24 de mayo 2020

Cine de terror: un placer paradójico

Las historias de miedo juegan con la psique del espectador, con su subconsciente. Se mueven en el territorio de la curiosidad y el miedo por lo desconocido. En tiempos de pandemia, también se extraña ver historias en la pantalla grande.

Por: Christian Camilo Martínez Rodríguez

 

Cine_de_terror_un_placer_paradójico_1.jpg

 

La pantalla es consumida por la oscuridad. En sus asientos, el público está estático. Los cuerpos se tensan, la piel se eriza, las respiraciones se aceleran y los gritos empiezan a recorrer cada rincón de la sala. Unos salen temerosos de la noche esperando conciliar el sueño y otros con la adrenalina al máximo a la espera de que surja otra película que les genere la misma sensación. 

Y es que el terror, como género, ha estado presente en la historia del cine desde sus inicios.  “Las películas de terror surgen con el mismo cine, de manera casi accidental por el desconocimiento de este medio”, explica el guionista y realizador audiovisual Oscar Eduardo Potes. “Las primeras experiencias narrativas en torno al terror están vinculadas al expresionismo alemán, al miedo a la guerra”.

Los creadores de este género toman desde los miedos más básicos a los más profundos para brindar una película que mantenga al público con el corazón en la mano. Que esa sensación de angustia los domine hasta que se sientan impotentes frente a la gran pantalla. Son historias oscuras, enigmáticas y a veces grotescas. Se consume como cualquier otro género de cine. Pero, si son tan retorcidas, ¿por qué existen personas que disfrutan verlas?

 

Curiosidad y sueño

Los individuos están en el límite de lo que conocen y frente a ellos se encuentra lo desconocido. No importa la edad, en algún momento sucumbirán ante la curiosidad humana y darán el paso para explorar este nuevo territorio. “Los seres humanos siempre queremos conocer el lado oscuro de lo que vivimos sin importar el medio y las consecuencias”, afirma Potes. “Desde pequeños, frente a la fogata de nuestras abuelas nos asustaban con historias de terror y nos encantaba”.

El cine de terror se mueve constantemente en ese territorio de lo enigmático. Con sus títulos, premisas y/o posters alimentan la curiosidad y el “morbo” del público por ver aquellos temas que no pueden experimentar directamente y que están estrechamente vinculados a sus miedos, con la garantía de que no generan daño al ser un escenario ficticio y recreado.

“El cine es lo más parecido a soñar, cuando uno se duerme se entrega a lo desconocido” dice el estudiante de comunicación social Andrés Naranjo. “En el cine, cuando las luces se apagan, uno se olvida del cuerpo y se entrega a la pantalla”.

El cine, así como los libros, juegos, música, entre otros, es un medio que las personas consumen con frecuencia y en el que pueden sumergirse con facilidad. Un escenario recreado, un entorno seguro en el que pueden presenciar de manera directa las peores experiencias que se pueden imaginar. “Uno sabe que no le pasará nada, sin embargo la historia sí le va a quedar a uno en la memoria”, señala Daniela Victoria Medina, también estudiante de Comunicación Social. 

Dichas experiencias, al ser ajenas al público que las observa, porque no les está sucediendo en ese momento a ellos, se ve como entretenimiento y no pasan de ser un susto momentáneo y una “adrenalina segura” que algunas personas querrán repetir.

 

Cine_de_terror_un_placer_paradójico_2.jpeg

 

¿Mala costumbre?

Para algunas personas, ver películas de terror no es algo fácil. Pero existen aquellos que consumen este género frecuentemente no por carecer del factor miedo, sino por el fuerte estimulo que les genera.

“Hay personas que buscan escenarios que les provoque emociones fuertes motivados por la adrenalina que, fisiológica y mentalmente, les produce placer”, explica la psicóloga Paola Andrea Muñoz. “Se empeñan en revivir esas sensaciones sin importar el contexto”. Así, ellas se acostumbran al terror. Las películas de este género se convierten en un simple estímulo más de su día a día.

Por otro lado, están los que su costumbre por el cine de terror está vinculado a un aspecto más social, cultural y crítico. “Miro este tipo de películas por influencia de mis padres”, dice Joaquín Castro. “En la actualidad, no las consumo como un espectador más. Llego a las salas con un ojo más crítico, para saber si las puedo recomendar o no a mis amigos y familia”.

