26 de julio de 2020

Límites de natura y poder

El día que exista una vacuna contra el virus que afecta hoy la humanidad, habrá quienes pretendan monopolizarla y convertirla en mercancía. Frente a los excesos, la naturaleza ha generado una especie de autorregulación darwinista, pero eso no es obstáculo para los adalides del capitalismo que ya vislumbran nuevas depredaciones para aumentar sus ganancias.

Por: Guillermo Pérez La Rotta

Ilustración tomada de Pinterest

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Sólo el covid pudo detener a la humanidad. Eso nos recuerda condiciones que la naturaleza definió en el curso del ascenso del homo sapiens, como las glaciaciones o la extinción de los dinosaurios. El azar, junto con las leyes naturales, es responsable de que estemos aquí. Al seno de la globalización el virus entró para aparejarse a ella y detenerla por un tiempo, para esparcir la enfermedad rápidamente por el globo, como caballo de Troya. Entonces surgen reflexiones y emprendimientos humanos hacia el futuro. Pero sobre eso soy pesimista. El sistema económico global y la política, se reinventarán, pero no cambiarán las grandes desigualdades al interior de las sociedades o en el orden mundial. Al contrario, se intensificarán. Empezando porque los países poderosos tecnológicamente ya quieren monopolizar la vacuna. En eso consiste su humanismo: la vacuna es una gran mercancía.

Se acentuará entonces la dramática búsqueda del sustento, por parte de los empresarios de diversos sectores (hoteleros, culturales, restaurantes, artistas, etc.) y de los más pobres del planeta, sin pensar si con ello respetan o no a la naturaleza. Y las élites corruptas, como hoy ocurre en Brasil, aprovechan para intervenir con más fuerza la Amazonia y de paso afectar mortalmente a los indígenas que viven allí; esas élites utilizan el caos para crear normas flexibles desde el congreso, en miras a ese objetivo. Mientras tanto, en Colombia ocurre algo semejante, desde las acciones legales e ilegales que siguen exterminando el bosque amazónico. Los más poderosos no pierden nada con la pandemia, seguirán comprando empresas quebradas y haciendo grandes negocios en las bolsas mundiales. 

Todo esto tiene relación con el hecho de que la civilización global capitalista, está muy lejos de agenciar un cambio del paradigma sobre la explotación de la naturaleza, a pesar de todas las normas y movimientos en pro de eso. Luego del relativo control del covid el capitalismo emprenderá una empresa aún más depredadora para recuperar ganancias. En Colombia, Duque dio lugar al fortalecimiento de las ganancias de los bancos. Pudiendo actuar con responsabilidad desde una visión común de lo público, prefirió dar regalos y prebendas a los bancos, y a las intermediaciones financieras sobre el dinero requerido frente a la pandemia, que circula con trabas burocráticas. Claro, ellos lo eligieron, junto con los amigos del Neñe. El sector de la salud vuelve a demostrar sus debilidades, es un negocio que se lucra con un valor que debería ser sagrado: la vida y la salud humana. Duque reactiva la economía en lugar de proteger la vida, y esto demuestra la validez de mi criterio: en unos meses, no va a cambiar nada.  

Lo grave, es que a pesar de su desprestigio, la extrema derecha colombiana se prepara con todas las formas de lucha (uso indebido del estado, espionaje, ayuda económica de narcos, fascismo, militarismo, bodegas y mentiras) para permanecer en el poder a cualquier precio. Ya lo dijo Uribe: “No vamos a permitir que suba al poder la izquierda”.

Y si las políticas alternativas por la paz y por las reformas necesarias para la sociedad colombiana, no se alinean en un frente común, muy seguramente esa oligarquía se saldrá otra vez con la suya. Esto les recuerdo a los líderes del centro y de la izquierda colombiana. Finalmente, frente a la crisis, tomo algunas enseñanzas. Soy solidario con el dolor y el sufrimiento por los muertos humanos. Pero además, me queda el respeto, otra vez, por la naturaleza. Bajo cierta mira, quizás ella misma generó una especie de autorregulación darwinista con ese virus, frente a esta civilización desmedida. A la luz de las culturas ancestrales indígenas, podemos hacer rituales y acciones para cambiar algunas costumbres: dejar el intenso consumismo, no comprar mercancía superflua, no salir por las calles a contaminar con el auto, valorar lazos sociales amorosos y fraternos, y apreciar la casa donde se medita y se trabaja a distancia. Millones de semejantes no tienen ese privilegio. Me queda una imagen grata del silencio y la soledad de las urbes, y de los espacios de reflexión, en medio de esas ciudades en las que, por un tiempo, respiramos un aire más puro.