29 de noviembre de 2020

El jardín de amores de Pedro Vaca

Pedro Alberto Vaca Gamboa fue fundador de la Unión Patriótica en el departamento del Cauca. Dedicó toda su vida a defender los derechos democráticos y la justicia social. A dos meses de su muerte, Co.marca Digital hace un homenaje a su vida, a su lucha y a su legado. 

Por: Angélica Guzmán

Fotografías suministradas

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Despertar. Con la mano arriba. Aún el cielo oscuro. Encender la radio y escuchar. Ponerse al día. Oír las noticias. Leer las noticias. Ver las noticias. Levantarse. 

Así despertaba Pedro. Con la radio al lado y los audífonos puestos. 

Así despertaba Pedro. Temprano. 

Hacer ejercicio. Preparar el desayuno. Llamar a mamá. Llamar a hermanos. Sumergirse en el computador. De nuevo las noticias. Leer. Olvidarse del desayuno. 

Y luego venía la música. Escuchar Altiplano. Escuchar Inti Illimani. Disfrutarla. Sentirla.

Subirse a los árboles. Coger mangos. Coger guayabas. Ponerles banano a los pajaritos todas las mañanas para que se acercaran a casa. Y luego comer. Disfrutar el más grande placer. Buscar comer lo más delicioso. Carne. Plátanos. Fríjoles. Chicharrón. 

Reírse. Cantar. Bromear. Cocinar. Leer. Escuchar. Y luego volver a reír. Volver a escuchar. Volver a cantar. Volver a bromear. Volver a leer. Así era Pedro. 

Pedro Vaca.

Salir de casa. Regresar al almuerzo. Resolver problemas. Ver procesos. Hablar con amigos. De nuevo, regresar. 

Oriundo de Santander, había llegado a Popayán desde muy pequeño a estudiar. Después del accidente de su padre, quien era músico en el municipio y que había quedado paralítico, comenzó a trabajar desde los 8 años. 

—El papá quedó paralítico por un disparo y en ese proceso la persona que era culpable salió libre y no hubo una condena, ni una indemnización de nada y ellos quedaron sumidos en la pobreza —cuenta Hilda Pardo, esposa de Pedro. 

Y así llegaron los motivos. Las desigualdades. La no aplicación de la justicia dentro del sistema jurídico. El sistema que no los protegió. La injusticia. 

Y ahí empezó todo. La lucha. La gente. Los derechos. La búsqueda de la igualdad. La causa. 

En el bachillerato se vinculó al partido comunista. Siempre aclarando que pertenecía a la izquierda y que ese era el centro de sus actividades. 

A los 14 años empezó a trabajar con los campesinos y los indígenas en el área rural de Santander de Quilichao. Estando en el partido comunista, estudiaba todos los textos de izquierda, entre ellos Marx, Lenin y toda la línea pro-soviética. Estudiaba en Popayán y los fines de semana regresaba para ayudar a su mamá a vender empanadas.

—Él estudiaba sociales y estando en la mitad de la carrera, empezó a estudiar derecho, prácticamente estudió las dos carreras al tiempo —comenta Hilda y continúa diciendo que se casaron en el 82, que su hija, Natalia, nació en el 83 y que él, Pedro Vaca, fue el creador de la Unión Patriótica, la UP, en el departamento del Cauca. Cuenta que fue una época terriblemente oscura, muy complicada porque había mucha persecución y en la casa en la que vivían transitaba mucha gente, sobre todo militares vestidos de civiles que se acercaban a ella a preguntarle cosas, a pedirle favores. “En esa época el DAS tenía un carro que decían desaparecía a la gente y ese carro se paraba en toda la esquina donde nosotros vivíamos, a él le pusieron escolta y vigilancia de 24 horas en la cuadra, recibió muchas amenazas y como en esa época era Personero en El Tambo, le hicieron un atentado. Después de eso nos prohibían salir por la noche, salir a cualquier tipo de manifestaciones, reuniones o lugares que estuvieran oscuros, a nosotros nos gustaba ir a tomar cerveza, pero nada podíamos hacer”.

Los hijos. Natalia. Pedro Julián. La familia. El amor. La protección. La seguridad. La incertidumbre. La oscuridad.

