08 de agosto de 2018

Crónica

Café universo

Veinticinco periodistas participan esta semana en el Taller de Periodismo y Patrimonio Gastronómico organizado por la Universidad del Cauca, la  Corporación Gastronómica de Popayán, la Corporación Mixta de Turismo del Cauca, la Gobernación del Cauca y el Comité de Cafeteros del Cauca. El propósito es que la agenda periodística se nutra de aquello que comemos y bebemos. Un pretexto para ello. Y para escribir, por supuesto.

Por: Juan Carlos Pino Correa

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Un café. O muchos. En distintos lugares. Con personas cercanas o con alguien apenas conocido. A la luz de una conversación agradable o en un ineludible compromiso. ¿Cuántos he tomado en la vida? ¿Cuántos he disfrutado plenamente? ¿A cuántos he huido?

Hay una taza de café colado en alguna escena de infancia luego de corretear por entre los cafetales de la finca de los abuelos maternos. Hay una taza en las mañanas frías de Almaguer antes de salir a la escuela. Una taza en mitad del viaje iniciático hacia otras tierras y luego en otras carreteras al ir y volver. Una taza en un velorio. Una taza en las tardes dominicales en casa de alguna tía al calor de una amena conversación familiar. Una taza, una sola, en las mañanas antes de ir al trabajo, y una más, improbable, en alguna cafetería.

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Y hay una taza con recuerdos en alguna canción:

“Tomamos un café,

después otro café,

y ahora yo recuerdo

historias que han pasado…”

Y en otra:

“En su soledad, sentados frente a frente,

a la hora de siempre y en la misma mesa

café de por medio la misma pareja

de mediana edad y pinta de buena gente…”

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Y hay café en el título de una novela del nobel francés Patrick Modiano: En el café de la juventud perdida. Y hay muchas tazas en tantas y tan hermosas novelas de afamados escritores y en escenas de películas que quizá no olvidemos nunca.

Y sonrío: aparece también café en los nombres de lugares donde nos sentamos a compartir largamente con amigos y en los de algunos grupos musicales y en el de una telenovela famosa que a las ocho de la noche nadie quería perderse.

Todo esto pasa fugaz por mi mente ahora que tomo un capuchino en el primer día del Taller de Periodismo y Patrimonio Gastronómico. Y luego me pregunto, también fugaz: ¿Qué pensarán las otras personas que, como yo, beben ahora lo mismo y entornan los ojos como si alcanzaran el paraíso?