23 de febrero de 2020

Opinión

Luchar desde los lugares ciudadanos

La pesadilla en que se ha convertido la realidad colombiana se repite como en una película de terror. Sigue el asesinato de líderes, las chuzadas, el glifosato, la mermelada, los regalos a los poderosos, la gran minería, la permisividad ante los corruptos... La gente busca alternativas en la calle, el periodismo independiente y las redes sociales.

Por : Guillermo Pérez La Rotta

Ilustración tomada de Pacifista

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El melodrama de Aida Merlano no va a tener grandes consecuencias. A lo sumo el señor Char no será presidente del congreso. El nuevo fiscal amigo de Duque no va a mover un dedo para que la señora Merlano declare ante jueces colombianos, bajo el pretexto de que es una delincuente prófuga y que Venezuela es una dictadura. Que además lo es. Pero en todo caso, muchos ciudadanos confirmamos con este escándalo, lo que se sabía de antaño: que los caciques y familias regionales definen en gran medida el juego corrupto del poder en Colombia. Merlano es una simple peona caída en desgracia y, como siempre, los de arriba seguirán haciendo sus negocios privados con el dinero público. Para mí es claro que la presidencia de Duque ostenta detrás de su dudosa honorabilidad algún porcentaje de venta de votos y apoyo sucio a su campaña. Y como consecuencia de este apoyo obtenido, naturalmente que el presidente está pagando favores bajo la pantalla de la equidad.

La reforma tributaria primera, que se cayó, y la segunda, que dio algunos beneficios a los pobres –devolución del IVA, ya programada en la primera, o tres días sin IVA, entre otros–, ofreció esas concesiones surgidas en medio de las protestas sociales de fines de 2019. Contra viento y marea, y con el aval de un congreso de dudosa moral –no todos, hay que reconocerlo–, le dieron aprobación al regalo de Duque a los grandes empresarios para devolverles lo que por diversos caminos invirtieron en su elección presidencial. Gobierno corporativo.

Y ahora sí, luego de un pacto por debajo de la mesa, el señor Vargas Lleras respaldó esta reforma laboral, avizorando la colaboración con el gobierno en el año 2020. No importa que esté demostrado por autoridades de la disciplina económica, que esos regalos en nada ayudan a crear empleo, como ya ocurrió con el gobierno de Uribe, luego de sus exenciones tributarias. Y entonces ahora el ministro Carrasquilla sale a decir nuevamente que en Colombia hay que tributar más, sobre todo las clases medias, con una idea marrullera sobre la democracia. Y que faltará mucha plata para financiar al Estado en un futuro cercano. Cinismo ostenta este señor, luego de haber tramado el regalo a los grandes. ¿Porque no busca la manera de recuperar parte del dinero que ricos y ladrones se llevan para los paraísos fiscales? Pero es que el señor Carrasquilla tiene rabo de paja en ese sentido. Recuerden los bonos de agua. Hubo un debate y no pasó nada.

Este gobierno, lo es en beneficio de la Sac, Fedegán, Fenalco, Anif, los grandes terratenientes, la gran minería, y corruptos de cuello blanco como Néstor Humberto Martínez, a quien el distinguido periodista Gonzalo Guillén denunció, bajo una seria investigación, por guardar dinero en el paraíso fiscal de Panamá. Pero respecto a eso no pasará nada, ni en relación con los peces gordos que estuvieron en la trama de Odebrecht. Ni en las investigaciones contra Char.

Por esto, y otros motivos, muchos ciudadanos están indignados y han salido a las calles desde noviembre 21. Y entonces, el paro que continúa –y que Duque está tratando de desmembrar con el pretexto hábil del diálogo nacional– es una alternativa, por lo menos para que en la calle, los ciudadanos sigamos reclamando indignados frente a la corrupción de la clase política colombiana. Y nuestra indignación resulta también de la inveterada ausencia de justicia. Se dice que preparan una reforma en este sentido, junto con Cambio Radical, pero ¿qué credibilidad moral tiene ese partido?  Para mí, ninguna. Y veremos qué pasa con otros políticos –liberales, y de la U–, si sucumben ante la mermelada que está repartiendo Duque dizque para poder gobernar.

Y mientras tanto, la muerte se enseñorea en Colombia. ¿Para qué han servido los soldados que Duque envió al Cauca? ¿Han detenido el asesinato sistemático de líderes e indígenas en el oscuro mes de enero?  ¿Sirvió para algo que el presidente haya enviado a su comisionado por trabajar con los indígenas? Y luego de la elección de un fiscal sobre el cual tenemos dudas, ¿abrirá este señor una investigación efectiva sobre las chuzadas que el ejército hacía y que la Revista Semana destapó a inicios de este año? No lo creo. ¿A qué personaje del CD le entregaban sus informes lo militares? Ojalá que las denuncias de Roy ante la CIDH prosperen. Otra vez chuzadas, otra vez campañas de desprestigio contra distinguidos periodistas desde las “bodegas” uribistas, otra vez glifosato, otra vez beneficios para Fedegán. Y nuevamente, el fracking que se acerca como realidad, y una limitada protección de los bosques, o un ministro autorizando cortar aletas de tiburones. Nuevamente, bajo el manto hipócrita del poder, el señor Darío Acevedo con sus torpes ambigüedades sobre si hubo o no un conflicto armado en los últimos sesenta años.

Todo esto es una pesadilla que se repite, como en las películas del más siniestro terror, y el guión lo aporta el CD y el senador Uribe, como antaño. La alternativa es seguir luchando desde nuestros lugares ciudadanos, y apoyando al periodismo independiente, pues ya no es tan fácil arrinconar al ciudadano. Para eso también están las redes sociales. Y la calle. A donde hemos de salir a protestar y a exigir una negociación entre las exigencias del Comité de Paro y este gobierno mediocre.