06 de diciembre de 2020

Sueño paraíso: eco-destino de cielo y tierra 

La diversidad natural hace parte de este proyecto al occidente de la capital caucana, ofreciendo espacios de formación y recreación para chicos y grandes. De igual modo, se fomenta la conservación del medio ambiente y el gusto por temas astronómicos y de naturaleza.  

Por: Angélica Aley Moncada 

Fotografías tomadas de: sueñoparaiso.com

 

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Con el fin de transformar su vida en un espacio de diversidad natural, Patricia Ordoñez, ecóloga y coordinadora del programa de educación ambiental de la Corporación Regional del Cauca, CRC, decidió trasladarse de la ciudad a la periferia del occidente de la capital caucana, exactamente en la vereda Cajete. 

Ordoñez buscó una finca que cumpliera con todos los requisitos ambientales y que contara con todos los ecosistemas posibles para poder, así, hacer su propia escuela demostrativa en campo ya que veía necesario impulsar procesos educativos para concientizar al pueblo payanés. “Lo primero que hice fue organizar un auditorio para dictar mis clases, las gradas del sendero, la creación de las cabañas de hospedaje, el observatorio y algunas cosas más, solo con mis recursos, ya que no tenía ningún otro apoyo económico. Pero lo más importante es la labor cumplida y eso me da mucha felicidad porque es un espacio para todos, sobre todo para que los jóvenes disfruten y tengan otros enfoques que aporten a sus vidas”, comenta. 

En el año 2002, Patricia y su su hijo Sebastián Cajas Ordóñez inician una nueva etapa llamando a su nuevo hogar “Sueño Paraíso”, un proyecto de eco-destino que a futuro permitiera diferentes dinámicas dirigidas a chicos y grandes. Este lugar incluye en sus instalaciones un espacio para un observatorio astronómico llamado hoy Observatorio Astronómico Francisco José de Caldas, un proyecto que nace a partir de la asistencia de Sebastián a un taller de la fundación Caldas, al cual asistió con mucho interés por el tema pero que no llenó sus expectativas. “Me dijo ‘mami, fue muy aburrido, la explicación solo fue con una tiza y un tablero y yo quería mirar las estrellas’. Entonces llamé a los profesores y les ofrecí mis instalaciones para hacer astronomía, además de la educación ambiental”, agrega Ordoñez. Así, crearon este sitio con los mismos esfuerzos económicos de su trabajo, e inspirados por Carl Sagan logran ver no solo estrellas, también soles, lunas y otras tantas cosas más que el universo les regala. 

Hoy, dieciocho años después, el Eco-destino Sueño Paraíso cuenta con diferentes aristas de trabajo que han permitido el desarrollo personal y profesional de las personas que hacen parte de él y de las comunidades de algunas zonas rurales del municipio. A la par, Patricia dedica su tiempo, sus esfuerzos y sus luchas económicas en la mejora de un espacio óptimo de aprendizaje y esparcimiento para el cuerpo y el alma.

 

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Paula Andrea Grijalba Ángel  integrante de AESS Unicauca, menciona que ser parte de Sueño Paraíso es una experiencia renovadora que permite desconectarse de la ciudad y de la vida cotidiana. “Soy estudiante de geografía y una aficionada a la astronomía, así que en sueño paraiso puedo aprender y poner en práctica mis conocimientos, eso es algo que hace muy especial y único este lugar en que podemos trabajar en equipo para generar interés en nuestra sociedad en los temas de naturaleza y astronomía”, dice. 

Alrededor de Sueño Paraíso, Patricia Ordoñez trabaja también con el turismo de naturaleza comunitario junto con el grupo de la ruta del maíz y el grupo de Cajete, la vereda verde. A partir de ahí se han enlazado algunos destinos que han querido unirse y formar la primera ruta de turismo comunitaria, con la cual han participado también en el mercado orgánico para la comercialización de productos saludables que es ahora muy reconocido en la capital caucana.

La propietaria de Sueño Paraíso comenta que en el año 2019 se recibieron más de 500 extranjeros que evidenciaron el proceso del maíz y sus derivados, y resalta la importancia de esta labor que no solo está beneficiando a su Eco destino sino también a toda la comunidad que trabaja desde sus casas o sus fincas. “Los proyectos de turismo de naturaleza aportan a la comunidad en la parte económica, además del fortalecimiento de aprendizajes y dinámicas educativas que cambia cien por ciento la mirada hacia sus fincas y la protección del ambiente”, asegura. 

Para esta educadora del ambiente ha sido fundamental el apoyo y el aporte de su hijo Sebastián en el campo de la astronomía, quien desde muy joven se hizo cargo del observatorio y de la interpretación del mismo. El joven, egresado del programa de Ingeniería Electrónica y Telecomunicaciones de la Universidad del Cauca, inició en Sueño Paraíso con la clase del sol y en adelante sorprendió a los visitantes con su fluidez y conocimiento por los temas de la ciencia. 

 

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Con el paso del tiempo, Cajas logró ampliar sus conocimientos y además compartirlos no solo en Popayán sino también en el exterior mediante voluntariados a los que asistía en las vacaciones universitarias. No obstante continúo en su labor con el observatorio astronómico con el apoyo del grupo Andrómeda y unos años más tarde con AESS Unicauca, un amplio grupo de jóvenes universitarios que trabajan y contribuyen a la investigación y al desarrollo de las tecnologías, la salud y las ciencias espaciales. 

“Ha sido un proceso sumamente enriquecedor, gracias a que es un grupo multidisciplinario  donde todos podemos aportar a una idea o  a un proyecto, inclusive a una generación de cambio, esto nos permite sentirnos valiosos y en confianza con nuestras capacidades”, manifiesta Paula Andrea Grijalba.. 

Hoy, el grupo de AESS y grupos nacionales y extranjeros se suman al voluntariado de Sueño Paraíso para continuar con la interpretación de las noches astronómicas y del trabajo de la finca.  Actualmente este eco destino se une en el trabajo del Plan Pacífico de la RAP, proyecto de regalías con el cual organizan una ruta que es llamada Volver a mirar al cielo. El recorrido empieza en la vereda Santa Ana uno, en la finca La Virginia, donde se hace avistamiento de aves y pintura de la naturaleza; en otro punto hacen las arepas de maíz, luego visitan una fábrica de velas, luego una fábrica de caña de azúcar y otra de café orgánico; luego pasan por otro punto donde se disfruta de la música y la danza, y por último se llega a Sueño Paraíso.

“Esperamos recursos económicos y de trabajo humano que se sumen a esta iniciativa de turismo y astronomía en Popayán. Sin embargo, somos un eco-destino afortunado: llegan muchos voluntarios desde diferentes países del mundo y ha sido muy importante su trabajo y su tiempo dentro de este espacio”,  concluye Patricia Ordoñez. 

 

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