La danza folclórica y su papel en la preservación de memoria cultural en el Cauca

La danza folclórica y su papel en la preservación de la memoria cultural en el Cauca

Felipe Chaves, director durante 40 años de la Fundación Cultural Aires de Pubenza, ha fortalecido la danza folclórica caucana, preservando la memoria cultural e histórica a través de la enseñanza y creación artística, con un enfoque en la comunidad y la identidad colombiana.

Escrito por: Sandra Milena Orozco León

 

El lugar está completamente vacío y la luz entra a raudales desde el techo. Son las diez de la mañana y al ingresar el espacio se siente casi sagrado, debido a la cantidad de trofeos, premios y cuadros colocados por encima de los espejos inmensos que hay en las paredes. Estos espejos han visto a cientos de vidas pasar y crecer, les ha permitido verse, entenderse y sentirse parte de algo más grande, todo a partir del movimiento, la música, la danza. Este lugar es la Fundación Cultural Aires de Pubenza, que para este 2024, está cumpliendo 50 años de vida artística. 

 

Quien lleva la dirección de la fundación desde hace 40 años es Luis Felipe Chaves Martínez:  músico, coreógrafo e investigador del folclore colombiano. Felipe tiene el cabello negro, bigote, gafas y una sonrisa amable en la cara; su voz es profunda y al hablar, sus manos están en constante movimiento. 

 

Felipe está sentado detrás de su escritorio y su oficina está atiborrada de premios, regalos, cuadros, vestuarios y pinturas. Es un museo vivo donde se guardan los recuerdos de 50 años de trabajo arduo con comunidades, niños, jóvenes, hombres y mujeres que buscan sacar lo que tienen dentro, llenarse de aprendizajes y crecer. 

 

—La danza es una de las manifestaciones más antiguas que se conoce del ser humano, donde se expresa sentimientos, agradecimientos. A la tierra, a la naturaleza, se hacen homenajes;  tributos a la vida, a la cotidianidad, al trabajo y es una manifestación que nos va a decir cuál es el entorno en el que nos movemos, ya sea religioso, carnavalesco, laboral, fiestero, y eso ayuda a profundizar en nuestra vivencia y en la cultura. La danza siempre lleva un mensaje, aquí en la fundación, hemos fortalecido lo que es la danza folclórica, porque nos lleva a conocer las formas de existencia, nuestro país, tener nuestra identidad y fortalecerla—dice Luis Chaves mirando los vestuarios coloridos en la vitrina frente a su escritorio.

 

En un artículo publicado en 2012 en la Revista La Tadeo, llamado: “Hacer historia de la danza en Colombia”, escrito por Juliana Atuesta, bailarina, historiadora y maestra en coreografía, se asegura que “la literatura, las artes plásticas, la escultura e incluso el teatro, son prácticas que dejan registro directo y material de su existencia. Para hacer historia de la pintura tenemos la posibilidad de recurrir directamente a la obra; de la literatura, al texto; de la escultura, al objeto y del teatro al guión. En el caso de la danza, no tenemos registro directo que de fe de su existencia, no podemos volver a la kinestesia de los cuerpos de lo bailado y tampoco vivir su eventualidad de nuevo. Pero, no por ello, podemos invalidar ni anular las posibilidades de recuperar su memoria”. 

 

—En la parte escrita es donde no se ha dejado plasmada la memoria cultural desde la danza, porque nuestros ancestros no tenían esa oportunidad de acceder a medios o educación para dejar constancia de las danzas en algún documento, por eso desde la oralidad el saber va pasando de generación en generación y actualmente las generaciones no tienen la intención de saber qué pasaba antes, no había una comunicación cercana con los padres, esa fue la diferencia en la familia Chaves, porque venimos conectados con nuestros ancestros y el saber se ha ido preservando — comenta Chaves enfatizando con sus manos en su escritorio. 

 

Genera un contraste interesante el que la Fundación Cultural Aires de Pubenza se note vacía y casi sagrada cuando una persona entra sola al lugar. Que se sienta esa quietud y el silencio sea ruidoso, aunque todo lo que en ese espacio nace no es estático, porque no se queda en el pasado, ni se paraliza en el presente, la danza y la música que allí se enseña, se preserva y se crea, la dirige el cauce del tiempo, es un momento efímero que de algún modo se mantiene en el imaginario colectivo, es una nota que sigue sonando en sostenido.

