17 de diciembre de 2017
Ya son 53 años del Círculo Ary Alonso de Popayán 

“Que la magia no desaparezca”

El ilusionismo es recurrente en la ciudad blanca. Aquí, magos de todas las edades se reúnen con el objetivo de mostrar y conservar el legado de una tradición milenaria. Requisitos indispensables: pasión por esta actividad y muchas horas de estudio y esfuerzo.
 
Por: Víctor Eduardo Martínez Muñoz
Fotografías: Suministradas
 
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Cuando se comenta de magia en Popayán, pocos presumen que en ella se esconde el círculo mágico más antiguo de Colombia. Desde hace cincuenta y tres años, en diferentes lugares de la capital caucana se congregan cada quince días ilusionistas de la nueva y la vieja guardia. La intención es “fomentar la afición por la magia, compartir experiencias y, sobre todo, respetar su lema que es la dignificación de la magia”, cuenta César Rojas, presidente del Círculo Mágico Ary Alonso, Cimaral, de Popayán. En este espacio es posible sentir y soñar por medio de conferencias, talleres o actuaciones en donde tienen cabida especialidades como la cartomagia, magia de cerca o cómica, infantil, mentalismo, entre otras. Fotografías, carteles históricos, premios e infinidad de referencias invitan a adentrarse en un mundo sorprendente, en el que sus memorias y archivos son el registro vivo de una disciplina que, al igual que muchas, “requiere de horas de estudio y esfuerzo”, como indica Rojas.
 
Todo el que esté interesado puede llegar a ser parte de esta experiencia, no importa su condición física, edad, nivel de conocimientos o posición socioeconómica. El requisito más importante es sentir amor por dicho arte, “condición imprescindible”, asegura Sergio Balcázar, secretario del colectivo. Agrega que también se realiza una prueba en la que los aspirantes preparan una presentación para exponerla ante los socios del círculo, siendo evaluada, analizada y corregida por un jurado que determina el nivel de compromiso para continuar en el proceso.  
  
Los inicios 
Antonio Valencia como Fajuri, Sergio Balcázar como Sadín, Cesar Rojas como Dreiman, José María Illera como Jellbick, son miembros que acompañan al círculo desde su fundación. Ellos, junto a Emilio Álvarez y Ary Alonso, fueron los magos responsables de incursionar desde 1964 en este arte. La historia comienza cuando Sergio Balcázar realiza una publicación en el periódico local en la que se refiere a la diferencia entre un mago a sorprender y uno dedicado a estafar y engañar. El artículo es leído por Emilio Correa, quien decide ponerse en contacto con Ary Alonso, consiguiendo reunir un grupo de personas con el mismo ideal mágico. “La experiencia de Ary Alonso no solo lo privilegia con la oportunidad de instruir y formar a los demás miembros, sino que también le permite que el círculo lleve su nombre como símbolo a tan importante trabajo”, señala  Antonio Valencia Fajuri. 
 
 
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José María Illera Bolaños, Jelbick, comenta que los magos del círculo tienen como  peculiaridad que han logrado combinar su pasión por la magia con otras ocupaciones laborales. Conocen bien los entresijos de la magia y saben lo que cuesta dedicarse a ello. Desde muy jóvenes se despertó su gusto por el ilusionismo y, sin que esto condicionara otros campos de su vida, desarrollaron esta actividad con disciplina y respeto a la par de su profesión. 
 
Aunque resulta complejo vivir hoy de la magia, es posible si se le dedica tiempo. "Lo ideal sería ensayar las 24 horas del día. Se necesita una disciplina constante como el actor cuando ensaya", explica Juan Caicedo, miembro de la nueva generación del Círculo Mágico y quien sí vive de esta actividad. Y es que la magia es también un arte que hay que ensayar y, a diferencia del teatro, añade, "un actor puede cometer un error en el guión y nadie se entera, pero el mago no puede. Tiene que tener la mente centrada y seguir dos guiones: el de la actuación y el del efecto de magia". Además, el reciclaje de los magos es algo prioritario. Siempre hay que estar alerta para darle diferentes vueltas a un mismo juego de ilusionismo. Las conferencias del círculo permiten conseguir esto, "reciclarse compartiendo experiencias en este local".
 
Preparación constante
Juan Fernando Cely, integrante de la nueva generación del círculo y encargado de la bibliografía física y virtual, cuenta que cuando se creó el grupo la poca bibliografía existente llevó a los miembros a buscar información con otros magos pertenecientes a diferentes partes del mundo. Se forjaron amistades y una gran biblioteca con libros en al menos cinco idiomas diferentes. Sin embargo, el tiempo transcurre y la tecnología cambia, aumentaron los contactos y se añadió una videoteca y biblioteca virtual.
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Sebastián Vivas, miembro del círculo y campeón nacional de magia, afirma que el aumento de información y de magos ha provocado que el arte de la magia esté en constante crecimiento en los últimos años. Cada vez hay más espectáculos en la ciudad realizados de la mano de magos profesionales y aficionados, todos miembros del Círculo Mágico Ary Alonso de Popayán. Aunque les cuesta admitirlo porque no quieren pedir nada, en el Círculo de Popayán no reciben ayudas ni subvenciones. Consideran que se debe a que el ilusionismo no recibe la importancia que merece.
 
Los actuales miembros del círculo trabajan constantemente por la dignificación y culturización de la magia. Cada show que  se ofrece tiene como fin divertir a diferentes tipos de público y es apto para auditorios o salones grandes. Además, combina lo mejor de la magia de salón con lo mejor de la magia de cerca y hay participación del público, humor, ilusión, teatro, comedia, emoción y, por supuesto, asombro.
 
Los fundadores del grupo se toman el tiempo, la dedicación y paciencia para que cada uno de sus nuevos integrantes entregue en el escenario todos los ideales, pensamientos y la pasión que corresponde a un miembro del Círculo Mágico Ary Alonso. “Anhelamos que los jóvenes nos remplacen para que la magia no desaparezca, que continúe la tradición mágica con esta nueva generación que tenemos”, concluye Sergio Balcázar