La vida en esta ciudad a través de mis ojos

Por: Lina Vanessa Garzón

Camino despacio y otras veces acelero mi andar, de repente me quedo mirando que en la otra acera hay una señora comprando pan. Mis ojos se llenan de nostalgia y algo de amargura, quisiera comer aunque sea un trozo… pero para mis adentros pienso que es mejor irme de ahí y no velar, para evitar que alguien quizá me haga daño.

La vida en esta ciudad Es una mañana, una mañana cálida y siento sed, mi compañera de siempre. Encuentro un charco en el pavimento y logro rozar mi lengua con el agua estancada y sucia, no tengo un lugar para refugiarme permanentemente, nací para vagabundear por las calles de esta ciudad a veces fría o envuelta en un calor picante, a veces gris y otras veces amarillo con rosado.

Mi cama es el pavimento, el parque o cualquier lugar donde sienta algo de calor en las noches frías payanesas. Cuando corro con la suerte de que no llueva me duermo al aire libre, pero cuando llueve, mi cuerpo se tulle, mis huesos sienten el agua gélida cayendo por cada centímetro de mi pelo. En esos momentos trato de encontrar un sitio para esperar… esperar a que la lluvia pase y así pueda escabullirme de nuevo.

Cada día me enfrento a las miradas despectivas, debo sobrevivir ante este desprecio, quizá por mi apariencia descuidada, quizá porque no soy un ser de raza fina o no vengo de una casta pura. Pero no todo es malo, puesto que en mi camino he visto miradas de pesar,  como si mi infortunio conmoviera esos corazones. Algunas de esas personas se detienen a saludarme o y sacan un poco de su agitado tiempo un momento para darme algo de comer o simplemente para acariciarme, como un gesto de cariño y solidaridad.

 Es así como miro y vivo mi vida en esta ciudad. Mi día a día es un reto de supervivencia, no tengo a nadie que me cuide, y me he adaptado a eso, pues sé cómo cuidarme. Me he acostumbrado a que me observen, me rechacen o sientan lástima por mí. Al fin y al cabo soy un ser que trata de abrirse campo en esta enredijo de calles cruel e indiferente ante la triste realidad de sus animales.