 

Pero, ¿quiénes son los que mantienen esa nota sonando? ¿Quiénes le dan vida a la vida? Según Atuesta, “es necesario recurrir a otro tipo de rastros como son las voces de los que bailan, de los que bailaron y de los que, por décadas, se han dedicado a pensar la danza en voz alta”. Una de esas voces es precisamente Felipe Chaves, que comenta que llegar a las comunidades es lo que le parece importante, porque ahí están los portadores. Chaves, cerrando los ojos y la palma de su mano dice: 

 

 —Lástima que algunos han muerto o perdido sus facultades, por esa razón se recurre a las familias, pero el problema es que no hubo comunicación. 

 

De repente, una flauta rompe el silencio de la estancia, un tambor se une al compás, una pieza musical inicia y llega la gente a la Fundación Cultural Aires de Pubenza. Jóvenes, niños y viejos, hombres y mujeres se saludan, se congregan a tocar y a danzar. El lugar cobra vida. Se oye la voz del profesor Felipe dando la orientación, siendo cercano, porque según él, para que la gente se enamore de la música, la danza y el arte, la fundación debe ser una familia, una segunda casa para sus estudiantes.

 

Y exactamente eso es la fundación para Korina Andrea Molina Zapata, vinculada a la Fundación Aires de Pubenza desde que tenía 13 años. Korina tiene el cabello negro, piel blanca y un brillo en los ojos por la pasión que siente por la danza. Ella menciona que pueden pasar muchos escenarios, shows y años, pero ese éxtasis y felicidad que le genera la danza espera que nunca se le quite, porque eso es lo que la mueve como danzante. 

Luis Felipe Chaves Martínez, director de la Fundación Cultural Aires de Pubenza, en su oficina

Foto: Sandra Orozco

—Mi experiencia con la Fundación Cultural Aires de Pubenza, desde la creación y preservación de la memoria cultural, ha sido una experiencia muy agradable, porque hemos tenido la oportunidad de visitar territorios. Uno que me marcó mucho, fue una visita al Patía, inicialmente lo hicimos con apoyo de la Universidad del Cauca. Era un trabajo de investigación para conocer el Bambuco Patiano, el significado de los violines y la música tradicional de la parte afro del departamento del Cauca —dice Korina recordando la experiencia. 

 

Cuando una persona nueva entra a Aires de Pubenza siempre hay una buena acogida: un abrazo, una sonrisa, unas palabras de ánimo para ese camino que se comienza a transitar. Korina inició de cero. Desde los primeros movimientos corporales que existen, y así como a ella, a muchas niñas y niños Aires de Pubenza les brindó el espacio y el saber. Que al final lo convirtieron en suyo, lo abrazaron, así como al territorio.

 

—Otro recuerdo que tengo muy presente y que siempre guardé en mi corazón, fue cuando tuvimos la oportunidad, en el 2018, de conocer Europa y para llevar nuestra identidad danzaria, llevar lo que nos identificaba como el suroccidente de Colombia. Ese pedacito del valle de Pubenza; danzas del Cauca, danzas de Nariño, danzas indígenas que a la gente le llamó mucho la atención, entonces eso te permite conocer y apropiarse del territorio, también entenderse y conocerse a uno mismo como parte importante de ese territorio que le aporta al hecho folclórico —cuenta Korina con una sonrisa. 

 

En la fundación, las flautas dejan de tocar, los tambores detienen su ritmo y los suspiros de los danzantes llenan la estancia. El sudor recorre la piel, el cuerpo se siente cansado, pero en las mentes de los danzantes de la Fundación Cultural Aires de Pubenza hay paz, hay tranquilidad. 

 

—Debemos motivarnos a que la danza tradicional folclórica no desaparezca, también tratar de que ocurran los espacios y muchos más para poder compartir esos saberes que también tienen los abuelos, que tienen grandes maestros, que tienen gente del territorio y los sabedores —agrega Korina para finalizar.

 

—Nosotros, Aires de Pubenza, tenemos el orgullo de haberle dicho al SENA que en medio de su proceso de certificación debería certificarse y reconocerse a los portadores de saber empíricos de danza, de teatro, música, porque ellos no tuvieron la oportunidad de ir a una universidad, y aun así, su saber vale, porque así yo pase por miles de universidades aprendiendo a tocar marimba, no la voy a tocar como el portador de Guapi y es necesario reconocer al artista y al arte como ejercicio de creación y preservación de memoria cultural e histórica —enfatiza Chaves mientras en su cara aparece una sonrisa y una calidez inunda sus ojos. 

 

Korina dice que la danza es la anestesia a las preocupaciones y a la tristeza, es un refugio sagrado. Los danzantes se arreglan, dicen hasta luego a ese instante efímero de éxtasis y felicidad que vivieron. No se despiden. No dicen adiós. Porque volverán. Volverán para danzar, volverán a vivir, a construir, crear y preservar la memoria cultural e histórica desde el movimiento. 




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