25 de noviembre de 2017

Maltrato en casa contra la mujer

Vivir con el enemigo

Hoy 25 de noviembre es el Día de la no violencia contra la mujer. Esta crónica ilustra una situación que muchas mujeres soportan en silencio. Según estadísticas de la Comisaría de Familia, en el Cauca se denunciaron 593 casos de violencia intrafamiliar en el 2016.

Por: Ángela María Arce

 

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Me dice que tiene 54. Se le ve vestida en los días de semana con su uniforme de secretaria mientras  el sábado y domingo tiende a vestirse de café, de negro, de crema. Nunca se ha visto con trajes de colores fuertes. Dice que el rojo es para mujeres de la calle, de la vida fácil. En susurros se le escucha hablar de esta clase de cosas, como si fueran secretos que ella acaba de descubrir: que las mujeres deben ser ordenadas, que los hombres son iguales, que en el noviazgo todo es amor pero después a todas les toca lavar y planchar.

A María se le veía con frecuencia en su casa mirando pasar a su vecino. A veces él era simpático, la saludaba, le guiñaba el ojo, le hacía conversa, pero otras veces no, solo pasaba sin verla. Era difícil creer eso después de lo que él le había dicho en esa noche cuando lo conoció, ese día donde estaba la fiesta esperándola. Nunca iba, pero ese era el día. Ella no quería recordar las amenazas de su padre o que le hubiera dicho que tenía que llegar a las ocho de la noche. Quería evitar pensar que constantemente le tiraba la mano, pero ese día él recorría las carreteras para ir al Huila, donde vendía ropa, joyas y caucho. Mientras tanto, a María las calles la invitaban a ir. Le decían “María vení, vení, que es el día, hoy es el día”,  y ella accedió. El sábado llegó con su disposición a abrir la puerta, que le daba la bienvenida a un dulce manjar de baile, vestidos largos, de medias veladas y zapatos de material.

“Nunca te había visto bien”, retumbaba en su cabeza esa noche cuando su padre, que había regresado antes de tiempo por culpa de un derrumbe, la había descubierto en su iniciada vida de sudor, calor y baile. Cuando subía y bajaba los brazos, su padre hacía sonar una especie de tambor en la piel de María y el cable hacia líneas rojas y profundas.  Entretanto las palabras de su vecino sonaban en su cabeza. “Tú eres muy linda, seamos amigos. Nunca te había visto bien”.

Mariela Almenares Aleaga, máster en psicología de la salud, define a la violencia física como toda lesión física o corporal que deja huella o marcas visibles. A la  violencia psicológica la define como el hostigamiento verbal a través de insultos y críticas permanentes, y la capacidad de destrucción con el gesto. Esta no deja huellas visibles inmediatas, pero sus implicaciones son más trascendentales.

“Lo que más dolía no eran los moretones, eran sus palabras”, recuerda hoy María Londoño después de treinta y nueve años. “Él me pegaba con lo que encontrara: ollas, asientos, con el cordón de la plancha”.

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Según el Instituto Nacional de Medicina Forense, el 65% de las mujeres asegura que sus esposos o compañeros ejercen situaciones de control sobre ellas. El 20% de las colombianas de edad fértil ha sufrido algún tipo de violencia física, el 11.5% de los hombres ha sido golpeado por su pareja. Las amenazas bordean el 30%.

Salía todos los fines de semana. Era habitual. Dejaba a su esposa e iba en busca de distracción. Él quería ver el humo de los cigarrillos combinado con el olor del alcohol y el sudor de los bailarines rodeándolo. En las disco se escuchaba el pum pum de los zapatos de material con el tuck tack de los tacones y eso se unía al swing del señor Prieto. Ooh ooh ooh, Honey, You`re the one that i want. Ooh ooh ooh honey. Y se hacían dibujos hechos por los pies de los bailarines en el suelo. The one i need. El señor Prieto combinaba muy bien con los círculos y rayas fluorescentes verdes, rosas, azules y lilas. The one i need con su chaqueta de cuero y sus jeans. Ooh  ooh ooh honey. Todos lo rodeaban y parecía ser uno con ellos. Él y su dinero. “Una pa todos estos huevones”, solía decir.

“La violencia fisica está siempre acompañada de la violencia psicológica”, según la trabajadora Carmen Rosalba Beltrán, quien también asegura que “el perfil del maltratador puede ser de inseguridad, falta de afecto y de autoestima, y en unos casos padres autoritarios”.

“Él era muy lindo, pinchado, lo que no me gustaba era que saliera tanto, que estuviera en borracheras y con mujeres, pero era muy detallista. Hasta que mi primer hijo cumplió diez años nunca me había puesto las manos encima, después todo cambio”, dice María. “Andaba con muchas mujeres, desde que lo conocí hasta ahora, cuando se enamoró de la otra me comenzó a pegar, con esa señora duró diez años, se enamoró de ella, él venía borracho y me pegaba y luego no se acordaba de nada, él me decía que eso no había pasado, que yo me lo inventaba, eran patadas y puños”.

Según la abogada Ana María Amaya, egresada de la Universidad del Cauca, los maltratos son físicos y psicológicos, el primero es el visible en la mujer y el segundo es cuando la mujer cae en depresión y un psicólogo da cuenta de la existencia de ésta y su causa.

 

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En ese estado con los gusanos en tu piel, recorriendo cada centímetro. Ellos suben y se adueñan de ti, pues tú ya no puedes hacer nada. Estás inmóvil y ellos van y vienen con su textura viscosa. Te sentirías pegajoso, si tuvieras vida. Esto imaginaba María todos los fines de semana cuando llegaba su esposo a maltratarla: “que un día iba a terminar muerta.  Me daba contra la pared, era muy fuerte”.

Carmen Rosa Beltrán, trabajadora social dice que los factores que influyen para que la persona sea violenta en el hogar, son el alcohol o la droga y que la mayoría de maltratadores vienen de casas disfuncionales. A veces el maltratador se vuelve obsesivo o presenta una baja autoestima y siente que debe tomar el control con el resultado de sentirse satisfecho.

“Si volvés a pegarle a mi mamá  te mato”, amenazó un día el hijo mayor a su padre. Desde allí nunca más lo volvió a hacer.

“La relación de mis padres es algo tensa, pero creo que no son los únicos, la mayoría de familias son así. Me sorprende que no se hubieran separado, creo que esa decisión de estar con mi padre la tomó mi mamá para que nosotros estuviéramos en un hogar funcional, supongo. No comparto esa idea, pero aprecio que mi mamá lo hiciera”, dice la hija menor de María.