26 de abril de 2020

Luces y sombras sobre los videojuegos

No solo en la presente coyuntura de aislamiento, algunos padres de familia se preocupan por la dependencia de sus hijos a los videojuegos. Los jugadores afirman que la gente critica por desconocimiento del tema. Para llegar a una nueva mirada en torno a este tema, debe haber más educación y una visión no estigmatizante desde los medios de comunicación.

Por: Elvis Yamid Parra Sánchez

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En estos momentos se encuentra mirando la pantalla fijamente. Oprime con rapidez las teclas, los botones del control o la pantalla táctil del celular. El sonido que sale de los auriculares e impactan directamente en sus tímpanos lo ayudan a desconectarse del mundo, a estar de lleno en el juego. Su madre lo llama para que la ayude en algo, pero él no hace caso. No se sabe si es porque no la escucha o si la ignora para evitar distraerse. De vez en cuando pronuncia entre murmullos palabras que solo él entiende. Palabras de otro mundo.

Para algunos expertos estadounidenses, el comportamiento descrito anteriormente es el modus operandi de una persona que causará desastre tales como las masacres ocurridas en El Paso, Texas, y Dayton, Ohio. “Debemos detener la glorificación de la violencia en nuestra sociedad. Esto incluye a los videojuegos horripilantes y espantosos que ahora son comunes. Hoy es demasiado fácil para los jóvenes con problemas rodearse de una cultura que celebra la violencia”, dijo el presidente Donald Trump cuando se le preguntó sobre las posibles causas de estos incidentes.

Algunos medios de comunicación hacen ver que este comportamiento es un indicio de una desintegración de la vida diaria del jugador. “La obsesión de mi hermano por los videojuegos lo llevó a la muerte”, dice un titular de El Tiempo, del pasado mes de febrero. Frases como esta suelen aterrorizar a los padres y crear un imaginario de que los videojuegos afectan de manera negativa a sus hijos.

Pero, ¿en verdad los padres se preocupan por los contenidos que contienen los videojuegos que consumen sus hijos?

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La verdadera preocupación

“Uno debe tener la autoridad. Quitarle el celular y ya no dejarse manipular más. Una vez le quitamos el celular y parecía que se iba a morir, pateaba, se revolcaba y le di un juetazo, y ya”, dice la señora María Elena Velázquez sobre el comportamiento de su nieto Miguel. Resalta que él imita los comportamientos y las palabras de los personajes que ve en los juegos: “Repite a veces las palabras fuertes que aparecen ahí... todo lo que ve en el videojuego lo repite”. Dice también que estaba segura de que su nieto era un adicto a los videojuegos, pero que no era algo tan serio como para preocuparse: “A la hora que mira esos videojuegos, se concentra, no come, no quiere dormir. Pero casi su niñez es la misma porque le gusta salir en cicla, jugar con los amigos, salir al parque y cosas así. Está a tiempo para corregirlo”.

Orlando Antonio Caicedo Paz afirma que los videojuegos no tienen la culpa de que se pueda generar un comportamiento violento en su hijo Santiago, el problema es que no hay una verdadera regulación del estado sobre cómo manejar esos medios: “Yo parto de que ninguna de las cosas es ni buena ni mala. El problema es qué se hace con eso. Lastimosamente en Colombia no hay una orientación clara por parte del estado para mediar la cuestión de los videojuegos. La culpa no es de uno porque a uno le llegó y ni sabía cómo es eso, los niños manejan eso, pero ya es culpa del estado, que no coloca sus reglas, no verifica el contenido de estas cuestiones”.

También recalca que la psicología ha privado a los padres de corregir a sus hijos de una manera adecuada. “Nosotros tenemos la culpa como papás, pero lastimosamente ahora la psicología hace que el papá no tome las cartas que deben ser. Antes nosotros nos criamos a garrote y no estamos traumatizados, pero los psicólogos se tiraron todo este cuento. Entre castigar con amor y castigar con rabia hay diferencia”, dice.

