09 de abril de 2021

Un amante de la iridología

Por medio de la lectura y la educación, Fernando Holguín se ha especializado en entender el cuerpo humano a través de la observación del iris. Considera que la medicina y el cuidado deben tener como base los alimentos y que por eso las acciones valen más que las palabras. 

Por: Santiago Prieto Fernández 

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Es bastante sencillo encontrar alternativas a la medicina hablando con la gente. Es común escuchar de resultados y, así mismo, encontrar charlatanes de los que leen el futuro y llenan de mentiras. Este caso es distinto. Esta vez está en frente un hombre que ha sido médico de muchas familias, de muchos médicos también, alguien que ha encontrado su pasión en la salud.

Fernando Holguín Valenzuela es un empresario e iridólogo de 69 años. Su labor consiste en diagnosticar a las personas observando su iris, ya que, como él asegura, en este se puede ver el reflejo de cada sistema y órgano del cuerpo humano. También receta a las personas unos productos naturales que se producen en Estados Unidos. Entre confesiones sobre la oportunidad de negocio que vio en la salud o el poco conocimiento que tenía de anatomía cuando entró a ese campo, demostró que su ambición por el dinero no era una prioridad. “¿Qué se necesita para llegar al éxito? Enamórese de lo hace y venda el amor que usted siente por ello”, dice. Y luego complementa: “No venda el producto, no venda el conocimiento, venda el amor que usted siente”.

Holguín considera que la medicina común es la que debería llamarse alternativa, no la medicina natural, pues él remonta a Hipócrates y cuenta que la medicina y el cuidado del cuerpo deben tener como base los alimentos, tal como la medicina natural. También dice que, aunque tiene mucho respeto ante todos los médicos, no es correcto creer ciegamente en los laboratorios y que “la medicina se convirtió en un tapa-síntomas”.

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¿Cuál fue su primer acercamiento con la iridología?

De pronto me hablaron de que en el Huila había un médico que era iridólogo y que veía enfermedades a través de los ojos. Entonces comencé a investigar, comencé a versarme y lo traje. Su nombre era Diomedes Guzmán.

¿Usted considera que estaba destinado a ser iridólogo?

Yo diría que, utilizando la palabra más del Chavo, fue como sin querer queriendo, pues porque realmente me he sentido ávido. Dije yo: me dan ganas de estudiar medicina. Pero ahí ya tenía 50 años, allá en la universidad me van a decir el abuelo. Y si hubiera estudiado medicina creo que nunca hubiera encontrado este mensaje.

¿Cuál es la ética de su labor como iridólogo, pensando en que trata personas sin ser un médico titulado?

El juramento de nosotros no es el juramento hipocrático, el de los médicos naturistas es: “No le prometa a nadie que se va a curar, no le prometa a nadie que se va a poner mejor, humildemente enséñele el camino de limpieza y depuración para que ese paciente lentamente encuentre su verdadero ser”. Ese es el juramento.

¿Cuál es la influencia de Dios en su vida y en su labor?

Mucha. Llega un momento en que uno en todo ve marcado a ese gran arquitecto que hizo un cuerpo para nunca enfermar. Cuando uno comienza a estudiar el sistema inmunológico se queda impresionado de todo lo que el cuerpo hace. Yo todos los días me aferro más a él.

¿Hay algo que a usted no le guste de su labor como iridólogo?

No, la verdad no. La fábrica de la compañía Nature Sunshine se encuentra en Salt Lake City. Y lo que me enamora de esto es que las acciones de la empresa hablan más duro que las palabras, muchas veces me acojo a mis pacientes y lo que me enoja a mí es encontrar personas fanáticas, que “por aquí es que usted llega a la salvación”, y yo he llegado a la conclusión de que no hay ni una menos, ni una más, sino que donde usted esté hágalo bien. Una de las cosas que me enseñó la medicina alternativa es ser imagen de lo que yo pregono, yo tengo 69 años y hago deporte todos los días. Desde hace 30 años mi concepto es: tómese un vaso de agua con clorofila en ayunas y cómase una fruta, y nunca fallo. Siempre digo: No tengo más, pero sí soy más. Soy imagen para mis hijos, y la vida es muy rica cuando uno duerme, cuando uno piensa, cuando su cerebro está trabajando bien, y eso es calidad de vida.

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¿Cuál es la experiencia que más le ha sorprendido durante su labor?

Un muchacho, se llama Sebastián, lo trajeron de San Pedro, Valle. Era un muchacho como de siete años y el estómago, desde que nació, le crecía y le crecía, y el pene, los testículos, y salió en el periódico Q’hubo, en la primera página, y decía: “La triste historia de Sebastián”. A ese muchacho lo trajeron, había estado en Bogotá, Medellín, en un seminario de médicos y no encontraban el porqué, aunque mucha gente hablaba de que era un tumor. Entonces yo le tomé la fotografía al iris de ese muchacho y en él vi más fortalezas que debilidades. En la parte del estómago no encontré nada, pero encontré como unos cuatro anillos nerviosos que llegaban al riñón, pero el riñón no estaba dañado. Entonces fui a donde la mamá y le dije que me contara la historia de Sebastián. Ella me dijo: “Tenía como seis meses de embarazo y pinté sangre, mi esposo me puso una inyección para planificar, porque se supone que me había llegado la menstruación, había pintado sangre, y ese niño nació como de siete meses, yo le tenía miedo a mi esposo”. Entonces ella impartió al niño ese miedo, y el miedo impacta en los riñones y los bloqueó. Eso es lo que la medicina no cree, muchas cosas que no se ven… gente que se ha enfermado por sentimientos. Entonces había un producto de Nature Sunshine. Y yo le mandé eso al niño. Él desbloqueó los riñones, comenzó a orinar y comenzó a desinflársele el estómago. Luego salió en la prensa: “Sebastián es un niño feliz”, pero ya no salió en la primera página porque las noticias buenas no se venden.

¿Usted se hará vacunar contra el Covid?

Si, me haré vacunar. En verdad es un concepto muy homeopático. Van a coger este virus y me lo van a meter manejable, estudiable y dominable. Y no me va a matar, para nada.

¿Qué piensa de la Organización Mundial de la Salud?

Desafortunadamente, igual que la FDA, son mundos que se crearon con conceptos, más de dinero, que de ayuda a la humanidad. Con las vacunas estamos viendo que los que tienen prioridad son los países más ricos. Entes que de pronto nacieron con la mejor de las intenciones, pero al final del camino se degeneran y desafortunadamente son invadidos por la avaricia.

¿Qué opina de los remedios que se difunden en las redes como el dióxido de cloro?

Realmente yo he tomado dióxido de cloro. O el concepto del doctor Klinger del interferón, que lo que hizo fue meterlo en un concepto homeopático, sublingual. Guerra es guerra, y cualquier hueco es trinchera. El dióxido, el interferón, todas estas cosas han servido. Y todo lo que no mata, al final del camino engorda. Ahora están sacando un suero bovino en Argentina, anticuerpos de los caballos, y ya lo están formulando para las personas que tienen el virus. Desafortunadamente ahí entra la FDA y la OMS y ellos son financiados por los laboratorios. Ellos son los dueños del mundo y manejan billones de billones de dólares.