—Teníamos los niños muy pequeñitos, los llevaba a todo lado, estaba muy pendiente porque para atacar a cualquier dirigente lo primero son los hijos. A mí me daba miedo que me los quitaran o que me los fueran a desaparecer, entonces yo decía: “primero me matan a mí que quitarme a uno de mis hijos”.

 

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La Unión Patriótica (UP) es un movimiento político que surgió como resultado de los acuerdos de La Uribe, de Cese al fuego, Tregua y Paz, firmados en 1984 entre el Gobierno nacional y la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC. Su accionar político marcó las décadas de 1980 y 1990 en Colombia, y se convirtió rápidamente en una alternativa democrática que buscaba un cambio en las costumbres políticas.

Es un partido político colombiano de izquierda, ligado también al partido comunista colombiano. Fundado el 28 de mayo de 1985 como parte de una propuesta de paz. La propuesta consistía en una tregua donde se permitiera la participación política de los combatentes a través de un nuevo partido político que pudiera acogerlos. Este partido debía ser amplio y permitir la participación de todos los sectores de la sociedad que apoyaran la paz en Colombia. Desde el mismo proceso de fundación de la UP en 1984, sus militantes empezaron a ser asesinados, llevando a que en 1986, después de su fundación oficial y obtener un resultado exitoso en las elecciones, se asesinara al primer congresista de la UP, y casi dos días después al segundo. 

 

***

 

Soñar con la paz. Recorrer el territorio. Conocer el Cauca. Ir hasta el último rincón. Caminos. Trochas. Senderos. Viajes. Eso era Pedro. Un sinfín de carreteras que llegaban al mismo sueño: la igualdad, la paz, la justicia social.

—Él recorrió todo el departamento del Cauca, no hay camino ni trocha que no haya conocido o no recuerde a Pedro Vaca. Tuve la fortuna de ser compañera de todos esos largos años, íbamos creciendo políticamente en la cuestión de la Unión Patriótica. Al principio, como fue un partido que nació de los diálogos entre las Farc y el Gobierno de Belisario Betancur, estuvo bien, después se rompe la tregua y empieza el juego sucio del Gobierno. Ellos se van para las montañas, no entregan las armas y nosotros continuamos, éramos políticos y Pedro fue uno de los gestores y creadores del movimiento UP —dice Gloria Vidal, compañera de la UP.

Cuenta Hilda, su esposa, que en su papel de director de la Unión Patriótica estaba muy ocupado recorriendo todo el departamento, sobre todo en la parte norte y sur. Se la pasaba mucho tiempo afuera y como familia les tocaba tener muchas medidas de precaución. El teléfono fijo estaba intervenido, no podían hacer reuniones ni ningún tipo de evento en casa. “A Pedro le molestaba mucho el hecho de que le hubieran asignado un escolta porque él decía que muchas veces a muchos dirigentes los mismos escoltas eran los que les habían disparado o se habían prestado para dar información”. También dice que por esa razón Pedro decidió despedir al escolta y que toda la vida fue muy precavido en el sentido de con quién hablaba, qué tipo de cosas decía, quién iba a la casa: “Muchas cosas las hacían afuera, prácticamente clandestinamente dentro del mismo partido, y dentro de las cosas que ellos hacían tenían unas festividades que no eran tan de público conocimiento”.

—Fue difícil crecer a su lado. Por todo su trabajo social él no permanecía mucho en la casa y además porque, cuando era muy niña él era Personero en El Tambo, entonces pasaba mucho tiempo por allá y lo veía muy poco. Aparte de todo, el tema de seguridad era complicado, entonces crecer con un papá con esas características, implicaba, por ejemplo, que no podía salir a la calle sola, no tener amigos en el barrio —comenta Natalia, hija de Pedro.

Para Natalia, su padre representa la necesidad de que el departamento cambie ese discurso que domina, que suena más duro, para darle cabida a toda la diversidad que lo habita. Dice que si bien en el papel el Cauca es pluriétnico y multicultural, en las políticas públicas, en la vida cotidiana y en los imaginarios, esa diversidad no se ve representada porque siguen existiendo unos arraigos a la tradición hispánica de buscar el apellido español, de buscar el linaje blanco, de despreciar todo lo que no parezca de linaje o que no suene. Entonces, para ella, es necesario que se reformulen esos aspectos, es importante que ese legado realmente represente el ir abriendo el camino para esas comunidades que si bien en el papel existen, en la vida real, en la cotidianidad y en los imaginarios todavía no tienen abierto el camino para que de verdad sean representados en la vida pública, social, política, económica y cultural.

