que busca en el periodismo las verdades escondidas por emporios que destiñen la tinta fresca de los ríos, atesoran una riqueza ajena “legal” y mecanizan todo para sus propios intereses. Perfil de Edinson Bolaños, mercadereño de nacimiento y periodista investigativo por vocación. 

Por: Paula Lara Rodríguez 

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En el entrenamiento de baloncesto, el profesor Edier me comenta sobre un amigo suyo que es comunicador social y que gracias a su desempeño profesional ha ganado varios premios de periodismo. Le pregunto por su nombre.

—Edinson Bolaños —contesta.

Mi mente empieza a repetir una y otra vez su apellido. Entonces se generan recuerdos con algunas imágenes de una caminata por la ciclo-ruta de Pomona en Popayán junto a un gran amigo, a quien apodan “el burro”, que muy seguramente Edinson recuerda.  Mi amigo me dijo que estábamos hablando de un gran ser humano, un excelente profesional y un “duro del buen periodismo investigativo”. Regreso al ambiente deportivo, parpadeo, paso saliva y digo: quiero entrevistarlo. El profe me sonríe diciendo que puede contactarlo. La clase continúa.

Pasan unos meses de aquella conversación. Suena el celular, es un mensaje de mi colega y amigo Anaya. Me envía un link de un perfil en Facebook junto a una corta frase que ahora no recuerdo con exactitud. Abro el link y, ¡vaya sorpresa!, ahí está Edinson Bolaños, sonriente, con los brazos cruzados, un saco gris con rayas negras y blancas en su foto de perfil. Llego a casa y no dudo en llamar al profe Edier. Al cabo de unos minutos me envía el número telefónico de Edinson diciéndome que él con mucho gusto atendería mi entrevista.

Seguir la senda del periodismo

A ciento treinta y nueve kilómetros de Popayán se encuentra Mercaderes Cauca, más conocida como la capital maicera de Colombia. Allí nació y creció Edinson Arley Bolaños Angulo, un hombre de tez morena, ojos pequeños y una arrolladora personalidad.

No he tenido la oportunidad de sentarme con él a charlar o compartir algún momento. Sólo lo conozco por fotografías, por su voz y rigor profesional. Se ha caracterizado por sus trabajos periodísticos realizados desde que estudiaba en la Universidad del Cauca, aquella que le dio las bases de su formación y le ha permitido alcanzar grandes escenarios.

“Durante los semestres hay cosas importantes para tener en cuenta como estudiantes. Primero se debe aprovechar al máximo el conocimiento que nos brinda la universidad, conocer la gente, a los profesores, construir confianzas y trazarse el camino como profesionales. Yo siempre he seguido mi senda del periodismo”, comenta Bolaños.

Su voz es tranquila, con un ritmo acelerado y pausado por momentos debido al cansancio que le provoca el trayecto hacia lugar de su trabajo.

—Dame un segundo, estoy entrando —dice—. Un segundo por favor.

Al fondo se escucha la voz de alguien y él lo saluda con un: “buen día”.

Es jueves, diez y veinticuatro de la mañana. Entra una llamada a mi celular. En el afán de conectarme a internet para hablar con Edinson, contesto con un poco de pena, debí llamarlo antes de que él lo hiciera. Me dice que está un tanto ocupado y tiene el tiempo para atenderme en ese preciso instante. Le digo que me espere mientras consigo una grabadora, realmente no estaba preparada para entablar tan esperada conversación.  Recostado en el marco de la puerta de la sala de edición está Héctor a quien le pido el favor de prestarme su teléfono celular. Muy amablemente busca el grabador de voz y me lo pasa.

Hace tres años Edinson vive en la ciudad de Bogotá. Tuvo que salir de su departamento por amenazas debido a la investigación que realizó en el Norte del Cauca, donde denuncia irregularidades en la explotación y comercialización de oro. Su trabajo fue reconocido por el rigor periodístico, por la exhaustiva investigación, por descubrir, en palabras de Edinson, “los que estaban detrás de esas máquinas”. Su inclinación por estos temas de minería, corrupción, conflicto y contaminación ambiental se despertaron en su formación de pregrado. Cuenta que en cuarto semestre trabajó en un proyecto dirigido por el profesor… Olvida el apellido y se lo recuerdo: “Lasso”. Se ríe y dice tener en su cabeza a muchos Giezzi.

