07 de octubre de 2019

Ciudad

El jazz se tomó Popayán

La capital caucana realizó la primera versión del Festival de Jazz, organizado por la Corporación Festival de Música Religiosa de Popayán y que hoy es Patrimonio Cultural de la Nación. El encuentro contó con la participación de bandas nacionales e internacionales y con talleres y encuentros de músicos. Aquí, una mirada de cómo se vivió esta primera versión de música de jazz. 

Por: Alejandra Salazar y Andersson Cipagauta

Fotografías: Andrés Felipe Dorado - Corporación Festival de Música de Popayán

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¡Qué viva la música! Entre el blues, la música africana, clásica, minstrel y una lucha entre los afroamericanos y la cultura europea nació el jazz. Un género que mezcla el tiempo y el espacio de una comunidad que se levantaba en los Estados Unidos y que representaba la liberación del espíritu. Un estilo libre y amalgamado entre las melodías del África y Occidente.

La historia del jazz ha venido con cambios y nuevos conceptos desde 1815, de donde datan sus primeras melodías. Hoy para muchos el jazz es solo el acompañamiento para dar un ambiente cálido a un lugar y para otros representa la danza y el movimiento ondulado de la viveza afro. Sin embargo, este género aún resulta bastante desconocido para muchas personas.

Por ello el evento realizado en la ciudad de Popayán no solo fue sin precedentes por la magnitud y alcance del suceso sino por lo que significa a la hora de hablar de música y multiculturalidad.

El festival de jazz permitió a los asistentes descubrir la versatilidad de este género gracias a la presencia de músicos y bandas como Ary Álvarez Jazz Quarter, Max Mantis, Fatua Trío, Tonya Boyd-Cannon y su banda, Juan Romero y los Taitas. Vale resaltar la importancia de los espacios que fueron utilizados para la realización del evento al considerarse estratégicos, como por ejemplo el Teatro Guillermo Valencia, un lugar muy concurrido al igual que el Banco de la República, el centro comercial Campanario, el parque Caldas y la iglesia San José.

 

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La asistencia y participación de los espectadores fue positiva en tanto hubo gran concurrencia en todas las presentaciones programadas.

Para conocer más de cerca los conversatorios y talleres realizados en razón del festival de Jazz, Alexandra Ordóñez, estudiante de música instrumental enfocada en el canto lírico en la Universidad del Cauca, participó del festival y compartió su experiencia.

Para ella el festival representó la reunión de diversas culturas musicales, pues no solo se presentaron artistas de jazz, sino que se incluyeron grupos locales y nariñenses y, celebra el hecho de la reunión de muchos músicos, no solo de la Universidad del Cauca sino de las diferentes academias de la ciudad, resaltando que, al ser Popayán un centro histórico y muy colonial, cuando hace este tipo de eventos invita a la gente a informarse un poco más sobre los diferentes estilos musicales.  Para ella la música es un lenguaje infinito y un universo de géneros y el brindar este tipo de alternativas y eventos es una propuesta muy interesante.

 

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Frente a los talleres y conversatorios realizados en el marco del festival, Alexandra tuvo la oportunidad de participar en la mayoría “los conversatorios fueron una experiencia única, se dio la participación de una cantante de música góspel y a la vez permitió nutrirnos y resolver dudas frente a su música. El conversatorio de Juan Romero fue fascinante porque fue la fusión entre la música de jazz con la música tradicional colombiana. Fusionar estas culturas y tradiciones siempre va a causar una gran expectativa porque sabes cómo suena tu música, desconoces la música de ellos y esto fusionado obviamente genera un gran choque y fascinación por lo que hacen”.

Este evento deja a Ordoñez el avance para pensar en la música sin límites y abrir la mente frente a nuevos ritmos y melodías, pues argumenta que el Cauca cuenta con una gran riqueza musical y muchas veces solo se ciñe a ritmos como la raspa cuando se cuenta con zonas como la pacífica y la andina que tienen su historia y tradición. Por eso celebra la realización de este tipo de eventos e invita a las personas a que recuperen el legado musical que tiene el Cauca y a su vez participen y conozcan nuevos géneros que sin duda permiten abrir la mente y el espíritu.

Por otro lado, Jair Bastidas, enfermero del Hospital San José y asistente del festival de jazz, narra su experiencia en los diversos conciertos que pudo presenciar como “una sensación que despierta los sentidos mientras las melodías van sonando, la música permite viajar a otros mundos, a otro tiempo y conocer de otras culturas tan lejanas a nosotros”.

 

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Jair alaba la organización y logística que hubo detrás de cada presentación, no solo por la facilidad de acceso a todo el público, sino por la posibilidad horaria de no sesgar a las personas que trabajan o estudian. Por ello resalta la aceptación y compromiso que tuvieron los payaneses visitando este tipo de espectáculos y reitera la importancia de seguir gestando este tipo de eventos como una manera de fomentar la cultura local y aproximar otro tipo de ritmos y tradiciones. "Al final lo que hacen es permitirnos ver más allá de nuestra concepción del mundo", aseguró.

El evento de música jazz presentó como último concierto a Los Taitas en la iglesia de San José y dio como última clase magistral a Maxmantis en el auditorio de la República. Esto dejó como resultado una gran aceptación por parte de la comunidad payanesa por su gran asistencia y sin duda una experiencia valiosa para los estudiantes y músicos de la ciudad que hicieron parte de los diferentes talleres. Con dicho evento Popayán confirma su vocación de ciudad universitaria de las artes y la cultura. ¡El jazz vive en la ciudad blanca!