—Mi papá fue una influencia definitiva, si él no hubiera sido mi papá yo no sería lo que soy.

También dice Natalia que podría recoger todas las enseñanzas de ese tiempo con su papá en tres aspectos importantes. El primero, tratar a cualquier ser humano con la mayor dignidad, sea quien sea: campesino, indígena, afro, un habitante de la calle, el presidente, una reina, sea quien sea, a todo el mundo tratarlo con dignidad. El segundo, que todos merecemos bienestar, una oportunidad, vivir en libertad, tener la capacidad de desarrollar nuestras posibilidades y capacidades y que se nos dé la oportunidad en quien queremos ser y cómo nos gustaría ser. Y en tercer lugar, pensar cómo lograr esos dos primeros aspectos, porque es necesario pensar que el mundo, tal como no lo han enseñado, no es el mundo entero, es un pedacito, y el problema es el relato que se oye más duro, pero alternativo a ese relato existen miles de relatos más, uno de ellos es una propuesta política. 

Por eso, Natalia insiste en que es importante, así uno no sea militante, así uno no pertenezca al partido, al menos apoyar a los que sí hacen parte de estos movimientos y estar siempre del lado de lo alternativo. Porque, asegura, los que tienen poder ya tienen todo lo que necesitan, pero los demás también merecemos una oportunidad, entonces por esa razón insiste en apoyar todos esos discursos, iniciativas, organizaciones y procesos que están en la periferia, en el margen.

 

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—Viendo a mis hijos, mi hija se parece físicamente a mí, pero ella es muy parecida en la manera de ser de él, en su trabajo, en sus ideales, de defender a la gente más desfavorecida, de estar apoyando a todas estas asociaciones, de trabajar con la gente que tiene muchos problemas; en cambio mi hijo es el lado opuesto, a él no le gusta mucho trabajar con organizaciones sociales —cuenta Hilda.

Entre su trabajo con las comunidades, con las organizaciones, su representación de la Unión Patriótica en la Asamblea Departamental y su profesión de abogado en la Defensoría del Pueblo, el sueño de Pedro era que todo el mundo tuviera acceso a todas las cosas, que los campesinos pudieran resolver sus problemas de tierra, que los indígenas pudieran resolver sus problemas de cabildos. Su ideal era que toda la gente pobre tuviera su oportunidad, acceso a la justicia en condiciones de igualdad, acceso a la tierra, derecho a la educación, derecho a una vivienda. Dentro del partido tenían unos planes de vivienda, fue así como en el terremoto del 83 desde la UP se tomaron unas tierras en el sur oriente de Popayán y ahí fundaron un barrio que tiene el nombre de Avelino Ul, un dirigente indígena. Su sueño era que todo mundo tuviera igual número de oportunidades y trabajó todo el tiempo para eso.

—Me escribió un amigo y me dijo: “Yo no conocí a tu papá, pero se nota que dejó sembrado un jardín de amores” —cuenta Natalia.

Ella está completamente convencida de que ese es el legado de su padre, haber sembrado un jardín de amores, una cantidad de procesos que dejó iniciando, muchos que no solo los inició sino que han seguido, han continuado: “Entonces el gran legado que mi papá ha dejado a la historia contemporánea caucana fue haber participado de todos esos procesos y haber apalancado a muchísimas organizaciones”.

—Él creía en el pueblo, sus convicciones eran firmes, eran de lucha. Él no dudaba, tenía un espíritu revolucionario, era crítico, enseñaba con el ejemplo. Su capacidad de entrega fue toda la vida —comenta Vidal, compañera de militancia en la UP. Ella está segura que fue el sistema que se llevó a Pedro y dice que lo que hay que hacer ahora es continuar su obra porque defendió sus ideales con coherencia y su pensamiento siempre fue en beneficio de los sectores populares.

Hace varios años Pedro se lanzó a la Asamblea y, cuenta su hija Natalia, tenía muchísima fe en ese proceso y daba por descontado que iba a ganar una curul. Sus amigos, familiares, los vecinos, mucha gente lo acompañó, le hicieron promoción y votaron por él. 

