Popayán, todo el año

Por: Laura Londoño

Popayán todo el año 333x467Cada año Popayán se prepara para la celebración de la semana mayor. Vísperas a la fiesta religiosa la ciudad se transforma, las fachadas se renuevan, las paredes se visten de un blanco más blanco y los balcones del centro histórico se engalanan con flores para mostrar su mejor cara a aquellos que encuentran aquí un destino propicio para vacacionar.

Sin duda es una época importante, los visitantes se entretienen con las múltiples actividades que propone el encuentro religioso y muchos de los oriundos transforman también su rutina, la ciudad no es la misma cuando está atiborrada de gente con ánimos de ferias y como buenos patojos se aprovecha para recorrer calles, revolotear el centro y empacharse de obleas.

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Como escenario de solemnidad y regocijo, la Semana Santa en Popayán y su normativa tradicionalista, logra empañar el cristal de una realidad que aunque pretenda mostrarse ajena coexiste y hace parte de lo que en este lugar acontece: una contracultura que se encarna, no solo durante una semana, sino a lo largo de todo el año.

Los jóvenes buscamos espacios y propiciamos una lucha constante y sorda ante la administración pública. La vida nocturna en Popayán también se transforma durante la semana mayor, los turistas después de visitar las muestras artesanales y salir a ver las procesiones, buscan escenarios de entretenimiento como en cualquier destino del mundo, acuden a fiestas e indagan por opciones para aprovechar su estancia en la ciudad.

Así funciona, el viernes santo hice mi labor, acompañé a un grupo de familiares que habían venido de visita a hacer el tradicional viacrucis, un recorrido por las iglesias de la ciudad, actividad que acude también al deleite de la oferta gastronómica, después el desfile religioso del viernes santo, y para finalizar la jornada un par de cervezas.

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‘El pueblito patojo’ es un lugar de encuentro colectivo, es el único escenario público que propicia la ciudad para el entretenimiento de los jóvenes, es un espacio donde confluimos todos, sin distinción de clases sociales, edades o religiones.Llegamos ahí para departir un poco y despedir las vacaciones, a eso de las 12 de la noche se acercaron dos policías solicitando de muy mala manera que nos retiráramos del lugar y haciendo uso del bolillo intimidaron a todas las personas que ahí se encontraban. Ion, un visitante proveniente del país vasco asegura que uno de los uniformados reprochó su estancia y valiéndose de groserías despejó el lugar.

Ion  había disfrutado de la Semana Santa afirmando que en realidad, Popayán es un destino turístico que vale la pena visitar, pero después del acontecimiento de la noche del viernes santo le manifestò a los policías que cambiò de parecer. El turista estaba aprovechado para hacer un concurrido trabajo fotográfico de la ciudad, haciendo hincapié en la Semana Santa como época propicia para visitar Popayán, sin embargo asegura que lo único que vale la pena repetir de su estadía son los atardeceres, indicando que espera que su magia no sea sólo de una semana sino de frecuencia durante todo el año.