10 de Abril de 2017

Crónica 

Entre memorias y consejos

Muchos universos conviven en el Asilo San Vicente de Paúl, un lugar donde unos recuerdos cobran brillo mientras otros se hacen confusos. La tranquilidad, aquí, es propicia para evocar épocas donde todo tenía otro color.

Por: Sindi Lorena Ágreda

 Fotografía: Johana Velásquez 

ASILO SAN VICENTE opt

“¿Cuántos años tengo?”, se pregunta ella en una habitación fresca y muy ordenada. Afuera hace un día soleado. “Yo estaba contando con 86, pero me hicieron la cuenta y son 88”. En medio de recuerdos confusos y de palabras suaves empieza contando su historia, desde cuando hace siete años se separó de su familia.

Buscar un lugar tranquilo para vivir fue el paso para llegar al asilo, donde generalmente prefiere estar sola o en la oración de un rosario. Ella resalta mucho el hecho de no disfrutar de las actividades que se realizan en el asilo, ya que prefiere estar en lugares más silenciosos, como su habitación, para poder descansar y estar tranquila. En algunas ocasiones asiste a las actividades que ella denomina como “que valen la pena”. “Me manejo solita, voy al comedor y salgo rápido”.

Sus días transcurren en medio de caminatas alrededor de la casa, apoyadas siempre en su bastón. En sus memorias se presenta recurrentemente su gusto por la música, por la parranda, cuando en su juventud disfrutó hasta lo que el cuerpo le permitió. “Ya parrandeé bastante, a esta edad y con tanta dolencia, a uno ya no le provoca nada, ya no”. Repite esta frase con cierto tinte de melancolía, mientras relata sus dolores corporales como la osteoporosis o el desgarre que se produjo por una mala fuerza.

Sus días pasan de forma cálida y serena al sentir este refugio como su hogar. Aquí la cuidan y tiene su espacio, su comida y sus  cuidados médicos.

Valentina Betancourt, una mujer de suave aura, mira fijamente a los ojos mientras aconseja para la vida, dando importancia a conocer el mundo, a recorrer carreteras, a culminar proyectos y a vivir siendo feliz, aprovechando  la juventud que se tiene.

Al despedirse, abraza con gran emoción, expresa su encanto por las charlas que le permiten volver a las situaciones donde fue feliz  y pide una pronta próxima vez.