15 de junio de 2018

Análisis electoral

Acomodamientos clientelistas

En esta columna de opinión se hace un panorama para la segunda vuelta presidencial. También se ironiza en torno a la “sabiduría económica” y la “modernidad política” de los últimos mandatarios, reflexiona sobre el voto en blanco y advierte que hay quienes sueñan con regresar a la constitución de 1886.

Por: Guillermo Pérez La Rotta

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Fueron llegando en fila india a tocar en la puerta del joven y carismático candidato el lunes  siguiente, y éste les acogió complacido con tan entusiasta adhesión, saboreando el triunfo que lo llevaría, muy seguramente, a la Casa de Nariño. Al fin de y al cabo se trata de defender a Colombia de la amenaza populista que exacerba la lucha de clases y además dañaría la economía, sabiamente dirigida por los últimos presidentes. Recuerdo algunas perlas de esa sabiduría: apertura económica durante la administración Gaviria que destruyó industrias nacionales, Código Minero con Pastrana que entrega recursos de forma fácil a grandes compañías mineras; numerosos títulos mineros, incluso en los páramos, concedidos por Uribe; ley de flexibilización laboral durante este mismo gobierno, para buscar mejor competitividad en los mercados, con ampliación de la jornada laboral, y arbitrarias exenciones tributarias a grupos poderosos y amigos, para estimular la economía; IVA muy alto para la clase media con Santos, por el bajo precio del petróleo. Y el candidato Duque ha propuesto nuevamente exenciones para el gran capital, con el argumento de generar desarrollo económico, pero eso puede implicar menos dinero para gastos sociales. 

Los que tocaron al otro día la puerta nos han enseñado muchas cosas sobre “modernidad política”. Aprendieron a hacer la política con todos los medios de lucha, y el “todo vale”.  El abuelo de Vargas Lleras le robó la presidencia al general Rojas y dio el poder al papá de Pastrana. Turbay Ayala explicó que la corrupción había que reducirla a una expresión razonable. Samper, aunque no adhirió a Duque, no se dio cuenta que a su casa había entrado un elefante. Pastrana nos enseñó a despejar territorios a las Farc, de forma irresponsable, pero luego se fue lanza en ristre con lo bueno que hizo Santos: la paz. Son todas, grandes hazañas de la política.  

Entraron, pues en fila india a esa casa y se sentaron en los sofás, a pesar de que Gaviria y el jefe del Centro Democrático, se habían dicho cosas muy feas, por decir lo menos, en los últimos años. Amenazas, calumnias, ofensas. Pero hay que defender el statu quo amenazado por el castrochavismo y el mesianismo de un ex guerrillero del M19. ¡Ni más faltaba! Aunque el exprocurador Ordóñez, corrupto él, había tratado ya de matar políticamente al exalcade de Bogotá, sin éxito.

Algunos de ellos ya habían hecho sus cálculos hace meses. Ya de tiempo atrás, Pastrana había entrado en la casa uribista, y un día se encontró con su amigo expresidente en un corredor de un club lujoso de Florida, para atajar a Trump y decirle unas frases, buscando intrigar contra las políticas del gobierno Santos. Algunos políticos son así, encarnan el cálculo y la racionalidad fría para lograr sus intereses, y sus “amistades” responden a conjeturas escondidas detrás de su animosidad.

Luego llegó Vargas Lleras, que se había reunido con su amigo Uribe para tomarse un cafecito, allá en el viejo Caldas, y allí debieron hablar sobre la patria que tanto aman. Las grandes propuestas de Vargas Lleras seguramente serán retomadas, y habrá que hacer una larga cola para entrar en la repartición de la burocracia estatal, a ver si les dan un ministerio.

Uno se pregunta por qué el candidato De La Calle se queda callado ante la conducta del jefe del liberalismo; de verdad, nos parece insólito, después de que su partido defendió la paz, y las negociaciones con las Farc, y soportó la atroz persecución de Uribe, ahora resulta que pueden negociar con él; por ejemplo, sobre lo que dejarán en el camino de ese vilipendiado Acuerdo de La Habana. A finales del año 2017 ya la clase política chantajeaba y empezaba a hacer trizas unos acuerdos que el propio Santos no ha sido capaz de defender con la valentía y decisión que merecerían. Uno se pregunta qué pensará para sus adentros el senador Roy Barreras.

Sólo los hijos de Luis Carlos Galán olieron a distancia ese cocinado y con dignidad se han separado de quienes dirigen esos partidos. Hago un llamado a las bases liberales para que analicen lo que está ocurriendo y piensen de verdad en la patria. Porque el liberalismo en algún momento fue un partido de reformas sociales, por allá en los años 30 con López Pumarejo, hablaron de reformas en el agro, mientras los retardatarios ponían el grito en el cielo. En otro momento López Michelsen traicionó la posibilidad de una reforma agraria en el pacto que hizo con los terratenientes en Chicoral. Entonces, llamo a los liberales a que consideren esto: a los cuatro puntos sobre el agro, del Acuerdo de La Habana, se los van a bailar.

Digo a fajardistas y al senador Robledo, que respeto la decisión que han tomado de votar en blanco, por diversos motivos. Pero creo que eso hoy solo le ayuda a Uribe y sus amigos. En cierta forma, esa polarización actual debía darse, con verdades que salen a la palestra, porque hay una confrontación entre la vieja política y la nueva, de una nueva política que con inteligencia hacen estas personalidades que he mencionado. A Petro lo acusan de autoritario, y puede que haya algo de verdad en eso, pero comparar eso con los ocho años de Uribe, es una desproporción. Tanto critica el uribismo al gobierno de Venezuela, pero Uribe, en medio de una guerra horrible, desinstitucionalizó al país, y quería perpetuarse en el poder, y la Corte nos salvó de semejante designio. Invito a que revisen la idea uribista de hacer una sola Corte porque eso puede llevar a una especie de dictadura del ejecutivo. En contraste, creo en la defensa que hace Petro de la constitución de 1991, que fue además un encuentro entre un líder como Álvaro Gómez y las nuevas fuerzas que emergían en ese momento. Hoy algunos amigos de Uribe soñarían con dejar atrás esa constitución, para volver a la carta providencialista de Núñez y Caro.