 

Una sociedad de terror

Frente a la puerta, con boleto en mano, el joven duda de su decisión y no sabe si dar el siguiente paso. Una mano en su espalda le da un empujón para ingresar a la oscura sala, acompañado de la pregunta “¿tienes miedo?”. Una situación que se ve en el entorno de algunos grupos sociales para influir a una persona a realizar algo con lo que no se siente a gusto o no es de su agrado. “La primera película de terror la vi obligado por mis amigos, como una prueba de valor. No era de mi agrado, pero no quería estar en malos términos con ellos”, cuenta el estudiante John Paul García.

“Una película de terror, por sí sola, no puede generar un efecto tan grande en una persona. Sin embargo, en ocasiones, la constante exposición forzada a este medio puede generar efectos negativos o positivos”, explica la psicóloga María Virginia Patiño. Como cualquier otro entretenimiento, el cine no está exento de ser marcado con un lado negativo, siendo el género de terror de lo más mencionados en este aspecto.

Este género puede afectar mental y físicamente a las personas de manera casi imperceptible. “Las películas son capaces de transmitir ideas a través de la emoción y de neutralizar el instinto de reprimir sentimientos y desencadenar la liberación emocional, es decir, pueden abrir puertas que permanecen cerradas”, indica la psicóloga Ana Michel Magritte.

En aspectos básicos, los efectos se centran en la aparición de una pasión o un nuevo pasatiempo, o un repudio total por este género. Pero si se tiene en cuenta detalles del público, como su contexto y/o características físicas o mentales, es posible enumerar aspectos negativos en relación a la exposición del cine de terror.

En el ámbito físico, al provocar un aumento en la presión arterial, puede generar un constante dolor en el pecho, junto a problemas coronarios en personas con antecedentes cardíacos. En el ámbito psicológico, se presentan muchas más dificultades debido a múltiples enfermedades mentales que se relacionan con el terror. Las más comunes son la ansiedad, que fácilmente se puede transformar en una fobia centrada en los objetos, animales o situaciones que se especifican en la película, alterando su desempeño en la sociedad. O el insomnio, observado con frecuencia en los niños y jóvenes, que tienen una duración indefinida y pueden desencadenar en pesadillas y/o estrés postraumáticos, impidiendo que los afectados puedan dibujar una línea que divida la realidad de la ficción.

“Una persona con disociación de la realidad, puede sentir que la película es real, adoptar características de un personaje e intentar encarnarlo”, manifiesta Ana Magritte. “Esto se ve reflejado más cuando el contexto de la película tiene una mayor cercanía a un contexto real”.

 

Cine_de_terror_un_placer_paradójico_4.jpg

 

Más cercano a…

¿Lo real o lo paranormal? Atraer al público es una labor compleja. El terror, como los demás géneros del cine, tiene un público concreto. Es necesario tener en cuenta muchos aspectos como la narración o la música, pero principalmente sus historias deben conectarse con la psique, el subconsciente del espectador, que está anclado a las experiencias vividas y por vivir.  “Sea una historia de fantasmas o de un asesino serial, el atractivo de este género está en que puede ser posible, posible que yo lo viva”, explica Oscar Eduardo Potes. “Si lo veo muy distante y ajeno a mí, no habrá tanta conexión”. 

Pero, al final, no hay una formula específica a la hora de realizar una película de terror. “Esa complejidad, al no tener una base con qué trabajar, les brinda a los creadores  del género una libertad para plasmar sus ideas, elaborar una cinta que rompa con los estereotipos y llegue a la cúspide del terror”, dice la estudiante de comunicación social Paola Andrea Muelas.

El deleite que hay por el miedo, por presenciar el terror, es un enigma que se sigue estudiando en la actualidad. Es un “gusto culposo” que cada vez más personas van experimentando y aceptando, pero al mismo tiempo seguirá siendo criticado. Sin embargo, ante todo, el miedo siempre hará parte de la sociedad pues las personas están estrechamente ligadas a él. Como dice el director de cine Woody Allen: “El miedo es mi compañero más fiel, jamás me ha engañado para irse con otro”.