15 de julio de 2018

Homenaje

Bolaño: trashumante y contestatario

En la madrugada del 15 de julio de 2003 falleció en Barcelona el escritor chileno Roberto Bolaño. Muchos de sus personajes son poetas que parecen náufragos en el mundo. Abordó en profundidad el tema de los exilios y siempre mantuvo una postura crítica frente al establecimiento literario.

Por Juan Carlos Pino Correa

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Este fin de semana se cumplen quince años de la muerte del chileno Roberto Bolaño, sin duda el escritor latinoamericano más referenciado y estudiado en lo que va del siglo XXI. Sus escenarios y personajes dan cuenta del desamparo del hombre contemporáneo que sabe que no hay remedio posible y que es necesario seguir viviendo en medio de este entramado social y estos nuevos tiempos que han privilegiado la producción industrial cada vez más tecnificada, las múltiples y disimuladas violencias y unos paisajes degradados geográfica y espiritualmente. Según el crítico José Miguel Oviedo, Bolaño es dueño de “un mundo personal complejo y seductor, un tono entre cínico y conmovido por contar historias que reflejan un sector oscuro del mundo moderno; un lenguaje cuya básica funcionalidad no le impide alcanzar la tensión lírica y la profundidad existencial”.

El también crítico Ignacio Echavarría sostiene que Bolaño “encarna, a diferencia de los autores del boom, un nuevo paradigma de escritor latinoamericano, que se ha llamado «extraterritorial», en el sentido en que no se afinca en lo local, en ninguna de las patrias de América Latina, sino que crea un imaginario global que lo trasciende”. Por su parte, el novelista Rodrigo Fresán dice que la relación de Roberto Bolaño con América Latina parece que era una relación “draculiana”, si se entiende al célebre vampiro como un ser torturado por la inmortalidad pero al mismo tiempo disfrutando de sus implicaciones. “Parece que América Latina era para Roberto Bolaño una especie de estigma de Caín, de expulsado del paraíso, pero, al mismo tiempo, el magma de donde surgían sus ideas, sus narraciones”.

Bolaño fue un escritor trashumante y por eso los desplazamientos son un tema fundamental en su obra. En ese trasiego fue dejando huella de su posición contestataria frente a quienes representan la institucionalidad. En México, donde vivió entre 1968 y 1977 antes de partir para Europa, fue miembro activo del grupo de los infrarrealistas que tenía siempre una crítica a flor de piel, así como una actitud provocadora. Desde aquellos espacios literarios Bolaño empieza a confrontar el tema de las identidades ya que buena parte de sus personajes son poetas que parecen náufragos en el ancho mundo pero que, paradójicamente, plantean sin reticencias cuál es la estela que, en su opinión, debe seguirse.

En la literatura de Bolaño, esta época se recrea en su más célebre novela, Los detectives salvajes (1998), donde a través de un diario el joven Juan García Madero cuenta su ingreso al taller literario de los realvisceralistas y a las actividades literarias que se viven en ese círculo de poetas. Lo primero que se pone en cuestión allí es, por supuesto, la tradición literaria y con ello se echa fuego al odio visceral por una cultura hegemónica y por el establishment literario. En la novela, Bolaño lo dice a través del aprendiz García Madero, o a través de Arturo Belano, o a través de otros personajes que fueron testigos de aquellos días, pero en la vida real Bolaño ya lo decía en 1977 a través de las páginas de la revista de los infrarrealistas: “Es hora de sacar a la vanguardia de sus territorios marginales, de sus territorios de sueños, y lanzarla en una lucha de poder a poder contra el aparato oficial, reaccionario hasta los huesos”.

La noche del sábado 14 de julio en América Latina, madrugada del domingo 15 de julio en España, se cumplen quince años de la muerte de un autor imprescindible en cualquier biblioteca. De más está recomendar su lectura.