21 de noviembre de 2020

La música: el verdadero amor

Pensar y crear nuevos conceptos musicales relacionados con la percusión es el sueño de Ricardo Sánchez Cifuentes, músico payanés que se ha destacado por su talento en diferentes espacios y agrupaciones dentro y fuera del país.  

Por: Angélica Aley Moncada 

Fotos: Andrés Dorado 

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Entre las baladas de su madre y el Glan Rock de su tía, nació la música para Ricardo Celestino Sánchez Cifuentes. Lo persiguió en la primaria, en el coro del colegio, en la chirimía y en la danza. Esa misma música le dio expresión corporal y también lo llevó a cantar e interpretar instrumentos de percusión y luego lo persiguió también en la secundaria, donde aprendió a tocar la batería rápidamente. Ahí se perfiló por el rock y los derivados del metal melódico.

Ricardo, Richi o Celestino, como lo llaman los amigos, encontró su afinidad con la percusión entrenando capoeira aun cuando era muy pequeño. “Conocí la variedad de sonidos que hay desde las palmas hasta un alambre templado con un totumo, que es el birimbao, y también el de los tambores, panderos, a gogos. Y aunque ya había tocado en chirimía mucho tiempo, esta fue una época muy significativa”, menciona Sánchez, quien también recuerda aquel garaje en el que reverberaban su madre y su tía mientras él aprendía todas las tonadas del banco de sonidos de una pequeña organeta que le habían regalado.

—Aún la tengo, mi hermanita juega con ella —dice, sonriendo. 

Sonidos originados al ser golpeados o agitados son los que han caminado junto al músico de 32 años, quien se ha sentido inspirado por sonidos del Metal, música sinfónica y la música colombiana. “Me he inspirado en gente foránea como en gente local, Legend Maker, Trapp in the Morgue, Symphony X, Antonin Vordjak, Korsakov, Bartok, Miguel Zenon, Cabas, Bereju, Fabio Ortíz, Julián Gómez, Baterimba”, afirma Sánchez 

Su familia lo recuerda, un tanto curioso, inquieto y preguntón, al mismo tiempo muy paciente. El músico sonríe y dice que no ha cambiado mucho desde entonces, y a pesar del desacuerdo que tuvo con su madre en un principio por su decisión profesional, Celestino luchó por sus sueños hasta cumplirlos. Aunque ha habido épocas difíciles de las cuales muchos amigos han sido testigos. “Es difícil de explicar… fue muy difícil, porque iba de la mano de personas que ya dominaban las bases teóricas y hasta más. Y fue divertido, porque tuve buenas experiencias, conocí gente tanto dentro de la U como fuera de ella o que habían pasado por allí y que me aportaron mucho, confiaron en mí y me educaron de manera sabia y concreta, gente de otras partes, de otras culturas, tocando en distintos lugares”, comenta el percusionista.

A lo largo de su carrera ha logrado interpretar distintos géneros, desde andina hasta metal, o desde cumbia sabanera hasta vallenato, pero Ricardo considera dentro de las agrupaciones más significativas de su carrera a Viento en Popa, Solo Pueblo, Son Manicomio, PopaJam, Mestizzaje y actualmente Carolina Ramos y Juan Romero Cuarteto. 

“Trabajar con Richi ha sido enriquecedor, es un hombre muy inteligente, es un profesional integral que tiene no solo conocimiento en música sino también en física, en astronomía, en historia, y domina el inglés como domina la batería. Es una persona supremamente respetuosa de las creencias y de las diferencias del otro, es muy franco, todo aquello que dice es desde el amor, nunca desde el ego, y siempre está dispuesto a ayudar de manera incondicional”, dice Carolina Ramos, cantautora huilense. 

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El artista payanés ha participado como músico acompañante y también se ha desempeñado como educador. Ha sido jurado en reconocidos eventos y tarimas musicales, tallerista e intérprete en espacios de la ciudad, del país y del exterior. Al día de hoy ha grabado dos álbumes con Viento en popa, uno compilado con Solo Pueblo, un álbum con Tras Bambalinas, otro con Mestizzaje y dos próximos a publicar, uno junto a Juan Romero y otro con Carolina Ramos. “La experiencia en un escenario siempre será lo que a la mayoría de nosotros hace sentir que los esfuerzos han valido la pena. Así,  desbordar los sentidos mientras interpretas una pieza, o acompañas a alguien… es intimidad, es entrega”, afirma Sanchez 

—Y espero conciertos… muchos conciertos —agrega. 

Este hombre alto, de cabello negro, con una sonrisa amable y amistosa, está convencido de que para él la música es su vida, su sustento y su lenguaje sonoro y en la que tiene muchos amigos y compañeros de aprendizaje de quienes habla con orgullo y agradecimiento. Entre ellos están Gabriel Coral, su tutor en la música moderna, Fabio Ortiz, a quien considera su hermano, y sus profesores, Héctor Toscón, Mauricio Arcos, David Mohedara y Ramón Prats. 

“Muchos conocen sus cualidades como percusionista, es admirable su facilidad para asimilar ritmos, su creatividad, su dinamismo, su memoria auditiva. Además de ser generoso en el escenario y fuera de él, Richi tiene muy claro el concepto de trabajo en equipo y nos ha dado ejemplo de valor, porque él no le tiene miedo a nada. Hay una cualidad por la que lo valoro muchísimo, le da tranquilidad a la banda. No importa si estamos en una situación altamente tensionante, como el hecho de ser evaluados en un concurso, o si estamos varados en medio de la nada con las maletas y con todos los instrumentos en una carretera muy sola y con algún compromiso esperando por nosotros, él siempre está compartiendo su calma, encargándose de tranquilizar a todo el mundo” afirma Ramos.

La cantautora huilense cuenta también una experiencia que retrata a Ricardo. Fue durante un viaje en el que, trasnochados y cansados, les tocó bajar, poner, quitar y subir instrumentos todo el tiempo.

—Él miraba su batería fijamente y en vez de quejarse dijo “bueno, yo sabía que esto iba a ser así desde el primer día, pero la amo y así decidí estar con ella”. Se estaba refiriendo a la batería. En ese momento entendí que eso es lo que significa verdaderamente el amor —concluye Carolina Ramos.