10 de noviembre de 2019

Opinión

Después del ministro, ¿qué sigue?

Cayó el Ministro de Defensa y la polémica no acaba. El énfasis ideológico en la guerra hace que el gobierno cumpla a regañadientes o incumpla con lo pactado en el acuerdo de paz, mientras oculta la muerte de menores de edad en un bombardeo, intentando justificar lo injustificable.

Por: Guillermo Pérez La Rotta

Ilustración:  Juan Ruiz/Pacifista!

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Ellos seguirán interpretando que al ministro lo tumbaron por acción política de intereses ajenos a la seguridad de todos los colombianos. Por ejemplo, dice Nieto Loaiza que debido a la ausencia de mermelada, Roy se movilizó contra Botero. Pero al mismo tiempo reconoce que el sucesor debe ser un hombre que tenga cualidades que aquel no tenía. Otra versión, es la tristeza ante la caída de un hombre tan honorable y capaz (algunas señoras del CD), o que la seguridad del país no puede dejarse al vaivén de la oposición. Y así sucesivamente. Frecuentemente se da en la política la terquedad de los juicios de quienes gobiernan, junto con la mentira, para seguir en el poder y llegar a extremos delirantes de distorsión de la realidad. Y cabe naturalmente que haya interpretaciones de los hechos, pero también las evidencias muestran el rosario de equivocaciones, por decir lo mínimo, del ministro.

Entonces ¿que está en juego hoy? Mucho. Primero que el gobierno, desde su origen uribista, tiene que cumplir con los acuerdos de paz, a sabiendas de que no los comparte. De este modo, hace un poco aquí y allá, como cuando nuestros padres nos ordenan hacer un mandado y nos toca. Pero a la vez, por debajo de la mesa dejan de hacer mucho, minan las cosas fundamentales, las dejan bajo inercia, mientras, eso sí claramente, acentúan la guerra contra toda clase de delincuentes; en lugar de combinar tareas fundamentales: luchar contra el crimen, sí, pero bajo un balance claro y profundo de realizar la paz, los proyectos productivos, la seguridad para excombatientes, la lucha contra la corrupción dentro de las fuerzas armadas, dejar de poner el espejo retrovisor, con saña y odio. Se perfila así, lo que llaman los psiquiatras una neurosis que se fija en el pasado y no puede avanzar en asumir la nueva realidad del presente, y lo es por la fuerza de una ideología que es mito sagrado de antaño. De ese modo se bloquea la capacidad de pensar creativamente.

Detrás de la paz está la economía. Refiere esto a modelos de desarrollo para generar oportunidades en las regiones abandonadas desde antaño, copar los territorios que dejaron las Farc, con seguridad, educación y salud, erradicación concertada de la coca y, en consecuencia, alternativas de producción, y entonces, no focalizarse en la fumigación con glifosato. Pero en el fondo, lo que se evidencia, ¡otra vez!, es que hace decenios dependemos de la coca, y habría que legalizarla. Concedamos que eso es todavía utopía, pues aunque es una batalla perdida la lucha contra el narcotráfico, el país del norte ni siquiera nos permite pensar en eso. Entonces, hay que hacer planes para erradicar el narcotráfico. Magna empresa. Pues detrás de la coca está el subdesarrollo de este país, la inequidad en el reparto de la riqueza, las fallas en la tributación, la corrupción, las colonizaciones que no dejan en paz a la selva; y por lo tanto, es necesario, como realidad y utopía, racionalizar el uso de la tierra, y eso afecta a grandes intereses; por eso, este gobierno no va a avanzar en tal horizonte.

Debemos esperar a que venga otro con mentalidad diferente, avalado por unas elecciones democráticas, debemos fortalecer la conciencia ciudadana, para elegir gente que pueda ayudar a cambiar a Colombia, con inteligencia y moderación infinitas. Pareciera que estamos llegando al comienzo del fin del uribismo. Un indicador es la derrota de hace unas semanas. El centro, la izquierda, o la derecha moderada emergerán, como vemos ya, para avanzar en la paz. Colombia es hoy bella diversidad, fuerza ciudadana, partidos nuevos, juventud crítica, mujeres gay en el gobierno, indios organizados, y mucho más. Colombia es una esperanza de futuro, en medio de las lacras que todavía nos asolan.

Por la actitud guerrerista de matar a Cucho, luego de que Márquez se apartó de la paz, Duque y su ministro cometieron el error de atacar con bombas a aquel bandido, desde un criterio que bajó la certeza de seguridad del ataque, de 85% a 60%; y luego, ocultaron la muerte de ocho niños. Ese es el cuadro que revela el énfasis ideológico en la guerra, que finalmente, luego de muchos errores, tumbó al ministro entrañable de Uribe.