Según el psicólogo Luis Alberto Tapia Acosta, “el videojuego es una dependencia que ha tomado el individuo. Si uno lo toma desde este punto, los jugadores son más dependientes por falta de comunicación y orientación de los padres”. Por esta falta de comunicación, muchos jugadores no saben distinguir la realidad del mundo de la realidad del videojuego. “Ese pensamiento es porque los muchachos se han metido tanto en este mundo hoy en día que la vida la están tomando como un juego. Entonces creen que la forma de actuar la están llevando a la misma forma de jugar. La forma de jugar la están tomando como forma de vida y creen que están actuando de igual manera con la sociedad”.

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¿Cómo se defienden los jugadores?

Algunos jugadores dicen que sus padres y otras personas los regañan por el simple hecho de jugar videojuegos. “Muchas veces dicen que no sirven para nada. Que los videojuegos solo desconcentran a una persona. Que lo sacan del buen camino del estudio y uno termina siendo alguien inferior. Esto me lo han dicho mis papás, mucha gente en la escuela, algunos adultos. Los medios también lo dicen”, afirma Erick Farith Parra Sánchez, jugador frecuente de 22 años. También a Alex Sebastián Collazos lo criticaban por desentendimiento: “Decían que era un vicio más que nada, que no entendían por qué lo hacía o por qué me gustaba”.

Estos jugadores tienen una posición unánime sobre porqué las personas suelen decir que los videojuegos vuelven violentos a los jóvenes. “Más que todo es desconocimiento, porque la gente mayor es de una cultura donde no había eso. Piensan que por el simplemente hecho de dejar de estudiar uno va a ser un vago, un bueno para nada. Tachan cualquiera cosa que ellos consideren peligrosa o desconocida”, afirma Erick Farith. “Son costumbres, ellos no están acostumbrados a este tipo de siglo ni a la nueva tecnología que son los juegos y lo que nos atrae a nosotros”, complementa Alexis Sebastián.

Según Andrés Felipe Tobar Ramírez, desarrollador de videojuegos y egresado del programa de Diseño Gráfico de la Universidad del Cauca, la gente suele culpar a los videojuegos de la violencia de los jóvenes por desconocimiento del tema: “Nosotros venimos de una tradición católica: vivimos en una dualidad, entre el bien y el mal. Esa dualidad sigue presente en los juzgamientos culturales. Siempre se va a buscar lo malo y lo bueno. El estado es lo bueno y lo que está por fuera del control del estado y las instituciones, como los videojuegos, las producciones culturales, las manifestaciones artísticas y la creación, es el chivo expiatorio”.

Ángel Eduardo Jaramillo explica preocupado la realidad que viven muchos de los aficionados a los videojuegos: “He notado que mucha gente les echa la culpa a los videojuegos porque ha habido problemas de que los niños son agresivos. Pero la agresividad no viene por un videojuego sino, creo yo, por la educación que nos da un padre y una madre. De ahí es que parte todo ese tipo de violencia. No puede haber un niño violento viniendo de una familia bonita. Los niños obviamente se crían violentos cuando vienen de una familia violenta”. Este jugador de 20 años tiene clara la importancia del contexto del jugador en estas circunstancias. Como dice el psicólogo Alberto Tapia: “La culpa la tienen los adultos, el entorno familiar que los rodea y la forma de orientación y comunicación. Son buenos los videojuegos como una diversión, no como una adicción”.

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Cambiar la mirada

“Para que haya un cambio se necesita, primero que todo, un cambio generacional, porque hay que ser consciente de que el tiempo de los contenidos digitales cambia. No es lo mismo un chico del año 2010 que va a conocer todo el mundo digital a una persona de los años 60 que desconoce el uso de las plataformas y tecnologías. Eso se va a dar a través del cambio de generación y también se van a dar los cambios a partir de la educación digital”, dice el diseñador Andrés Tobar sobre cómo generar un cambio de perspectiva de la gente hacia los videojuegos.

La gente debe conocer el uso que se está haciendo de los videojuegos en otros países, como es el caso del curso Serious Games For Health, que permite a los profesionales de la salud y la tecnología que se unan para aprender de los beneficios que pueden traer los videojuegos. Para que la población del común se acerque a estas iniciativas es necesario una verdadera educación digital y un apoyo al periodismo especializado en videojuegos. Solo así la sociedad podrá tener una nueva perspectiva sobre este mundo por el que se tiene aún muchos prejuicios.