La curiosidad por el periodismo investigativo se despierta con todas las fuerzas a partir de la publicación de varios artículos, el impulso y conocimiento que muchos de sus profesores le otorgaron.

Reconocimiento a la pasión investigativa

—Espera me organizo en el tiempo.

En el año 2010 ganó el premio Guillermo Cano en la categoría judicial organizado por el diario El Espectador, con el reportaje El último rastro de la masacre del Naya. “En el canal Caracol estaban dando a conocer este premio, entonces, siguiendo la escritura de Alfredo Molano Bravo, quise reconstruir el reportaje de la masacre del Naya del Norte del Cauca”, dice. El trabajo fue asesorado por el docente Juan Carlos Pino, quien con sus conocimientos aportó al aumento de la riqueza narrativa de Bolaños, generando la conquista de su propio estilo periodístico.

Luego, llega a sus manos el premio Gloria Valencia de Castaño – Amway 2012. “Hice una investigación en el Pacífico. Escribí una serie de tres reportajes publicados en El Espectador, que luego fueron galardonados”.

Desde su paso por la universidad venía trabajando como corresponsal de El Espectador y como editor en el periódico El Nuevo Liberal. Recuerda que, en este último, se dieron cuenta que dentro del medio había pobreza en el periodismo investigativo y empezó a trabajar este enfoque generando un fuerte impacto a nivel departamental.

—¿Qué más, Luchito?, dame una piñita —interrumpe.

Durante todo su recorrido, saludó, desayunó, sonrío, me escuchó, me habló. Aquí es donde puedo eliminar completamente el mito de que los hombres no pueden hacer tantas cosas al tiempo.

Retoma. Hace un flashback y rememora el Premio Césares otorgado por la Universidad de Manizales, el cual reconoció la producción audiovisual El Socavón, caminos de Cangagua, realizada por él y su compañero Alejandro Córdoba en el marco de una asignatura orientada en la universidad por el profesor Nelson Osorio.

En el 2015 obtiene el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar gracias a su trabajo investigativo El Antifaz de los Mineros Ilegales, publicado en el periódico El Nuevo Liberal y El Espectador. “Fue una investigación muy importante porque fue al detalle de cifras, personas, nombres… es un aporte a la sociedad, a la verdad”, expresa.

Junto a reconocidos periodistas condecorados en el 2016, como Alfredo Molano Bravo, estuvo la nueva sangre del periodismo caucano representada en un hombre sereno que sigue trabajando en pro de la verdad de un oficio “que recorre todas las sendas posibles de la conciencia humana, para entregarle a quienes nos leen y nos escuchan lo que se esconde detrás de muchas cortinas de humo”.

Ser unicaucano

Se siente orgulloso de ser egresado del Programa de Comunicación Social de la Universidad del Cauca. La Alma Mater significa mucho para él, porque lo empujó a conquistar sus sueños.

—La Universidad del Cauca me enseñó a hacer periodismo transparente —resalta—. En ella aprendí y conocí más a fondo mi tierra, soy agradecido de pertenecer a la provincia que ha sufrido tantas cosas, es un recuerdo muy valioso que lo llevo siempre conmigo.

Le pregunto por lo que más extraña de la universidad.

—Es una muy buena pregunta —contesta—. Extraño mucho las bibliotecas, los pasillos donde se conversan muchas cosas que sirven para la academia, y el verde de mi universidad, aquel espacio para estar y aprender.

No olvida a sus profesores porque fueron ellos quienes aportaron a su formación. Quizá, con la mirada perdida, rememora esos tiempos con nostalgia, aquellos que le enseñaron a hacer grandes cosas y le permitieron llegar a la cima en la que ahora se encuentra, sin olvidar su origen, su hospitalidad y corazón mercadereño.

—Pienso que quienes estudian y hayamos estudiado en la Universidad del Cauca debemos sentirnos orgullosos, no por vanidad, sino por el aprendizaje continuo que nos da ella, para seguir siendo buenas personas y excelentes profesionales —expresa.

Para él, es importante devolverse en el tiempo, mirar las semillas que se cultivaron como proyecto de vida, repasarlo y seguir adaptándolo en cada recorrido, en cada paso, en cada mundo al que vayamos, sin perder la esencia de lo que somos.