29 de noviembre de 2017

Columna de opinión

Bananeras y narrativas comunistas

Una congresista del uribismo dijo en una emisora que la masacre de las bananeras era otro mito de la narrativa comunista. Guillermo Pérez La Rotta, profesor de la Universidad del Cauca, analiza aquella afirmación a la luz de documentos históricos y del pasaje de Cien años de soledad donde se hace referencia a este hecho trágico.

Por: Guillermo Pérez La Rotta 

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En días pasados una representante a la cámara por el Centro Democrático (sic), dijo en la radio que la narrativa comunista había exagerado lo que fue la masacre de las bananeras: "Gabriel García Márquez crea el mito de los 3.000 trabajadores asesinados; no los consigue usted ni recogidos de las poblaciones vecinas para que vayan y trabajen. Eso no es cierto” (Tomado de Revista Semana). En la sesión parlamentaria de 16 de septiembre de 1929, intervino Jorge Eliécer Gaitán, en un debate que orientó sobre la masacre de las bananeras. El líder liberal ilustraba y comentaba muchos hechos, con documentos como cartas o telegramas escritos por algunos protagonistas de esa tragedia. La United Fruit Co. no pagaba a sus obreros salarios justos y estos exigían que se les reconociera un seguro frente a lo que hoy se llama tercerización, es decir, la compañía no pagaba conforme a la ley, con la excusa de que los obreros no trabajaban para ella, sino bajo una modalidad de enganche con un contratista, que Gaitán llama “tinterillaje”.

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La empresa extranjera era como un Estado dentro del Estado, violando la soberanía del país, y ello se demuestran en los hechos que precipitan la masacre: 1) La manera como procedió el general Cortés Vargas, con la complicidad de la United, ignorando las gestiones del Gobernador del Magdalena para terminar la huelga. El oficial hizo creer ante el gobernador que había una situación muy peligrosa con el objeto de forzar a declarar el Estado de Sitio, mientras acuartelaba a los soldados. 2) La compañía rechazó las intervenciones del Gobernador para terminar la huelga, pues este funcionario sabía que los obreros querían negociar (Gaitán cita un informe posterior del Gobernador en ese sentido). El argumento del gerente de la empresa era que si se subía el salario, los obreros continuarían en huelga pidiendo más cosas. Y en las instancias superiores al gobernador (el ministro Ignacio Rengifo y Presidente de la República) tampoco se apoyó esa posibilidad conciliadora, mientras se permitió que Cortés Vargas y la empresa prosiguieran en el desarrollo de sus intenciones. 3) La noche del 5 de diciembre el señor Cortés Vargas se encerró con agentes de la United a emborracharse hasta la 1:30 de la madrugada, y aunque el día anterior había jurado que el ejército no dispararía contra la gente, en la madrugada dio la orden de disparar contra la multitud. 4) Luego ordenó persecuciones sobre las gentes, haciendo uso de bayoneta calada. Los heridos fueron rematados y “los muertos son luego transportados en camiones para arrojarlos al mar” (cita de la intervención de Gaitán en el Senado). 5) En su debate el caudillo liberal cita a un testigo, Benjamín Restrepo, dueño de un hotel cercano al sitio de los eventos, que presenció los acontecimientos: “pude darme cuenta  también de que la multitud que había en la estación en los momentos precisos de abaleo era muy numerosa, pues los últimos gritos que lanzó (…) no salían de un solo pecho”.

Este es un breve resumen de la extensa narrativa gaitanista en el senado de la república. Quizás habría que eliminar de muchos informes la palabra “multitud”, y decir “unos cuantos obreros”, para entonces hacer honor a la verdad. ¡Y el plural de los camiones mencionados puede ser una hipérbole! Es posible que hoy se pueda pensar con asombro e indignación que Gaitán estaba imbuido en la narrativa comunista. Aun si Álvaro Uribe, siendo presidente, le rindió homenaje de forma oportunista. También en esa época, y con mucho énfasis, se lanzó la idea de un pavor ante el comunismo, en particular por el ministro Rengifo. Y esto como una vieja narrativa de la extrema derecha, utilizada en distintos momentos de nuestra historia (luego dirían: fueron los comunistas los que mataron a Gaitán). Con ello se enmascaraban, como dice Gaitán, las justas reivindicaciones que pedían los obreros, viéndolas como pura subversión comunista.  

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Pero en cualquier caso, a esas narrativas conservadoras se les podría replicar con las palabras del mismo caudillo liberal: “la sangre humana, aun cuando sea justamente derramada, pone luto en el espíritu de los hombres”. Bueno, eso, creo yo, hoy le importa un pito a muchos. En la novela de García Márquez, a quien por lo demás la señora del Centro Democrático (sic) pareciera odiar, aparece una hipérbole de un tren con tres mil muertos que se dirige hacia el mar, y todo como un procedimiento literario, propio de la ficción, para dar la dimensión mágica de la atrocidad y el cinismo, y para incidir quizás, por obra de la fantasía, en la piedad ante el terror. Cosa que a muchos ya no les impresiona en los tiempos actuales de insensibilidad y ferocidad humana.

Gaitán se indigna ante una masacre como aquella y con ello nos induce a pensar en los cientos (¿o miles?) de masacres de las que tenemos noticia cierta en la actualidad los colombianos. Y no importa si fueron de un bando o de otro; igual, es la barbarie en la que hemos caído. Y la violencia nuestra implica también que ella se sucede, en un río de sangre, en el trocarse recíproco de víctimas en victimarios. Y la sed de venganza y la parcialidad en la justicia vuelven y afloran sin pausa. Quizás esto que digo sea solo una narrativa ficticia y caprichosa. Y en cambio estemos en el mejor de los mundos. Quizás la narrativa de la representante y sus amigos sea la verdadera. ¿No estamos acaso en el reino del Realismo Mágico? Que en todo caso, no fue Gabo quien se lo inventó.