22 de octubre de 2019

Opinión

Democracia de la calle y elecciones

En vez de amenazar con restringir la protesta social, los gobiernos deberían evitarla, haciendo lo más conveniente para la sociedad y no proponiendo la implementación de reformas y medidas injustas para los ciudadanos. Pero, al final, la corrupción, la plutocracia y los intereses de los poderosos terminan imponiéndose.

Por: Guillermo Pérez La Rotta

Imágenes tomadas de Pinterest

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Nuestra época exhibe dos aspectos contrapuestos sobre la democracia: de un lado, la vemos restringida por la corrupción de gobiernos y políticos, que roban el presupuesto público y legislan para provecho de élites económicas nacionales e internacionales. Por otro lado, las redes sociales, y la protesta callejera, algo permiten avanzar contra los abusos del poder. Ejemplo de lo primero es el episodio de los Bonos de Agua, que finalmente dejaron sin condena al ministro Carrasquilla, y los recientes escándalos de Odebrecht que indignan al pueblo, mientras que las maniobras del fiscal Martínez, dejaron libres de toda sospecha al candidato de Uribe, el señor Zuluaga, a la campaña de Santos, y al señor Sarmiento Angulo. Aquí no ha pasado nada. La justicia es para los de ruana. Ejemplos de lo segundo, fueron las movilizaciones estudiantiles y de los indígenas, en el gobierno de Duque, que permitieron nuevos acuerdos del Estado para la educación y los habitantes ancestrales del Cauca.

La ambigüedad democrática avanza, como un juego entre el pasado conservado para bien de los corruptos, y un presente que añora equidad y participación ciudadana auténtica. De un lado advertimos la consabida compra de votos, las promesas de candidatos, y los compromisos de viejas casas políticas corruptas, como en Barranquilla (los Gerlein y Char, entre otros), o Santa Marta, donde siempre prometen el agua como servicio público efectivo, y siguen incumpliendo. Pero de otro lado, advertimos el relativo avance del voto independiente, que resulta ser una esperanza frente a la corrupción. Preguntamos: ¿Pueden los candidatos en el Cauca, decirnos a los ciudadanos de donde han obtenido el dinero para financiar sus campañas? ¿Qué harán con la deuda y los supuestos compromisos adquiridos, si resultan elegidos? Estas preguntas no tienen respuesta clara.

 

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La protesta social, casi siempre responde a los abusos de los gobiernos, a sus incumplimientos constantes, y a la organización de ciudadanos y gremios que son capaces de enfrentar tal inequidad. Naturalmente, siempre aparece el factor de la violencia, muy difícil de controlar, por motivos que refieren a  la lógica misma de la confrontación: los extremistas y vándalos aprovechan para saquear y desencadenar su odio destructivo, y los gobiernos se exceden en el uso de la fuerza, o infiltran las protestas para deslegitimarlas, o terminan diciendo tonterías en los medios para afirmar que hay detrás un enemigo malo que quiere dañar sus prístinas acciones en pro de la patria. Entonces sale una vicepresidenta, o un ministro de guerra a decir que hay que regular la protesta social. Lo que debieran hacer es evitarla, haciendo lo que de verdad conviene a los ciudadanos, pero sus intereses creados casi nunca los dejan actuar en esa dirección.

Lo ocurrido en Ecuador es ejemplar. Y me da mucha alegría reseñarlo hoy. No fue un movimiento movido desde afuera, sino una movilización de la fuerza antigua y poderosa de los indios, que reaccionaron contra la estupidez de un gobierno que buscaba doblar el precio de la gasolina, mermar salarios públicos, y otras medidas injustas, bajo la tutela del Fondo Monetario Internacional, que impone sacrificios a los pueblos, luego de que los gobiernos malgastan la plata o se la roban, y van a buscar más dinero en esa entidad. En Argentina, los préstamos suscritos, que son enormes, quizás le quiten la oportunidad a Macri de seguir en el poder. Y la protesta social fue muy fuerte, tanto, que lo tienen arrinconado. Algún día habría que reformar esa entidad (FMI), que en todo caso, obra desde los intereses de plutocracias internacionales y de países muy fuertes económicamente. Se trata de que salgamos del subdesarrollo ¿no es cierto? ¡Pero llevamos cincuenta años en lo mismo!

 

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Resultan patéticos los comentarios del presidente Duque apoyando a Moreno, bajo el argumento de que había injerencia extranjera en las protestas, mientras apoya a Trump contra Venezuela. Son contradicciones que resultan reveladoras de la torpeza intelectual de las élites, cuando quieren justificar una protesta del pueblo venezolano, y niegan otra que tiene también una raíz social auténtica. Como cuando atacan a los indios caucanos por bloquear la carretera, pero no comprenden que les han incumplido, y que la protesta es el último recurso contra su desidia. Como lo han hecho hoy con los estudiantes, a pesar de que Duque les dijo hace un año, que no quería comprometerse con algo que no pudiera dar efectivamente, y sin embargo resultó faltón, igual que sus antecesores: no dio 300 mil millones para Colciencias, sino apenas 70 mil. Y eso que acaban de fundar un Ministerio de la Ciencia y la Tecnología.