12 de octubre de 2018

Noticia

Violencia de género, una reflexión desde la universidad

La culpa, la prohibición y la justificación son elementos que históricamente han estado relacionados con la violencia de género. La Universidad del Cauca abre espacios de diálogo y debate para construir escenarios distintos de respeto a la mujer.

Por:Olga Lucía Volverás

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Un taller sobre violencia y acoso a las mujeres con los estudiantes de II semestre del programa de Antropología de la Universidad del Cauca se llevó a cabo en la Facultad de Humanidades. La actividad estuvo orientada por la coordinadora del Programa de Género de la Alma Mater, Diana Pito, quien conversó con los asistentes sobre la ruta que puede seguir una persona que sea víctima de alguna de las formas de acoso o violencia.

El programa de Género desarrollado por la Vicerrectoría de Cultura y Bienestar de la Universidad del Cauca, ha venido generando diversos espacios seguros y equitativos para mujeres, hombres y en relación con el tema de la diversidad sexual. Actualmente se adelanta la fase de construcción de una política de género universitaria que haga valer los derechos de los actores sociales y que brinde estrategias efectivas para disminuir la violencia en el ámbito universitario.

En el taller se abordaron diversos problemas sociales que afectan directa o indirectamente a hombres y mujeres en distintos niveles. Es indiscutible que las mujeres actualmente han ganado espacios de visibilización y de empoderamiento sobre su rol dentro de la sociedad, sin embargo aún hace falta que se desarraiguen pensamientos y formas de actuar establecidas por el sistema patriarcal con el que las personas han crecido. Es por esto que es importante reflexionar frente a los temas de violencia, porque así cada individuo sabrá qué debe hacer y cómo actuar frente a una situación de dicha índole.

 

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El acoso callejero y el feminicidio son algunos de los temas que más se han debatido en los últimos años pues es alarmante que la mayoría de mujeres tienen al menos una historia de algún momento en su vida donde se han sentido acosadas o violentadas. La situación más común tiene que ver con el denominado “piropo”, que algunas personas consideran “halagador”, sin embargo para una gran cantidad de mujeres resulta como una invasión a la privacidad y por lo tanto constituye un acto de violencia.

“El piropo, el mensaje del acoso, representa la relación de subordinación en la que estamos las mujeres. Este juego de poder está presente en la universidad, y se ha naturalizado tanto que en ocasiones ni siquiera alcanzamos a percibir los niveles de violencia del que somos víctimas”, afirmó Diana Pito, Coordinadora del Programa de Género de la Vicerrectoría de Cultura y Bienestar.

Pito señaló que las mujeres han heredado tres elementos históricos para que siempre estén relacionadas con la violencia. En primer lugar está la culpa, y es que en textos como la Biblia se recoge la creencia de que la mujer es la culpable de todas las desgracias del mundo, como lo plantea el mito de Adán y Eva. Luego se encuentra la prohibición, donde les dicen a las mujeres que si no quieren ser víctima de algo, entonces no se vistan de determinada forma, no salgan solas a la calle, etc. Y finalmente está la justificación, la cual es vista como la falta de solidaridad de género, debido a que muchas agresiones son defendidas con la típica frase “es que ella se lo merecía”, cuando ninguna persona merece ser maltratada en alguna forma.  

Finalmente se llegó a la conclusión de que aún falta habilitar más espacios que permitan la reflexión frente a estos temas, con el fin de que socialmente se vaya construyendo una vía o ruta a seguir en dichos casos. También se recalcó que es importante no caer en la re victimización, porque es la única forma en la que las personas se atrevan a denunciar cualquier caso. La violencia contra las mujeres es un problema público, por lo que es responsabilidad de todos que eso no siga sucediendo. Es por esto que se hace indispensable conocer que en el marco de la ley colombiana, si una persona se da cuenta de un acto directo de violencia, tiene la obligación de denunciar porque está constituido como un delito.