05 de octubre de 2019

#PopayánCiudadLibro

De hidalgos, libros y conversaciones

El escritor Héctor Abad Faciolince y el periodista Juan Carlos Iragorri son los invitados para hacer la presentación oficial de Popayán Ciudad Libro 2019, en un conversatorio que se llevará a cabo el martes 8 de octubre en el Paraninfo Caldas de la Universidad del Cauca. Popayán Ciudad Libro se realizará entre el 15 y el 24 de noviembre de 2019 en el Centro de Convenciones Casa de la Moneda y contará con invitados nacionales e internacionales. En el evento participan cinco universidades de la ciudad.

Por: Juan Carlos Pino Correa 


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La Real Academia Española de la Lengua define la conversación como la acción y el efecto de “hablar familiarmente” y quizá la mejor forma de presentar Popayán Ciudad Libro 2019 sea una charla cálida entre dos amigos que saben mucho de libros, que saben mucho de letras y que saben mucho de esa actualidad compleja, tensa y a veces irrisoria que en ocasiones nos sorprende, en otras nos conmueve y en otras, acaso las más, nos indigna.

Una conversación entre el escritor Héctor Abad Faciolince y el periodista Juan Carlos Iragorri. Un pulso sin afanes donde se espera, por supuesto, que se hable de los libros que uno y otro han escrito, de los libros que han sido esenciales en la vida de ambos, de los libros que han leído recientemente, de los libros que asoman por allí con cierta grandilocuencia o de los que con timidez se abren paso hacia el mundo porque brillan con luz propia. Una conversación literaria que es, por tanto, una conversación abierta a múltiples temas, a acuerdos y desacuerdos, a polémicas, incluso.

Será una conversación que abrirá la puerta a otras conversaciones: las que surgirán luego de ella, a realizarse en el Paraninfo de la Universidad del Cauca este martes 8 de octubre, las que están por venir en noviembre, al calor de los invitados que estén en Popayán Ciudad Libro, y las que vendrán luego, siempre, porque los libros son puertas hacia el infinito.

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Cosas de hidalgos

Asuntos de un hidalgo disoluto era un libro que un profesor de la Universidad del Cauca, ya jubilado hoy, compartía a fragmentos con sus estudiantes en el claustro de Santo Domingo, por allá a mediados de los años noventa. A muchos alumnos les parecía una curiosidad, por decir lo menos, que en esa clase de Filosofía del Derecho se hablara más de literatura que de aspectos jurídicos, pero pronto se dejaron tentar por las dinámicas de la clase, que era más una conversación que una cátedra a la vieja usanza. Abad Faciolince, el autor de la novela, no era entonces el escritor consagrado que es hoy y apenas sonaba como alguien que había escrito una historia por puro divertimento casi, donde la voz protagónica, paródica y alumbrada incluso por un afán picaresco, re-crea una autobiografía cuyo telón de fondo es un país como el nuestro, o como muchos otros, y donde con más frecuencia de lo esperado se suceden hechos que rozan con la tragedia, el ridículo y el absurdo. “Ahí está, intacto, el traje con que llegué de Italia, derrotado, durante la violencia de mi tierra. Sangre, sangre, sangre. Un país descuartizado por guerras idiotas e inútiles, por el abstracto fanatismo de un grupo de locos. Minúsculos dictadores guerrilleros, contrabandistas sin escrúpulos ascendidos a las alturas del dinero, políticos solapados y ladrones, militares incapaces y vengativos, terratenientes ávidos de reses y de tierras sin gente”.

Luego los lectores conocieron mejor a Héctor Abad a través de otras novelas y de su rol de columnista en varios periódicos, pero, sobre todo, a raíz de la publicación y el éxito de El olvido que seremos, un libro desgarrador no solo en lo que tiene que ver con la historia sobre la pérdida del padre sino también en la reflexión que es sobre el conflicto y la violencia en Colombia y sobre los disensos que los violentos se niegan sistemáticamente a aceptar. “Me saco de adentro estos recuerdos como se tiene un parto, como se saca un tumor”, confiesa Abad Faciolince, y esas palabras son una muestra de la hondura del dolor por las tragedias personales y colectivas. Muchos en este país podrían decir a viva voz, con el escritor antioqueño: “La herida está allí, en el sitio por el que pasan los recuerdos, pero más que una herida es ya una cicatriz”.

Y después de varios premios literarios y periodísticos –como el Casa de América de Narrativa Innovadora y el Simón Bolívar, por mencionar solo algunos–, vinieron otros proyectos, otras novelas, otras columnas, con nuevas preocupaciones o insistiendo en aquellas que son como demonios para el escritor: el conflicto armado, la memoria, la cotidianidad y la familia, las nostalgias, los espejismos que suelen tener muchos rostros. Como en La Oculta: “Fuera de los mineros había también, cada vez más cerca, gente que compraba por grupos una hacienda y la parcelaba. Se oían otra vez las motosierras, que no mochaban cabezas, como en tiempos de los paramilitares sino árboles. Le robaban tierra al monte, a las fuentes de agua, desaparecían bosques y potreros y aparecían casas de recreo donde antes había nacimientos de agua”.

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Anfitrión de trayectoria

Bien podría decirse que Juan Carlos Iragorri asumirá como anfitrión, pues Popayán es como su casa. Él se siente —y es— payanés, aunque haya nacido en Cali. Y la Universidad del Cauca también es su casa y no solo porque en febrero de 2017 le otorgara Doctorado Honoris Causa en Periodismo sino porque su tatarabuelo, su bisabuelo y su abuelo estudiaron y fueron profesores en esta Alma Máter. Es decir, hay un vínculo muy fuerte con esta institución educativa y emblemática que este año cumple 192 años.

Iragorri ha trabajado en Colombia y en el exterior en importantes medios de comunicación como El Siglo, El Tiempo, Semana y RCN, dirige la Maestría en Periodismo de la Universidad del Rosario y ha sido galardonado, entre otros, con el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar, el CPB, el Planeta y el Premio Rey de España. Además, ha publicado tres libros de entrevistas, que son, sobre todo, amenas y agudas charlas llenas de detalles: Patadas de ahorcado, una conversación con Antonio Caballero; Mi guerra es la paz, entrevista a Antonio Navarro; y Felipe López, El hombre detrás de la revista Semana.

Vistas las trayectorias de Iragorri y Abad Faciolince la conversación de este martes promete mucho. Literatura, periodismo y actualidad, entre otras cosas.

El escritor antioqueño recordó alguna vez que conoció a Iragorri hacia finales de los noventa, en Madrid, cuando este “era ya un periodista reconocido por su perspicacia, buen olfato, buena pluma, y sobre todo por su ánimo ecuánime y equilibrado, algo no tan corriente en nuestra profesión, y mucho menos en el pendenciero país donde nacimos”.

Y está convencido Abad Faciolince de que Iragorri “tiene las cualidades (y carece de los defectos) del hidalgo español temperado en el trópico y luego convertido en alguien más preciso y sistemático en el ambiente anglosajón y se nutre de un tipo de periodismo serio, investigativo, bien documentado, que trata de no hacer ninguna afirmación antes de haberla verificado varias veces a través de distintas fuentes directas o bibliográficas. Todo esto hace de él no solo un maestro en su oficio sino también un caballero”.

Definitivamente una buena conversación habrá el martes. Como para abrir, antes y después, muchos libros. Como para alquilar balcón. O, mejor, como para hacerse a un buen sitio en el Paraninfo.