02 de mayo de 2020

Voces perdidas de la manzana 99

El 12 de marzo de 2018, cerca de 800 comerciantes de la manzana 99, ubicada en el centro de Popayán, se vieron afectados por la decisión de la Alcaldía Municipal de clausurar el lugar por fallas estructurales. Las voces de esta crónica son una radiografía de la situación en el segundo aniversario del desalojo, dos semanas antes de iniciar la cuarentena. En la próxima entrega, esas mismas voces contarán cómo se ha agravado todo en medio del confinamiento. 

Por: Juan Pablo Castro Canencio

 

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Actualmente la manzana 99 en Popayán no es más que un edificio vacío, con un silencio rotundo. Las raíces del pasto han comenzado a surgir sobre el pavimento, los roedores han irrumpido en esquinas y rincones, convirtiéndolos en su hogar. El lugar está cercado por un muro de láminas metálicas con alambres de púa que cortan los recuerdos, como una pesadilla que no parece tener final y donde, desde aquel lunes 12 de marzo, quedaron atrapados miles de sueños. Poca memoria queda en estos tiempos sobre lo sucedido, siendo las paredes, con sus carteles, quienes evocan los tiempos de comercio y prohíben olvidar el clamor de quienes reclaman una solución.

 

Tragedia individual y colectiva   

Dos años después, María Victoria Salas abre su local religiosamente a primeras horas de la mañana. El trasegar de la gente por las calles hace olvidar el silencio que hay en los pasillos. Actualmente ella se encuentra en el pasaje “Manzana 99”. Con un sinsabor inmenso, María Victoria, una mujer de cabello castaño y voz pausada, ve cómo le es imposible alejarse por un instante de lo sucedido. “Me significó toda una vida de trabajo”, dice. Con la amabilidad que la caracteriza cuenta cada detalle de lo sucedido y con voz entrecortada y al borde de las lágrimas narra su historia en el que fue su hogar durante un largo periodo, truncado de una forma “inesperada y arbitraria”.

“Empecé hace más de 34 años, soy una de las fundadoras del Anarkos”, dice. No era más que unos pocos almacenes, en su mayoría bodegas, utilizadas por los comerciantes de las inmediaciones para guardar su mercancía en las noches. “Era una ratonera linda”, afirma. Los roedores merodeaban con frecuencia, igual que ahora. Sin embargo, se respiraba aires de optimismo y esperanza. “Mi hijo nació y creció en el Anarkos”, cuenta ella sobre Juan Pablo. “Él se crió con todos los ñeritos que venían a jugar pelota en la plazoleta”.

De igual manera, María Yakeline Hurtado, comerciante reconocida del sector, estuvo alrededor de 30 años trabajando en el Anarkos. No oculta su aprecio por él y lo define como su hogar. “El Anarkos significa mi casa, mi todo”, dice melancólica. Es una mujer de pelo rubio, con voz fuerte. Sin embargo, en esta ocasión se encuentra doblegada por la situación. “Mira como me pongo de eriza”, expresa mientras observa su piel, evitando cualquier conversación que involucre el momento del desalojo.  

Ambas mujeres coinciden en que extrañan aquellas mañanas en donde se discutía sobre viajes, el último partido de la selección Colombia o el tema del momento. Se construyeron lazos sólidos de amistad a partir de coincidir en un espacio y de compartir hábitos y pensamientos.

El Anarkos tenía un fuerte reconocimiento dentro de la comunidad. “Ahí se conseguía de todo “, dice Amparo Castillo, visitadora y posteriormente comerciante del lugar. Ella, con una voz tenue y sobrecogida por la situación, se queda en un silencio que parece eterno. “No me puedo expresar”, murmura. Aquel lugar fue su todo y a pesar del paso del tiempo no deja de pensar en ello. “El centro comercial fue mi trabajo, fue mi casa: era entretenimiento, era compañía, era familia, era nuestra vida”. 

