29 de octubre de 2017

La primera entrevista

En la sensibilidad de dos roles

Una abogada y madre, que muestra que lo imposible es posible, genera admiración entre quienes la rodean. Una aprendiz de reportera, su hija mayor, conversa con ella.

Por: María Paula Sarria Murcia

 

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Es incómodo tratar de buscar diversas maneras de decirle que para este caso requiero de su ayuda. Digo incómodo porque, sí, es cierto que para la mayoría de los sucesos acudo a ella, pero para esta clase de actividades no lo hago desde que estaba en octavo de bachillerato, cuando no sabía ni estructurar una exposición o cuando mis errores de ortografía eran lo peor. Es increíble cómo pasa de rápido el tiempo y cómo las cosas van cambiando.

Ese jueves sabía que se sentía extremadamente agotada, lo sabía porque es común en ella tratar siempre de dar lo mejor cada día. Estaba a punto de irse a la cama, pero la frené en el pasillo y simplemente dije: necesito que me respondas algunas preguntas, te escogí para mi primera entrevista”. Con un gesto neutro y cálido me miró fijamente a los ojos y simplemente algo extrañada cuestionó: “¿Y eso? ¿De qué se trata?”. Le contesté con una sonrisa de lado que nos sentáramos en el sofá y le expliqué.

Le formulé una clase de preguntas, algunas muy generales y comunes y otras más íntimas. Llegué a realizar aproximadamente tres grabaciones por petición de ella; fue un momento inoportuno, pero agradable junto a mi madre. Sé que ella no entiende por qué la elegí. Mi explicación es muy vaga en comparación con lo que en realidad pensé y sentí cuando la escogí.

Mi madre es distinta, como cualquier otra, pero yo pienso que esto va más allá. En esa corta entrevista de veintitrés preguntas y claras respuestas, se ve como algo muy simple, pero esa no es la verdad.

Sé que cuando ella respondía algunas preguntas lo hacía involucrando el alma, como por ejemplo: “¿Qué crees que fue lo más complicado de tu adolescencia?”, a lo que ella contestó: fue crecer sin un padre a mi lado”. Desde los tres años mi madre perdió a uno de los seres que amaba inmensamente. A raíz de eso muchas cosas cambiaron, ella nunca hubiera querido que sus hijos pasaran por algo similar aunque así pasó, con la excepción de que el mío no murió.

Con dieciocho años se propuso superar cualquier límite que se atreviera a obstruirle el paso, salió adelante con la ayuda inconstante de muchos familiares y amigos, pero lo hizo siempre pensando en mi futuro y en mi bienestar. Eso es algo de admirar. 

 

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Entre ella y yo nunca ha existido lejanía, a excepción de los once años que vivimos separadas, pero no me refiero a esa clase de lejanía física, sino emocional. La relación de madre e hija que surgió desde el momento en que nací, aunque fue algo complicado por la edad y la situación en la que se encontraba, se volvió muy fuerte y los lazos que nos ataban la una a la otra se tornaron irrompibles.

Mi madre, tanto en lo personal como en lo laboral, es considerada y vista como una de las mujeres más valientes, proactivas, perseverantes, humildes y amables. Es una persona entregada a su trabajo, pero poniendo siempre en primer lugar a su hogar. Cuida de sus hijos más de lo que se puede cuidar a ella misma y se destaca por ser una de las mejores en todo lo que se propone.

Ella me comentó que primero había querido estudiar Medicina y posteriormente quiso entrar al ámbito de la bacteriología, pero al final, al quedar entre las primeras de la lista de admisiones de la Universidad del Cauca, decidió aprovechar su oportunidad y se dedicó a estudiar Derecho.

Edna Rocío Murcia Lasso es una abogada sociable y dispuesta siempre a aprender. Durante diez años ha ejercido su profesión como funcionaria pública. La gente siempre le guarda cariño, ya que aparte de lo laboral procura brindar un buen y correcto consejo. Tal cual como lo dijo; de alguna manera doy una voz de esperanza y aliento a cada persona que acude a mis servicios”. 

Es alguien digno de considerarse un ejemplo para sus hijos. Estuvo a principios del 2016 entre la vida y la muerte a consecuencia de un tumor, pero luchó tanto por ellos que logró vencerlo y ayudarnos a superar la faceta tan cruel por la que tuvimos que pasar familiares, amigos y nosotros (mi hermano menor y yo). Sé que al nombrar la palabra “familiares”, automáticamente se entiende que mi hermano y yo hacemos parte de esta, pero aparte de ser así, nos consideramos mucho más que eso: somos su luz y su motivación, su motor y quienes inspiran su vida.  

Con base a todo lo que he visto y he vivido lejos y junto a ella, mi intención desde hace un tiempo consiste en hacer que todas esas cualidades que la caracterizan se vean reflejadas en mí y aunque no compartamos los mismos gustos en cuestiones de profesiones, la disciplina y honestidad son igual de importantes para cada faceta vital y, por consiguiente, para cada faceta personal.

Sí, admito que estos últimos dos años y medio juntas han sido algo complicados, algunas veces hasta los hemos llegado a considerar un calvario, pero el amor sigue intacto.