30 de mayo de 2017 

Un encuentro en la alegría y el compromiso

“Tomar el destino en las manos”

Han pasado 15 años desde que se realizó el Primer Encuentro Internacional ‘Pueblos y Semillas’. La octava versión se realizó este mes en La Vega, Cauca, con el propósito de contribuir a la construcción de políticas acordes con las realidades de las comunidades. Aquí, un texto híbrido escrito desde la militancia.

Por: Fernando Cortez

Fotografías: Andrés Cuaspud, Fernando Rojas

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A cada lado del pueblo, montañas perfectamente verdes. El casco urbano vegueño es atravesado por el río Pancitará, que hace su camino desde el Páramo de Barbillas, para luego unir sus aguas al río Putis en el corregimiento de San Miguel y recibir el nombre de río Samangoy. Este a su vez desemboca en el Guachicono, siendo él, afluente del gran río Patía: los caminos del agua son los caminos del hombre. La evolución humana ha estado estrechamente ligada a ella. El agua es el mapa secreto de la memoria. Por eso la lucha campesina del Macizo Colombiano es principalmente por la historia y la memoria. El profesor Oscar Salazar, integrante del Proceso Campesino y Popular de La Vega, insiste en la necesidad de “tomar el destino en las manos”, pues de lo contrario, “tarde o temprano, tendremos que poner la rodilla en tierra”.

En tarima están los integrantes del Proceso Campesino y Popular del municipio de La Vega, PCPV, cantando la Marcha del Macizo Colombiano, con el mismo entusiasmo y la misma fuerza con la que cada día trabajan la tierra. La canción fue escrita por Ariel Ledezma en los años noventa en uno de los paros históricos del suroccidente colombiano. ¿Quién empuja la voz? Voces como lluvia regando el aire, untando las paredes y el piso, gritos que salpican el rostro de quienes escuchan, voces que vienen naciendo desde siempre en las montañas y que hoy toman forma de “oye, mi querida Carmen, mi pueblo sí que anda mal. Por eso hoy está gritando, hoy está gritando, que no aguanta más”. Hay cierta magia en el canto, y no son pocos los que alzan los puños y empinan el mentón.

DSC 1630 opt 1Oscar Salazar se dirige al público del VIII encuentro Internacional ‘Pueblos y Semillas’. Menciona el termino enjundia acuñado por los campesinos mexicanos para referirse a “la energía que tienen aquellos hombres y mujeres que no nacieron para ser esclavos. Energía que los impulsa a luchar para mantener, para no perder, para que no les despojen las condiciones materiales que les permiten construir su vida”. El termino enjundia es el sinónimo campesino de lo que Baruch Spinoza llama Conatus: “impulso o esfuerzo mediante el cual la cosa persevera en su ser. En el hombre, el conatus es consciente y es el deseo de seguir siendo quien soy a través de las vicisitudes, pero también de los encuentros enriquecedores. Es la capacidad de estar afectado por la alegría de estos encuentros. Es mi capacidad de regocijarme de lo que soy, de donde estoy, y de ayudar a otro a encontrar la alegría en su ser”.

‘Pueblos y Semillas’ es eso: el alegre encuentro de hombre y mujeres, niños y niñas, negros, indios y campesinos, obreros y estudiantes que se niegan a ser esclavos, que dicen No a las lógicas del despojo, que estrechan lazos de hermandad. ‘Pueblos y Semillas’ es también la siembra y la cosecha del sentimiento que se convierte en praxis en cada realidad de quien participa.

“No habrá un futuro transformado para una sociedad si no somos capaces, hoy, de pensarnos en perspectiva de gobierno”, afirma Oscar.

 Todas estas convicciones no son reflexionadas desde realidades ajenas. Es la misma experiencia la que construye las bases de una resistencia digna frente a las lógicas de exclusión y de dominación del sistema capitalista. Porque al enemigo hay que llamarlo por su nombre y asumirlo con la misma valentía con que se asume el tajo de trabajo de finca a desyerbar. Porque la trinchera donde los campesinos del municipio de La Vega se defienden está hecha de bahareque, de agua, de tierra, de raíces, del estiércol de las vacas que abona también los cultivos. Porque quien nos protege y nos da la vida es al mismo tiempo a quien se lucha y por quien se da la vida. Pues las semillas que el pueblo ha sembrado darán sus frutos, y serán exquisitos, aunque se siembren en menguante.

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Son innegables los retos a los que los campesinos se enfrentan dadas las condiciones sociales, políticas, económicas y culturales por las que el país y el mundo pasan. Un sector campesino invisibilizado y atacado. Un gobierno que incentiva la industria minera, que hace venia a cualquier viso de privatización, que se lucra con el olvido. Por eso cada espacio temático del encuentro estuvo pensando en razón de construir gobierno pensado por el pueblo mismo en conjunción con el medio ambiente, con la historia y con la esperanza.

Soberanía alimentaria y buen vivir, medicina tradicional, agua y medio ambiente, participación política, derechos humanos, tierra, territorio y territorialidad, mujer y juventud campesina, comunicaciones, problemática de los cultivos de uso ilícito, entre otros, fueron los espacios temáticos que se abordaron en el encuentro, temas que intervienen directamente en el bienestar de la población rural del país.

El Proceso Campesino y Popular del municipio de La Vega tiene como propósito que el Estado colombiano reconozca al campesinado como sujeto de derecho. Es condición para la perduración de la cultura campesina el que se reconozcan los aportes que históricamente este sector ha hecho para el sostenimiento del país. Sin embargo, es también condición para el ‘progreso’ del modelo económico actual de país el despojar a los campesinos, a los indígenas, y a los negros del campo de sus condiciones materiales lógicas de vida. Bien lo diría un viejo vegueño: “dicen los que ya no viven: el agua se venderá por peso y el aire por medida”. Pero queda la energía, la convicción (el destino) de que los habitantes del campo no nacieron para ser esclavos.

Y ahí siguen ellos, campesinos vegueños berracos, entonando su himno como un juramento férreo a la vida. Le dicen que no aguantan más tanta injusticia y abandono, que el Macizo Colombiano se creció, que por eso hoy están unidos los pueblos hermanos, pues “si el Macizo vive, vivimos todos porque aquí nace y vive el agua”.

Termina de sonar la quena y la zampoña, el auditorio guarda silencio por un segundo. Así, con el puño y el berraquillo de la Guardia Territorial Campesina en alto, comienza el encuentro de la alegría, de la esperanza y la vida: el VIII Encuentro Internacional ‘Pueblos y Semillas’