Dormida

Cuando empezó a soñar lo mismo repetidamente, no se asustó. Decidió registrar cada sueño en su libreta. Encontraría indicios que la llevasen a establecer la intención de sus pesadillas. Había soñado, frecuentemente, que con su pluma destruía seres malvados que atentaban contra la ortografía. También, que escribía cuentos largos que no se dejaban finalizar, y entonces las letras terminaban devorándola.

Justo allí despertaba. Decidió poner fin a todo eso. Mas la noche en que lo haría, soñó que estaba en una gran biblioteca.

Allí comenzó a escribir la historia de su vida. Justo antes del final, se quedó profundamente dormida.

 

Por: Leidy Cruz