04 de diciembre de 2020

Asentamiento Sinaí: vivienda digna para la paz

Familias afectadas por el desplazamiento, el olvido, la pobreza y hasta el conflicto armado, hacen parte de la lucha por la vivienda digna y de prioridad en el norte de la ciudad de Popayán. El objetivo: consolidar procesos para chicos y grandes en los cuales obtener una mejor calidad de vida.

Por: Angélica Aley Moncada

Fotografías tomadas de Asentamiento Sinaí 

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A partir del terremoto de 1983 se trazó en Popayán una división entre residentes e inmigrantes. Estos últimos, frente al nuevo panorama que vivía la ciudad, decidieron erigir humildes construcciones en terrenos públicos o privados con el fin de buscar una oportunidad de vivienda para sus familias. Es así como nacen los asentamientos en las periferias de la ciudad blanca.

Estos nuevos procesos redimensionaron a la capital caucana y a sus dinámicas sociales y de lucha. La época visibilizó a líderes y lideresas que trabajaron en pro de estas iniciativas de construcción de una nueva Popayán, aislada de los tradicionales patrones sociales y culturales. En la actualidad la capital cuenta con una población de 318.059 habitantes según el DANE, pero hay quejas en el sentido de que no se logró censar a más de 40.000 personas correspondientes al 12.8% de la población, por tres factores: viviendas con personas ausentes, sub enumeración en los hogares, y zonas no visitadas e incompletas. Así lo menciona Ronald Macuace en su texto Popayán Regional: “Popayán enfrenta a la construcción de una ciudad dual, a partir de un urbanismo de inequidad y generador de conflictos: por un lado la ciudad que crece con los parámetros socialmente aceptados de calidad de vida”.

 

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Sinaí

Con el paso de los años muchos de los asentamientos han logrado constituirse como barrios, transformando así sus dinámicas y su participación en las mesas de trabajo del municipio. No obstante los asentamientos no han desaparecido, por el contrario fortalecen sus luchas y mejoran las propuestas de vivienda. Uno de los asentamientos reconocidos en la ciudad como proyecto modelo es el asentamiento Sinaí, ubicado en el sector de las Guacas, al norte de Popayán.

El asentamiento Sinaí se creó el 25 de junio del año 2019 en el lote Santa Isabel las piscinas, con el propósito de recuperar ese terreno para las comunidades después del desalojo del mes de mayo. Wilson Andrés Cano Martínez, vocero del asentamiento Sinaí, dijo que esa recuperación de predio motivaría nuevamente a todas las personas pertenecientes al proceso que ante todo lo sucedido vieron frustrada su necesidad de vivienda. Tras este suceso 25 familias conformaron un campamento humanitario por la vivienda digna y a partir de ahí se movilizaron durante algunos meses más. Tras un proceso de ocupación de tierras en el mes de agosto surgió la oportunidad de coordinar e impulsar el proyecto de Los sin techo. 

“El proyecto es básicamente la unión del asentamiento Sinaí, junto con los compañeros de Corpo Techo que es una organización que aparece después de la ocupación del mes de agosto y también los compañeros de Aso Comuneros que vienen de un trabajo de más de tres años con el movimiento de arrendatarios. Esas tres organizaciones componen la organización Los Sin Techo y dentro de esa coordinación como asentamiento Sinaí hemos venido generando elementos de unidad, impulsando escenarios de lucha colectiva y de movilización junto con otros compañeros”, dice Cano. 

El asentamiento cuenta actualmente con 410 familias activas, 310 de ellas ya residen en este terreno y las 100 restantes están en la dinámica de construcción de su espacio. El vocero comenta que las condiciones para estar aquí son estar en la dinámica de la lucha e irse a vivir al asentamiento, no estar teniendo lotes de engorde ni lotes que no estén teniendo un funcionamiento, o con intenciones de comercio.