—Resulta que las organizaciones con las que él trabajó por muchísimos años lamentablemente le dieron la espalda. Entonces él, que se conoció el Cauca de arriba abajo, de la costa a la cordillera, fue nuevamente buscando ese apoyo, buscando a la gente con la que trabajó por tantos años y todos o la gran mayoría le dijeron no, ya tenemos compromisos políticos, no, no podemos votar por usted —afirma Natalia.

Dice también que después de ese proceso su papá quedó sumamente desencantado, muy triste. Cree que nunca se pudo recuperar de ese golpe porque fue un golpe muy duro y por eso empezó a alejarse de ciertos procesos.

 

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Al final, Pedro Vaca terminó trabajando con el cabildo de Guambía. Allá hizo sus últimos trabajos como asesor jurídico. Cuenta Natalia que él quedó agradecido y que lo último que decía era: “es increíble que la gente de las organizaciones con las que yo he trabajado tanto no me llaman, no me ponen atención, yo les digo vea, hay que hacer esto, esto, no les importa; en cambio con los guambianos, yo con ellos trabajo súper bien y todo lo que les digo, lo que les he recomendado, lo que hemos hecho, ellos sí me hacen caso”.

Asegura Natalia que sus últimos días fueron algo muy increíble porque estaba muy agradecido al darse cuenta de que justo una comunidad con la nunca había trabajado así tan de cerca, terminara siendo la que reconociera de mejor manera su trabajo.

—Pedro decía que a partir de que cumplió 60 años se le habían desatado todos los males y eso era cierto: en este último tiempo que se enfermó, yo lo veía con cansancio y me manifestó que tenía mucho miedo, cosa que yo nunca le había oído decir —comenta Hilda. Él le hablaba a ella de la situación actual del país, de lo difícil que estaba todo. Y le decía que se iba a poner peor y que sentía  persecución por todas las muertes de los líderes sociales. 

Cuenta Hilda que cuando su esposo se enfermó no aceptaba la idea de estar enfermo. Aún así, a pesar de que él estaba fatigado, cansado, la gente lo llamaba y se la pasó días y días resolviendo problemas por teléfono. “Cuando lo llevamos al hospital y estuvo en cuidados intermedios seguía atendiendo llamadas, hasta que ya se agotó tanto que el médico le dijo que tenía que entubarlo porque ya no le daba más el oxígeno”.

—Si bien la muerte de mi papá nos cogió desprevenidos porque yo no quise aceptar la gravedad de su situación cuando ingresó al hospital, ahora soy consciente de eso, pero en ese momento no lo quería aceptar, él ya estaba alistándose para su último viaje, para el viaje definitivo —dice Natalia.

Pedro se fue creyendo en la capacidad de la gente para organizarse, para reclamar y resolver sus problemas, no solamente haciendo peticiones sino luchando, a través de las marchas, los paros y el trabajo constante por defender sus derechos.

Concluye Gloria Vidal que a Pedro Vaca lo recordará como un luchador incansable por su gente, por todos los sectores, como un soñador por un país mejor, por una paz con justicia social y también, como un referente de dignidad y de luchas libertarias.

Por su parte, su esposa Hilda cuenta que ella sabía que él trabaja muchísimo, que resolvía problemas a las personas, asociaciones, con una capacidad de trabajo impresionante, y que nunca se negó a acompañarlas en sus diferentes procesos. Confiesa que el día que le hicieron el homenaje se enteró de mucho más trabajo de lo que había visto porque él le contaba una parte, pero no contaba todo. “Yo siempre lo admiré porque fue muy buen padre, hijo, hermano, esposo, mejor dicho, con una lealtad a prueba de todo. Mucha gente me ha pedido que retome algunos procesos que él dejó, algunos los estoy retomando, otros son muy difíciles, yo no puedo. Conozco muchas cosas pero él también se llevó muchos secretos por seguridad”.

Finalmente Natalia dice que le gusta recordar a su padre como un hombre muy especial, lleno de luz, un hombre muy inteligente, con todo el buen humor que siempre tenía, disfrutando de las cosas que más le gustaban, cantando, diciendo dichos, siendo él, siendo feliz. “Me gusta traerlo a la vida con todas esas vivencias”.