23 de septiembre de 2018

Crónicas por las tierras de El Quijote

Recorrer La Mancha: anhelo de lector impenitente

La Biblioteca de Autores Manchegos presenta en España el próximo jueves 27 de septiembre el libro de viajes Hacer camino en La Mancha, de Juan Carlos Pino Correa. A propósito de la nueva publicación, reproducimos la entrevista que el periódico La Tribuna, de Ciudad Real, le hizo al escritor nacido en Almaguer, Cauca. En Colombia, la presentación se hará en el marco de las actividades de Popayán Ciudad Libro.

Por: Diego Farto / Ciudad Real / España

La Tribuna de Ciudad Real

Recorrer La Mancha anhelo de lector impenitente 1.jpg

 

Juan Carlos Pino está ultimando los detalles de su próximo viaje a Ciudad Real. Será un reencuentro con la ciudad y los amigos que ha ido haciendo a lo largo de los años, como María Rubio, la profesora de la Universidad Castilla La Mancha, UCLM, que le acompañará el próximo 27 de septiembre en la presentación de su obra, en la residencia Santo Tomas de Villanueva.

―Usted estuvo por un tiempo en el Campus de Ciudad Real de la UCLM, ¿cómo le surgió ese afán de recorrer La Mancha?

Recorrer La Mancha es sin duda uno de los principales anhelos de cualquier lector impenitente, a partir, por supuesto, de la lectura de El Quijote. De hecho, en los días previos a mi primer viaje a España le leí a mi hija Isabel Sofía, que por entonces tenía ocho años, algunos fragmentos de esta novela monumental para que ella sintiera una curiosidad y unas expectativas similares a las que yo tenía desde que a los doce o trece años me dejé seducir por las aventuras del caballero andante. Sumergirse en el universo creado por Cervantes y seguir los pasos de este personaje emblemático que se ha salido del libro para habitar el mundo entero, hacen que alguien apasionado por la literatura sienta una atracción indecible por estas tierras. Entonces es lo primero que uno hace, casi desesperadamente, cuando se tiene la oportunidad de venir a este país.  

―¿Sus viajes se trazaron al azar o hubo una preparación previa, con contactos, citas...?

Tendríamos que hablar de dos momentos distintos: los viajes que hice cuando viví aquí en mis días de estudiante de doctorado en la Universidad de Castilla La Mancha entre 2006 y 2009 y los viajes realizados durante la estancia de investigación para escribir este libro. Ambos momentos hacen parte de Hacer camino en La Mancha, Los que ocupan la primera parte del libro son los viajes específicos de 2016. En ellos hubo mucho de aventura, de ir a tientas sin saber lo que iba a encontrar en el camino, un poco como un reto para aguzar la mirada y la curiosidad, para obligarme a hablar con las personas que encontrara por allí. Pero también hubo acuerdos para ir a Terrinches, a Villalgordo del Júcar o a Corral de Almaguer, por ejemplo. Lo importante, independientemente del momento del encuentro y de si había planeación o no, es haber tenido la oportunidad de conocer más a fondo este territorio habitado por personas de mucha generosidad, sabiduría y entereza, personas amables, dicharacheras, emprendedoras, comprometidas con su tradición y sus pueblos, capaces de confiar en un desconocido que venía de lejos a querer escuchar sus historias para escribirlas. Y siempre me sorprendían.

 

Recorrer La Mancha anhelo de lector impenitente 3.jpg

 

―¿Qué sentido tiene la literatura de viajes en el siglo XXI, una época en la que viajero sufre una avalancha de información previa, sobre todo técnica?

El viaje con fines literarios es un pretexto para muchas cosas, sobre todo para reencontrarse a sí mismo a través de la escritura. Las travesías son mucho más que geográficas porque entrañan, en esencia, una búsqueda personal, intimista, una forma de reconocer al otro en toda su magnitud y valía. Esa fue mi idea al viajar para escribir este libro. De hecho, la ruta fue trazada en un mapa donde señalábamos con María Fernanda, mi esposa, los sitios donde iríamos y, además, nos absteníamos de buscar previamente cualquier dato en internet. Creo que eso hizo más interesante y más literario el recorrido.

―En su obra hay varias ocasiones en las que entra en bares o en reuniones de amigos. ¿Qué le ha llamado más la atención de esos encuentros sociales?

Rescato de estos espacios la camaradería, la capacidad de fortalecer allí la amistad mientras se toma una caña, una copa de vino o se ve un partido de Liga o Champions. Lo digo en el libro: desde el momento en que entré, por ejemplo, a El Abuelillo, me trataron como si toda la vida hubiera vivido aquí, sin prevención alguna. Y esa misma sensación la tuve cuando fui a Corral de Almaguer. Hay lugares donde es más fácil dar inicio a una conversación, que en el fondo puede ser también el inicio de una amistad.

―De una u otra manera, el fútbol es también una nota que aparece en varios de sus textos, ¿qué cuenta el deporte en esas relaciones entre la gente?

Mucho. También es una forma de encontrarse, no solo en el fútbol sino en el ciclismo o en el tenis. Por eso en la barra de cualquier bar siempre alguien lee Marca o As. Las personas se reúnen en los bares a ver encuentros deportivos, a especular sobre ellos, a creer que defienden los colores de un equipo o de otro cuando en el fondo lo que hacen es fortalecer la amistad. Y lo saben con certeza. O suelen conversar de otras cosas sin que parezca importarles lo que pasa en la pantalla. Eso me parece reconfortante.

 

Recorrer La Mancha anhelo de lector impenitente 2.jpg

 

―¿Cómo es la visión de La Mancha desde Colombia?

El imaginario que las personas tienen de La Mancha en Colombia es aquel que se ha impuesto a partir de un personaje como El Quijote. Creo que pocos han leído el libro, aquí y allá, pero tienen claro lo que representa. Y en esa percepción, los personajes de la novela no están aislados del paisaje donde habitan y que hace que ellos sean lo que son. En Popayán, donde vivo, hay una gran devoción por El Quijote, hasta el punto de que circula la idea de que está enterrado en el parque principal de la ciudad. Pero esa es otra historia.

―¿En qué medida vivir aquí un tiempo cambió sus percepciones?

Vivir aquí me hizo crecer personal, intelectual y literariamente. La posibilidad de hacer amigos con quienes compartimos intereses comunes en torno a la literatura, el deporte o la vida ha sido una de las cosas más importantes para ampliar mis horizontes en muchos aspectos. Además, en los viajes por estas tierras he tenido la fortuna de conocer a personas que me han enseñado mucho sin esperar nada a cambio, personas que me han honrado con su amistad. Quizá no haya mejor regalo que ese. De verdad me han hecho sentir como un manchego más.