Lo que más recuerdan del Anarkos los antiguos comerciantes del sector, como Viviana Sandoval y Alex Cerón, es la afluencia de público, el flujo incesante de personas. “Se vendía, era muy comercial, la mayoría de gente de Popayán transitaba por allá”, manifiesta Viviana. Por su parte, Alex dice: “Uno estaba ya acostumbrado a trabajar con mucha gente”.  

 

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Un suceso inesperado

En la noche del sábado 10 de marzo, los comerciantes cerraron sus puertas sin saber que sería la última vez. Cuando llegaba la noche, la cantidad de clientes comenzaba a disminuir, lo que indicaba que era el momento de una conversa y un pequeño café antes de salir.

El domingo se realizaron las elecciones al congreso, un hecho que en años anteriores nunca había afectado el funcionamiento del Anarkos, aunque no era común que muchos locales estuvieran abiertos. Curiosamente, en la víspera se les informó a los comerciantes que no podían ingresar al lugar ese domingo debido a los comicios. Ese fue el primer paso para un cierre que nadie vislumbraba. Con frecuencia, la clausura de la Manzana 99 era un tema que aparecía en rumores, sin embargo, siempre se habían diluido, quedándose solamente en eso, un incesante rumor.

“Nos pareció extraño que nos dijeran que nadie podía ir al Anarkos, que se iba a cerrar por las votaciones, cosa que nunca había sucedido. El lunes, cuando fuimos en la mañana a trabajar ya no nos dejaron entrar”, dice María Victoria. En primera instancia, organismos de gestión de riesgo afirmaron que fue por una leve explosión y el rompimiento de algunas baldosas al interior del recinto. Sin embargo, existían muchas especulaciones respecto al cierre.

“Llegamos a trabajar y todo estaba acordonado. Dijeron que se habían levantado unas baldosas, que no podíamos ingresar. Pasaron los días y luego tuvimos que desocupar”, dice Yakeline. Por otra parte, Socorro Muñoz afirma que “nadie sabe si lo que pasó fue cierto o provocado; uno no fue testigo de las cosas, pero hay gente que dice que nos quisieron sacar de allá”.

Todos los comerciantes coinciden en la conmoción que les produjo la clausura de la manzana 99 y las duras repercusiones económicas que han tenido que enfrentar. El Anarkos era una poderosa fuente de empleo. 

 

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Sin solución a la vista

El hecho generó una situación muy grave para Popayán: una ola gigantesca de desempleo tocó las puertas de una ciudad que no supo cómo remediar la emergencia, por lo que muchas personas quedaron en el limbo. Sin la oportunidad de tener un trabajo estable, llegaron los problemas económicos y emocionales. El caso más reconocido fue la muerte de Joaquín Troyano, administrador del Centro Comercial Anarkos, debido a una enfermedad potenciada a raíz del estrés producido por esta coyuntura. “Hay mucha gente que ha quebrado, que ha tenido que vender los negocios”, asegura Amparo.

Los damnificados se dedicaron a buscar locales descuidando el proceso de movilización surgido días atrás en pro de una pronta solución. Muchas personas se quedaron sin trabajo durante un largo periodo. Uno de ellos fue Alex Cerón. “Nosotros estuvimos más de un año buscando un sitio donde trabajar”, dice. Por otra parte, los dueños de edificaciones aledañas a la manzana 99 se aprovecharon de la situación y adaptaron espacios para arrendarlos como locales comerciales. Ante la desesperación, muchos afectados aceptaron desplazarse a estos lugares acoplados para el quehacer comercial. Sin embargo, en muchas ocasiones resultaron con mayores pérdidas: los precios de los locales eran exorbitantes y ahondaron más la crisis de los comerciantes. 

“Nos ha tocado conseguir locales en arriendo muy costosos porque la gente se aprovechó de la situación”, dice Yakeline. De la misma manera Rocío Navia considera excesiva la fuerte alza en los precios de los locales aledaños. “No estábamos preparados para salir a buscar locales tan costosos”, asegura la mujer. 

