28 de Mayo de 2017

Testimonio

“Soy defensor de la patria y de los indefensos”: Ismael Aragón

Bien podría decirse que este texto es el testimonio de una vida, una lucha y un destino. Pero también que es una perorata alucinada contra dos colores: los que representan a los partidos tradicionales cuya lucha desencadenó un sinfín de acontecimientos a mediados del siglo XX. 

Por: Angélica María Guzmán Mambuscay

Afilador de cuchillos

Me llamo Ismael Aragón Gracias. Tengo 66 años, tres hijos, siete nietos y cuatro bisnietos. Nací en el municipio de Dagua vereda de Villa Hermosa, Valle del Cauca. Soy padre irresponsable, campesino, contratista, jardinero y revolucionario. Trabajé en Ferrocarriles Nacionales en servicios varios, me echaron porque le pegué a un compañero que me la tenía montada porque mi familia era liberal. Me atacaron los conservadores sin saber que en realidad yo era conservador, el único de la familia.

Después de mi despido perdí el hogar y empecé a odiar a los grandes dirigentes de nuestro país. El color rojo y el color azul me llenan de rabia y de dolor. Me embarqué en Buenaventura, me conseguí una bandida, perdí el trabajo y la perdí a ella, por eso no pude ir a la flota mercante y me puse a vender tierra negra. Me metí a las drogas y al licor. Entré en crisis viendo todo lo que pasaba a mi alrededor.

Y fue así como llegué al movimiento revolucionario de Cali. Estudié en la Unión Patriótica con el doctor Jaramillo Ossa y luego en el M-19. Me gustó la izquierda. Yo a los liberales y los conservadores los tengo como gente inteligente, que han dominado a Colombia. Los políticos y los pastores no se arropan con la cobija sino con la lengua, con ellos no comparto ideas porque abusan de la patria y de los indefensos. Por eso, estudié los códigos de Colombia y los mandamientos de la ley de Dios. No tengo cartón, pero me gustan las leyes y las estudio.

Cuando fui comandante de la Unión Patriótica, mi bandera era verde, blanca, amarilla. El verde de la esperanza de la unión patria querida, blanco de la paz y el amarillo la riqueza de nuestra patria. El rojo ni el azul me traman porque son de los grandes políticos que tienen así a nuestro país. Por eso mi carrito de trabajo tiene esos colores. En la Unión Patriótica se dice así: “Uno para todos y todos para uno. En unión triunfaremos. Una nación desunida será vencida  y una nación unida nunca será vencida. Uno para todos y todos para uno, en unión triunfaremos. Que viva Dios y que viva Colombia. Colombia libre de políticos y de malos dirigentes. En la juega con esos pastores. Y si quieren saber, aquí en Colombia hay tres potencia: la rosca, la guerrilla y delincuencia común”

Llegué a Popayán hace 23 años porque me dijeron que el otro afilador se había muerto, entonces me vine con Dios y la Virgen.  Vivo en el barrio Solidaridad. Salgo a trabajar a las seis de la mañana, hasta las seis de la tarde. Recorro toda la ciudad, desde Lomas de Granada hasta Las Guacas. Ando en el “carro de Fernando”, un rato a pie y otro rato caminando.  Afiliar un cuchillo cuesta 300, 500 o lo cambio por comida. Yo mismo diseñé mi carrito. Y, bueno, me rebusco toda la comida.

Quiero vivir eternamente aquí, con tal de estar con Dios –aunque en el cielo no hay nada para mí– nada más importa. Tengo una ley –Dios perdóname–, por extenso dolor y defensa personal, si hay que borrar se borra.

Sigo estudiando en la Universidad de la Calle. Estudié mantenimiento en maquinaria humana, porque para uno estudiar se necesita alimentar bien al cuerpo y a la mente. Cuando uno se alimenta bien, ya puede alimentarse espiritualmente, y después tiene que alimentarse en conjunto, tiene que ir junticas porque el cuerpo necesita cinco cosas: tener fe, salud, libertad, comida, dormida y amor.

 Ahora me dieron el título de la LPV, comandante de la puta vejez. Sigo en el M-19. Ahí me sané, porque las almas se entregan, menos las ideas ni las condiciones. Se respetan los códigos y los mandamientos del  jefe, Dios. Después de que uno esté con él, nadie contra nosotros. No toda la vida voy a seguir con esto de afilar, así no sepa administrar mi plata. Yo pienso mucho en mi nieta, desde pequeñita la dejé, ahora debe tener unos 19 años. Quiero conseguirme un plante y montarle un negocio, yo puedo, porque yo soy comisionista. Hasta una loca peñada le vendo.

Por ahora, seguiré caminando por las calles de esta ciudad, haciendo ruido con mi trompeta y gritando: “Afilador de cuchillos, afilador de cuchillos”, La gente sale de sus casas y yo sólo hago mi trabajo. Por eso, le pido a Dios que nos ve y nos escucha, que salgan todos los malos dirigentes, los políticos y los pastores, los sigo odiando. Si es de hablar, le hablo al que sea, enfrento a quien quiera y le doy a cualquiera. Mi vida se divide en dos partes, antes de los liberales y conservadores y después de la lucha. Sabrá Dios qué sería de mí si nunca hubieran existido los rojos ni los azules.