Popayán 31 de octubre de 2019

La nueva masacre

Las voces del gobierno parecerían justificar el antes y el después de la masacre de Tacueyó ocurrida esta semana. No es un secreto que el posconflicto no es una cuestión prioritaria para el presidente y tampoco basta con militarizar las regiones si no se llega a ellas con planes económicos y sociales que garanticen el bienestar de sus habitantes.

Por: Guillermo Pérez La Rotta 

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En lo que va corrido del año son 33 asesinatos de indígenas en el Cauca. A ello se suma la muerte horrenda de la candidata a la alcaldía de Suárez, y el atentando contra Francia Márquez, quien se salvó de milagro. La delincuencia se tomó al Cauca y hace lo suyo para garantizar el orden del crimen. Luego de la masacre de Tacueyó vino el presidente a un nuevo consejo de seguridad en Santander y destinó 2.500 soldados para la zona. La ministra del interior argumentó por la televisión que los indígenas no han concretado la oferta de hacer un acuerdo común para defender la seguridad de su humanidad y su territorio. Con ello se justifica, el antes y el después de las muertes, de los cadáveres que motivan el dolor infinito de las familias de los finados, mientras la vida cotidiana sigue su curso, de una forma más o menos indiferente. Es el centralismo de siempre. En Popayán y en Bogotá.

De un lado, están las excusas de la ministra de un gobierno que debe garantizar la seguridad en el norte del Cauca, junto con el gobernador del departamento, y para ello debe poner en acción todos los medios y métodos a su disposición, incluyendo una inteligencia eficaz y sistemática contra el crimen; más allá de si los indígenas hacen o no un acuerdo de protección de territorios. Y a posteriori de la masacre, el presidente ordena más soldados, que además llegarán en un lapso de cuarenta días, sin saber si eso de verdad va a controlar el genocidio que viene ocurriendo.

Se sabe por la historia que en el norte caucano se configuró un territorio de coca y de tránsito de la droga hacia el Pacífico; y cuando las Farc se marcharon, el Estado tendría que haber copado ese territorio y otros de la nación, no solo con policía y soldados, sino cumpliendo con énfasis los acuerdos de paz. Pero el dinero destinado en el Plan de Desarrollo para estos acuerdos se mermó. Pues el proceso de postconflicto es una cuestión de segundo orden para este gobierno. Antes el CD luchó para destruir el acuerdo, y ahora el gobierno de Duque actúa de forma mediocre para adelantarlo, aun a pesar de las dificultades naturales de una empresa como esa.

¿No recuerdan las declaraciones recientes de Uribe diciendo que había que acabar con la JEP? ¿No recuerdan la trama legislativa que urde la señora Cabal para minar la restitución de tierras? ¿No recuerdan que los miembros del CD pusieron el grito en el cielo cuando el gobierno determinó dar más plazo a las reclamaciones por tierras usurpadas? ¿No recuerdan a Uribe dando órdenes por celular a una funcionaria en momentos del último paro indígena? Ojalá que el presidente no espere pasivamente a que los indígenas le hagan otro paro, esta vez para reclamar seguridad, porque ellos sí se organizan para salir a la carretera. Ojalá que un paro indígena no se junte con otro paro que se proyecta para protestar contra las políticas de Duque. El Cauca es uno de esos departamentos, como el Chocó o la Guajira, que solo aparecen en las noticias cuando ocurre una masacre o un paro. Los noticieros y comentaristas del domingo pasado casi no hicieron referencias al Cauca, al señor Larrahondo o al señor López, elegidos recientemente. Es como si no existiéramos. 

La complejidad del momento exige una cordura y grandeza que pone a prueba al presidente. Él debe meditar en su espíritu, si va a continuar amarrado a esa piedra de lastre que representa su ministro de defensa, y su mentor, quien fue derrotado en las recientes elecciones, junto con él y su gestión. ¡La paz es lo que importa! a pesar de que la gente se haya olvidado de ella. Interesa con creces, porque las fuerzas del crimen se han tomado vastos territorios de Colombia, y es urgente no solo militarizar las regiones, sino llegar con planes económicos y sociales para los ciudadanos.