Pasados dos años de aquel día, los miembros de la manzana 99 son enfáticos: lo único que quieren en estos momentos es que les entregue el centro comercial, su segundo hogar. Pero, por el momento, esa parece una decisión inviable. 

 

“Prevenir antes que curar”

Hoy en día todavía es incierta la situación económica de muchos de los comerciantes que dejaron en la manzana 99 toda una vida de trabajo y sacrificio. Algunas personas aún no tienen idea de por qué fueron desalojados y otros simplemente ignoran o no creen la versión que en un primer momento dio la Alcaldía Municipal. La Oficina de Gestión de Riegos argumenta que, luego de sostener reuniones entre miembros de organismos de socorro, atendiendo una fisura que se presentó en la plazoleta del Anarkos, se decidió cerrar de forma preventiva la edificación.

“El 11 de marzo de 2018, sobre el medio día se presentó una fisura en la losa de la plazoleta del Centro Comercial Anarkos. De inmediato eso se reporta a los organismos de emergencia, quienes atienden en horas de la tarde ese evento y se convoca a una reunión técnica, al cual asisten bomberos, organismos de socorro y los encargados de la parte técnica y se determina hacer un cierre preventivo del lugar”, dice Germán Callejas, Jefe de la Oficina de Gestión de Riegos de Popayán. 

El cierre se realiza porque “en últimas nos interesa salvar vidas”, manifiesta Callejas. Por tal motivo se decide cerrar la manzana 99, mientras se realizaba un estudio técnico y comienza uno de los momentos más difíciles, la evacuación: cientos de personas, aglomeradas a las afueras de la manzana 99, hacen interminables filas para poder sacar su mercancía. No tienen un destino claro.

“Se les indica a los propietarios y a los que hacen uso del centro comercial que se haga una evacuación voluntaria, cosa que aceptan”, manifiesta Callejas. La evacuación fue el punto de partida para la realización de unos estudios estructurales para definir el estado del edificio.

 

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¿Qué dicen los estudios?

  El estudio se realizó con el objetivo de “evaluar el nivel de riesgo y la habitabilidad del Centro Comercial Anarkos”, asegura el informe ejecutivo realizado por la Universidad Nacional. Los resultados son plasmados en más de tres mil folios que evidencian la ausencia de una estructura sólida en la manzana 99. 

“El centro comercial no está en condiciones adecuadas de diseño ante las acciones sísmicas en la ciudad de Popayán”, dice dicho informe. La humedad, las fisuras y las modificaciones, producidas por ampliaciones de algunas áreas, son las principales causas del debilitamiento de la estructura. Además, el estudio resalta, que “el diseño no es adecuado para el uso que actualmente posee”. 

En el informe se destaca también la poca veeduría que ha tenido la edificación en materia estructural: “Las intervenciones que se le han realizado no han tenido ningún control. No hay licencias tramitadas o identificadas para modificaciones arquitectónicas. Las modificaciones a la estructura se han hecho sin permiso de las autoridades competentes”.

En el momento, según el informe, el edificio presenta problemas estructurales y de seguridad generado por una sobrepoblación en espacios reducidos, que no cuenta con medidas para evacuación, incendios o terremotos, por lo que se concluye el estado de la edificación como “no habitable y en riesgo de colapso”.

Se sugiere también, en vista del sin número de modificaciones y alteraciones arquitectónicas que ha sufrido la estructura, que “con el fin de reducir el riesgo de afectaciones a las personas y dadas las condiciones técnicas, sociales y estructurales que implican un reforzamiento del mismo es recomendable proceder con la demolición total de las edificaciones existentes”.

Tras dos años de verse afectados en su espacio laboral y su proyecto de vida, el 12 de marzo de 2020 los comerciantes de la manzana 99 esperaban una oportunidad para volver a comenzar, como hace décadas. Pero, a la ya crítica situación que afrontaban entonces, su sumó la pandemia del Covid-19 que ha hecho aún más dramática su situación.