—La vivienda es para quien la necesita y la tierra para quien la trabaje —agrega.

 

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Asentamiento modelo

El asentamiento Sinaí se ha caracterizado por su organización y coordinación en proyectos de vivienda que abarquen la formación social, cultural y de aprovechamiento de la tierra. Es por eso que cuenta con seis líneas de trabajo: mujer y equidad de género, derechos humanos, trabajo con los jóvenes y la cultura, trabajo con el medio ambiente y la salud, y también el comité de guardia y soberanía alimentaria. “Tenemos unos muy buenos líderes y de esa misma manera una buena coordinación. Esos líderes nos han ayudado en formación y estamos dando un ejemplo de orden. Puedo decir que es un asentamiento ejemplo y reconocido a nivel local y nacional”, afirma Rut Bermeo, responsable de comité de DDHH y de la huerta comunitaria.

Las mencionadas líneas de trabajo se han fortalecido a partir de la emergencia sanitaria del COVID-19. Esto se evidencia, por ejemplo, con la implementación de la vigilancia comunitaria o guardia comunitaria, como ellos lo llaman. También cuidando de la salud de quienes residen en el Sinaí. Gracias al comité de salud, con las enfermeras que hay dentro del asentamiento, además de la articulación con la secretaría de salud, se han generado protocolos de bioseguridad para cada una de las familias. “Hemos tenido tres casos de covid y hasta ahora lo hemos manejado de manera comunitaria, es decir, que la cuarentena se haga de la forma adecuada y con el apoyo de la comunidad, con mercado y elementos de uso diario que aporten a su cuidado y al mejoramiento de su salud”, afirma Cano.

Agrega también que han impulsado el proyecto de huerta comunitaria y de huerta casera, que cuentan con dimensiones de 30 mts. por 13 mts., y de 12 mts. por 13 mts., respectivamente. La huerta comunitaria se encuentra ubicada en la parte de atrás del asentamiento y tras la disminución de los ingresos a causa de la pandemia, esta propuesta de soberanía alimentaria ha permitido solventar necesidades. Además, pretende articularse a la red de huertas comunitarias y poder desde allí empezar la producción de alimentos que garanticen el consumo y el comercio de familias conformadas por estudiantes, amas de casa, desplazados y vendedores ambulantes, entre otros.

Bermeo fue una de las primeras personas que ingresó al comité de las huertas comunitarias, pues vio allí una oportunidad económica para su vida, además de complementarla con la soberanía alimentaria del asentamiento. Ella comenta que con el trabajo de la comunidad se ha logrado sembrar hasta el momento la tercera parte de la huerta donde además trabajan con todo lo orgánico que sale de las familias. “En mi caso tengo sembrado en mi huerta la cebolla, tomate, papa, maíz, yuca y es de intercambio, mis vecinos cosechan unas cosas y yo otras, así nos repartimos de a pocos y la soberanía nos ha permitido generar algunos ingresos.  No da un gran sostenimiento pero si nos da para vivir y frente a la huerta comunitaria nos ha enseñado la armonía, la unión, en la bioseguridad, en la guardia y nos ha generado unos buenos resultados”, afirma Bermeo.

Wilson Cano cuenta también que han coordinado un pliego de peticiones para la alcaldía municipal. “Hasta ahora hay una voluntad para el diálogo, y estamos a la espera de que salga el decreto reglamentario y así empezar el trabajo de instalación con todas las garantías logísticas en la mesa de la vida y la vivienda digna en Popayán”, concluye el vocero

El objetivo de Los sin techo es construir un modelo de ecobarrio, una propuesta amigable con el medio ambiente en el que se priorice el diálogo y la construcción de la paz con justicia social en la puedan tener una vivienda digna. Para la coordinadora de derechos humanos del Sinaí, esta debe ser una prioridad en los planes de gobierno dentro de los lineamientos de interés de vivienda prioritaria en la ciudad de Popayán.