El universitario

Acostado boca arriba y con su mirada perdida hacia el infinito, narra cómo ha sido su vida desde que se mudó del pacífico nariñense hacia la ‘sucursal del cielo’ huyendo de la violencia y en vez de paz se vio envuelto en el mundo de las drogas. Hoy pretende dejar todo atrás y empezar de cero, pero sus acciones dejan entre ver que la senda académica que recorre no es la indicada, no es la que le gustaría recorrer.

Por: Julián Villarreal

El universitario 1

A sus 19 años las canas resaltan en su cabello ensortijado, su delgadez no es propiamente genética y sus ojos a simple vista alegres, denotan un profundo vacío, el cual intenta llenar con la música, la cual aparte de la marihuana y el perico, es la única cosa que le dan paz y alegría.

“Yo no huelo ni fumo todos los días, relajáte”,  me dice Eddison* cuando le reclamo porque anda con los ojos chiquititos, apacibles y risueños. Le digo que yo no necesito fumar ni ‘oler’ para estar feliz, que hay que aprender a vivir con los pies en la tierra. “Dele gracias a Dios, socio”, me contesta con una sonrisa marcada.

A la edad de dieciséis años y en plena flor de la adolescencia, Eddison debió abandonar Tumaco, su tierra natal, pues fue amenazado de muerte.

Unos manes se me acercaron con un revólver y me preguntaron que si yo era Eddison, luego me dijeron que por haberme vacilado a una pelada me iban a  matar, porque la vieja tenía novio y el man andaba ofendido conmigo. Ese día me asusté arto y pues con mis cuchos tomamos la decisión de que me tenía que ir a estudiar a otro lado.

A Cali llegó un hombre a medio criar, con ganas de vivir y con ambiciones económicas; las mismas que lo llevaron a ganar dinero fácil por medio del tráfico de drogas.

A mí nadie me metió en esto, ¿si pilla? Uno en Cali, en plena ‘olla’ del Alfonso López, mira muchos ‘visajes’ y pues me di cuenta que podía ganarme las ‘lucas’ suave y empecé en el negocio.

La primera vez me pusieron a transportar la ‘mercancía’ dentro la ciudad y me gané ‘un palo’ suave, entonces me pareció bacano. La plata me la gastaba en mis cosas personales, en rumba y pues, también en el autoconsumo.

Los padres de Eddison mantuvieron desde el principio una comunicación telefónica constante con él. Según ellos, el joven asistía al colegio con los inconvenientes comunes y corrientes de cualquier pre adolescente. Realmente desconocían la deserción escolar de su hijo y, peor aún, las labores ilícitas que clandestinamente realizaba.

En compañía de su primo Franco, Eddison se encerraba en la alcoba a consumir cocaína y a fumar marihuana. Una mezcla de electrónica, rap y hip hop los transportaba quien sabe a dónde.

A uno el tiempo casi no le corre cuando está así, ¿si pilla? Mi tía nos golpeaba la puerta y nos gritaba: ya están metiendo esas cosas otra vez, ¿no? Entonces Franco y yo prendíamos velitas de incienso pa’ camuflar el olor, y al rato salíamos. Pero nada, las ‘cuchas’ ya lo conocen a uno y pues ella sabía cuándo Franco esta ‘huelido’.

Franco permaneció algunos meses en una correccional de menores. Su madre le pidió que se internara para que dejara las drogas y se pusiera a estudiar.Hoy en día Franco no ha terminado la secundaria.Quizá las ambiciones de Eddison se toparon con el ocio interminable de Franco y lo introdujeron más en las drogas.

Sin querer mencionar el día ni la hora, Eddison comenta que fue capturado transportando 17 gramos de cocaína y un maletín mediano lleno de marihuana, en la vía que de Cali comunica con Jamundí, Valle del Cauca.

Por andar ‘cangureando’ la moto llamamos la atención de los ‘polochos’ y pues ahí me cogieron junto con otros parceros. Me hubiese podido pasar detrás de un bus, de esos grandes de viaje, pero pues no lo hice y pailas”, relata quien desde aquel día dejaría de ser aquel estudiante colegial que sus padres creían.

 Los días en una correccional son… uf parce, es que no me gusta hablar de eso, ¿pilla? O sea, es como estar en un colegio pero no podés salir. Te separan por bloques según el delito y los hombres aparte de las mujeres.

Permaneció interno un año y ocho meses. Su comportamiento allí dentro no fue el mejor, razón por la cual no le dieron la libertad con anticipación.

Cual tronco de madera labrado tiene parte de sus brazos y piernas.Las cicatrices de peleas a cuchillo, lapicero y tenedores le recuerdan cada vez que se ve al espejo que no hace mucho fue convicto, sin mencionar los tatuajes que él mismo, con muy mal pulso, se realizó mientras purgaba culpas en el lugar.

Me abrazaba fuerte y mientras me agradecía no dejaba de llorar. Mi camisa se mojaba con sus lágrimas y mis manos confundidas no sabían si apretar con la misma intensidad que él lo hacía o simplemente soltarlo. Era una despedida; no pudo con su adicción y decidió regresar a Tumaco junto con sus padres, quienes lo internarían nuevamente en un centro de desintoxicación por voluntad propia.La paranoia lo estaba consumiendo.

Sentía que todos a su alrededor lo tachaban de peligroso. Por ello no abordó el autobús y a media noche llegó a mi casa tembloroso justificando que los demás pasajeros le querían hacer daño. Al día siguiente se marchó nuevamente en horas de la tarde, pero tampoco abandonó el terminal. Esta vez amaneció en el lugar charlando de su vida con una oficial de la policía. Supe que en horas de la mañana su padre lo recogió y lo llevó a casa.

— ¿Cómo vas parce? Me escribió dos días después, agradeciéndome por todo y contándome que ya estaba en casa con su familia. No pude contener el llanto de la emoción que sentí. 

El universitario 2 

Me dejó el arsenal que usaba para transportar la droga y en medio de sus afanes olvidó un buzo negro, el cual asegura que le encanta y me pide que le guarde limpio para cuando regrese nuevamente a Popayán a terminar la universidad.

El universitario 3

* Nombre cambiado para proteger la intimidad del personaje.