14 de diciembre de 2019

Dos caucanos son nominados al VI Premio Biblioteca de Narrativa Colombiana

Subvertir equívocos, sacudir al lector

En la lista de once libros que optan a uno de los galardones literarios más importantes del país aparecen dos obras escritas por payaneses. A propósito de los nominados, Andrés Mauricio Muñoz y Juan Cárdenas pasaron hace poco por Popayán Ciudad Libro para presentar y hablar de Las Margaritas y Volver a comer del árbol de la ciencia, respectivamente.

Por: Juan Carlos Pino Correa

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Que la literatura escrita por caucanos goza de buena salud lo dice la inclusión de Las Margaritas, de Andrés Mauricio Muñoz, y Volver a comer del árbol de la ciencia, de Juan Cárdenas, entre los once libros nominados al VI Premio Biblioteca de Narrativa Colombiana que se dio a conocer en la presente semana. Los dos autores han ido consolidando su nombre en el ámbito de la literatura hispanoamericana durante los últimos años y han sido bien referenciados por parte de lectores y críticos.

Con el libro de cuentos Hay días en que estamos idos (2017), Muñoz fue uno de los tres finalistas de este mismo premio en su IV edición y finalista del V Premio Hispanoamericano de Cuento “Gabriel García Márquez”. Nacido en Popayán en 1974, es autor también de los libros Desasosiegos menores, Un lugar para que rece Adela y El último donjuán y ha ganado los premios de cuento de la revista Libros y Letras, de la Universidad Industrial de Santander y de la Fundación Gilberto Alzate Avendaño, entre otros.

Por su parte, Juan Cárdenas, quien nació en Popayán en 1978, ha publicado las novelas Zumbido, Los estratos, Ornamento, El diablo de las provincias y Elástico de sombra, y fue galardonado en España con el Premio Otras Voces, Otros Ámbitos 2014 y en Cuba con el Premio de Narrativa José María Arguedas 2019.

Ambos escritores estuvieron el pasado mes de noviembre en Popayán Ciudad Libro y hablaron sobre las obras que esta semana fueron seleccionadas para optar a uno de los premios literarios más importantes del país, cuyo fallo se dará a conocer el próximo mes de enero. En 2014, la primera edición del premio Biblioteca de Narrativa Colombiana fue ganado por otro payanés, Juan Esteban Constaín, con la novela El hombre que no fue jueves.

 

Muñoz: Narrar los agobios contemporáneos

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“No se trata de dos bandos, Vale, le dije; no es cuestión de apostarnos en orillas diferentes y desde ahí arrojarnos piedras”, le dice Manuel a su esposa, en Las Margaritas: Historia de un hombre minúsculo (Seix Barral, 2019). La discusión es una de las tantas que tiene la pareja en torno a temas tan sensibles en el mundo actual como el feminismo y el machismo.

Andrés Mauricio Muñoz dice que siente admiración por la fortaleza de la mujer y con su novela quiere “subvertir, desde la perspectiva literaria, ese imaginario, ese equívoco, en cuanto a que el hombre es quien tiene la entereza, la fortaleza, el que señala el camino, y la mujer debe estar allí secundándolo, y no es así. Creo que la entereza, la fortaleza, las certezas por lo general en nuestra vida provienen del lado de la mujer y somos nosotros los que nos dejamos señalar ese camino”.

Consciente de lo delicado del tema, Muñoz lo aborda porque le interesa narrar lo que él denomina “los agobios contemporáneos”, y el machismo y el feminismo hacen parte de ellos. Sentía, además, que asumirlo y escribir una novela en torno a ellos era un asunto de responsabilidad con su propio proceso de escritor, con sus propios intereses. “Pero no importa cuál es el sentido que yo como autor le haya querido dar al debate porque en temas tan sensibles cada quien lee lo que quiere leer y más tratándose de algo tan polémico. Algunos se sentirán identificados e interpretarán que hay una propuesta para darle altura al debate, pero habrá otros que encontrarán caricaturizado el feminismo o el machismo”.

