23 de noviembre de 2020

Teatro Anarkos: días de cine

Había mucho movimiento en torno al Teatro Anarkos, un lugar emblemático de Popayán en la segunda mitad del siglo XX. Mas allá de los estrenos cinematográficos, se constituía en lugar de encuentro y dinamizador del comercio en el centro de la ciudad. Algunas personas aún guardan la remota esperanza de que pueda ser recuperado.

Por: Angélica Aley Moncada

Fotografías: Jose Luis Gómes Ramírez

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Oscar Eduardo Potes recuerda con nostalgia que en el Teatro Anarkos vio películas como King Kong y Alien, el octavo pasajero, o filmes de Chaplin cuando ya el teatro tenía en las noches un cine club llamado Cine Arte Nueva Imagen. El hoy profesor universitario y productor audiovisual considera que ese espacio fue muy importante en su formación y le permitió disfrutar de muchos momentos frente a la gran pantalla “Recuerdo también haber visto Taxi Driver, vi ahí una película muy bella que se llama Rain Man y otras películas de los años ochenta, algunas en sus estrenos y otras después”, dice.

Pero, sin duda, él no es el único que tiene buenos recuerdos de aquella sala de cine ad portas hoy de la demolición. Cualquier payanés que haya pasado la treintena de años podría hacer una lista exhaustiva de películas que vio en aquel teatro y describir las largas filas y el entorno festivo que se formaba alrededor.

 

Un poco de historia

El Teatro Anarkos fue diseñado como un espacio de proyección cinematográfica, además de otros usos culturales ya que este contaba con una gran tarima, algunos vestidores en la parte posterior y unas entradas adicionales en el edificio sobre la carrera séptima del centro de la ciudad. Cerró en el año 2009 y cuenta con poca información de la época de funcionamiento, solo algunas fechas que coinciden en investigaciones, libros, recortes de revistas e internet y las historias de la generación que llegó a disfrutarlo.  

El primer centro comercial del país se instaló en la manzana 99 de la ciudad de Popayán, con unos primeros diseños realizados en el año 1966. Posteriormente, en 1971, se inaugura este espacio sui géneris que agrupaba en una sola edificación viviendas, oficinas, locales, con un sótano parqueadero y un gran teatro con 1.106 sillas del que hoy solo quedan vestigios e historias en la mente de quienes asistieron a él. La manzana 99 cuenta con algunos datos y cifras pero del teatro solo historias y anécdotas de adultos de hoy que fueron espectadores asiduos o también de algunos jóvenes que alcanzaron las últimas funciones.

La familia Vera Carmona fue una de las primeras en ocupar un espacio dentro del centro comercial Anarkos con su heladería justo enfrente del teatro. Hoy Girlesa Vera Carmona, hija de Gregorio Vera y Ligia de Jesús Carmona, cuenta que llegaron a este espacio ya que su padre fue quien trajo las películas por primera vez a los teatros de la capital caucana. “Mi padre trabajaba para una empresa de películas que se llamaba el Circuito del Cine Cajiao, y este llega a inaugurar el teatro Anarkos, el teatro Palacé y el teatro Valencia. En 1974 mis padres decidieron colocar una heladería que tuvo funcionamiento hasta el día que cerró el edificio, por esa razón tengo conocimiento y apego porque toda mi vida la hice ahí”.

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Sitio de encuentro

Una diversidad de sensaciones y opiniones son las que expresan aquellos que pasaron por este teatro, como lo cuenta Potes, mientras recuerda cómo su infancia y adolescencia fueron marcadas por este lugar: “El teatro Anarkos era una sala muy grande, en el colegio nos llevaban y disfrutamos del cine de la época que nos traía Cine Colombia, entonces llegaban todos los estrenos a ese teatro, por lo tanto hay muchos recuerdos de los amigos, de los encuentros con esos amigos, de la comida”. También dice que la arquitectura era muy bonita, con un cielo raso de madera muy bello, con luces que se colaban por el techo y que reflejaban sus colores entre los paneles: “Aquello le otorgaba entonces mucha gracia a ese cielo raso y yo me quedaba encantado mirándolo”, comenta.

El 28 de diciembre de 1992 la administración municipal decidió dejar al teatro Anarkos como un bien de uso público, inembargable e inalienable para el uso cultural y así continúo hasta el año 2009 con sus distintas proyecciones. ”Yo recuerdo que el cine era algo muy motivante, recuerdo que había matiné desde las 10 de la mañana hasta las 10 de la noche, iba mucha gente muy arreglada para cine. Recuerdo también que muchas mamás llevaban a su hijos y pasaban al local de mi mamá y le decían “ese es mi niño”, y ellas se iban a mercar o hacerse las uñas, y cuando los niños salían, esperaban a sus madres en la heladería de mi mamá o ellas esperaban ahí a sus hijos mientras se terminaba la película”, asegura Carmona.

Muchos recuerdan el Teatro Anarkos como un sitio de encuentro para Popayán y que era todo un icono para ellos. Además contaba a su alrededor con  varios negocios que visitaban antes o al salir de sus películas. “Ahora pienso que hay que conservarlo y yo pensaría que la Alcaldía, siendo copropietaria del centro comercial y con una representación tan grande en su porcentaje, podría pensar en entregarle otra casa de cultura, otro sitio de cultura para la ciudad”, dice Beatriz Castillo de Tarlin, Directora Ejecutiva de Fenalco Cauca. “Alrededor de los teatros siempre hay el apalancamiento financiero a través del mecato y la comida que ofrecen a quien va a entrar a ver una película, entonces, en este caso no lo hacía el teatro propiamente pero sí impacta económicamente a las facilidades que tenía el tema de gastronomía alrededor del Teatro Anarkos de Popayán”, agrega.

Como usuaria y como dirigente gremial, Castillo de Tarlín considera que, de conservarse, el teatro sería un espacio y una oportunidad que se le daría al centro de Popayán para fortalecer su desarrollo económico y como un sitio de reconocimiento y localización. La ejecutiva de Fenalco da como ejemplo la dinámica generada en el centro comercial Terra plaza con las salas de Cine Colombia, que son espacios que atraen gente. “Una de las consideraciones que se hace en los estudios de la federación sobre los centros comerciales, es que un sitio de encuentro como un teatro genera para los establecimientos de comercio una dinámica de compra porque muchas veces antes de una película hacemos un recorrido por el centro comercial”, señala.

Hoy se buscan anclas que permitan reconstruir no solo la edificación, sino también la cultura, las historias, los momentos, los amigos, los comentarios buenos y no tan buenos de las cintas, de los recuerdos de lo visto. Y hay tristeza porque parece que la función, de una vez y para siempre, ya acabó.

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