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De igual modo, el escritor payanés es consciente de que el machismo es una realidad que hay que erradicar, pero también lo es de que “para erradicarlo no podemos enfrentarnos hombres contra mujeres en una relación de antagonismo, sino que es un proceso de deconstrucción colectiva y que entre todos tenemos que desmontar el modelo patriarcal que siempre ha derivado en exclusión para las mujeres, en inequidades”.

Considera Muñoz que Colombia demoró tiempo para asumir este debate y que debió coger fuerza aquí mucho antes, a la luz de las reflexiones y denuncias que se sucedían en distintos países y en muy diversas esferas. No obstante, considera que “tenemos la responsabilidad histórica de darlo de la mejor manera porque es un tema crucial”. Y agrega que “cuando hay confrontaciones entre hombres y mujeres, incluso desde la misma empatía, nos damos cuenta de que hay que buscar mucha armonía en ese proceso de deconstrucción del machismo”.

En torno al manejo de la presunción de inocencia respecto de las violencias de género, Muñoz plantea que “las reivindicaciones se tienen que dar, pero de la manera más coherente y más consistente posible”, sin que eso implique la vulneración de otros derechos o que esto pueda entenderse como una revictimización de las mujeres. Y lanza, al final, una pregunta: “Las artes se deben ver permeadas por la corrección política?

 

Cárdenas: Seguir el curso de unos deseos

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“Soy escritor. Básicamente escribo novelas, cuentos y ensayos, pero en vista de que llevo muchos años inmiscuyéndome en los asuntos de los artistas, tratando de comprender qué hacen y qué hicieron los artistas en otros tiempos, mi trabajo ha quedado involucrado en un quehacer anfibio que ya ni siquiera me interesa definir. Literatura que quiere ser arte. Arte que quiere ser literatura. Me da igual”, dice Juan Cárdenas en Nudos ciegos, esa “explicación falsa de mis textos” que hace parte de Volver a comer del árbol de la ciencia (Tusquets, 2018), un libro conformado por once textos tan disímiles como elocuentes y que se mueve en múltiples territorios, entendido este término en su sentido más amplio.

Y es que en este libro se encuentran textos que bien podrían alinearse en algún género narrativo tradicionalmente reconocible, pero también hay textos donde distintas formas narrativas, reflexivas y argumentativas, e incluso académicas, suelen encontrarse sin una aparente solución de continuidad y que conforman aquello que puede llamarse anfibio o híbrido. “Yo no veo ningún tipo de interrupción, son interrupciones aparentes. Tenemos una idea muy prefabricada de lo que debe ser un cuento, un relato, un ensayo, una novela. Y, en realidad, para mí de lo que se trata es de que el lenguaje siga unos cauces pulsionales, que siga como el curso de unos deseos, porque son esos deseos los que terminan dándole forma a los relatos”, dice Cárdenas. Y complementa: “Puede ser caprichosa la interrupción, pero en realidad hay un intento de poner a chocar masas de texto de distinta naturaleza para que sucedan cosas. Entonces, no es la mezcla caprichosa, son ejercicios de corto circuito, de choque”.

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Para Cárdenas los buenos textos son híbridos porque, al final, toda la literatura es híbrida. “No hay géneros puros, la literatura es siempre un lugar de encuentro”. Quizá por eso no piensa mucho en el lector porque le parece una abstracción muy rara: “Nunca estoy pensando en eso. Yo pienso en términos muy concretos. Para mí la literatura es la continuación de la conversación por otros medios y entonces yo pienso en personas específicas con las que estoy hablando y a las que quiero sacudir”.

Y, sin duda, el escritor payanés consigue sacudir al lector, independientemente de si este tiene rostro o es solo una abstracción extraña. Porque desde este lado del universo, de las páginas del libro impreso para acá, encontrarse con Volver a comer del árbol de la ciencia es emprender una aventura literaria que quizá carezca de reglas, o que tiene reglas movedizas y deleznables. O es, también, llegar a re-pensar el pacto de lectura para echarlo abajo y volverlo a erigir sin prevenciones. Para sacudirlo con todas las ganas y mirar, lleno de expectación, qué es lo que surge de allí.