10 de noviembre de 2020

Entrevista

Cine autóctono en el norte del Cauca

Desde hace cuatro años, la Escuela de cine y televisión étnica trabaja para promover y fortalecer el desarrollo fílmico y auto representativo de la región. En Co.marca conversamos con Carlos Mera, coordinador y fundador de este proyecto. 

Por: Juan David Muñoz Espinosa

cine_autoctono_0.png

 

El Cauca es un departamento profundamente diverso, un escenario intercultural donde constantemente se cultivan procesos comunitarios que buscan contribuir a la construcción de una sociedad inclusiva, justa e igualitaria. Así mismo, es uno de los territorios más golpeados por la inclemente violencia, el abandono estatal y la indiferencia de distintos agentes sociales. Por eso, en medio de la complejidad de sus problemáticas se hace necesaria la producción de narrativas y relatos que amplíen la mirada y el imaginario social.

Al norte de este departamento, en Santander de Quilichao, existe un espacio que le apuesta a las historias locales, a los relatos que se tejen desde y para la identidad de los pueblos. Se trata de la Escuela de cine y televisión étnica, un proyecto de la fundación Casa de la Cultura Digital, que ya ha formado a más de 60 personas en la región, comprendida por más de 10 municipios en donde conviven comunidades afrocolombianas, indígenas y campesinas.

 

cine_autoctono_1.jpg

 

¿De dónde nace la necesidad de una escuela de cine en el norte del Cauca?

Acá llevábamos mucho tiempo (aproximadamente 10 años) sin tener un proceso de formación propio. Habíamos hecho, en el 2009, unos procesos pero que venían sobre todo de afuera, es decir, nosotros como somos una región intermedia (estamos entre Popayán y Cali), todos los procesos de formación surgían de otras partes, de afuera de la zona. 

Eso dilataba demasiado, porque nosotros como realizadores y productores teníamos que salir de aquí, del territorio para podernos formar, porque no había un espacio permanente y constante que hiciera formación en el lenguaje cinematográfico y audiovisual.

Principalmente nace por eso, por la necesidad de tener un espacio en el territorio, propio, que abordara todo lo que es formación, producción y circulación de contenidos audiovisuales; por la necesidad de formar a las diversas comunidades afrocolombianas, indígenas, y campesinas, y que pudieran, a partir de estos procesos, fortalecer sus conocimientos en el lenguaje cinematográfico y todos los aspectos que tienen que ver con el lenguaje audiovisual.

En la escuela participan personas afrocolombianas, indígenas o mestizas con proyectos relacionados a algún proceso comunitario y étnico, el asunto es que el contenido y la temática tengan enfoque diferencial. Todos sabemos que estamos en un lenguaje que es universal, pero también tiene unas particularidades que pueden ser aplicadas desde los enfoques diferenciales. Lo étnico recoge eso, por eso el nombre.

 Por supuesto otra de las necesidades responde a la cantidad de historias y la cantidad de memoria que tenemos en esta región del departamento del Cauca, era necesario poder seguir contando, seguir divulgando a partir de la articulación de los realizadores que estamos en la zona.   

Hablemos de esos tres aspectos: formación, producción y divulgación. ¿Qué incentivó el que fuera un proceso completo?

Digamos que incorporar estos elementos de manera integral es para poder llevar a la práctica todo ese aprendizaje que se obtiene. Porque en los talleres hay ejercicios, sí, hay tareas también, pero ya enfrentarse al mundo real de la producción es otra cosa. 

Dentro de mi experiencia como realizador siempre había esa necesidad, porque yo he participado de muchos talleres, de mucha cosa a nivel nacional, y uno siempre recibe la formación, lo teórico, y de ahí para allá verá cómo se defiende y cómo resuelve el tema práctico.

Entonces pensarlo de manera integral, es precisamente porque, los gestores culturales que participan de la capacitación tienen que enfrentarse a ese mundo real de la producción audiovisual, y por eso en la escuela se dan todas las herramientas para que puedan poner en práctica los conocimientos. 

¿Qué requisitos hay para hacer parte de la escuela?

Un requisito para poder participar de la escuela es llegar con una idea audiovisual, que puede estar en proceso avanzado, inicial o intermedio, pero el asunto es que llegue con algo que quiera contar de su comunidad, con algo que quiera o sepa que es necesario registrar desde de la memoria oral o dentro de la tradición cultural, con una propuesta. 

La escuela conjuga y comprende la mayoría de temas que hacen parte del sector con la idea de que los participantes puedan fortalecer su propuesta audiovisual. Nosotros tenemos casi que todos los talleres enfocados en un tema del lenguaje audiovisual, tenemos talleres de guión, tenemos talleres de realización, de producción, talleres de dirección de arte, de dirección de fotografía, de sonido, de edición y montaje, de actuación, de gestión, etc. 

Luego ya en la escuela se organizan, forman colectivos, algunos ya llegan conformados, chicos que se han juntado de manera autónoma, independientes. También la escuela da la posibilidad de que se formen colectivos. Nosotros motivamos a eso, porque sabemos que la industria y el sector audiovisual es de trabajo en equipo. 

Algo para resaltar es que, aunque la escuela la implementa la fundación, nosotros nos hemos articulado con otras entidades, por ejemplo la Universidad del Cauca nos ha apoyado con talleristas, como el profesor Óscar Potes y Nelson Freddy, pero también reconociendo la formación. Eso para nosotros es clave porque así no se queda en la informalidad y le sirve a los participantes para su capacidad profesional, laboral.

De hecho, muchos de los participantes que han llegado a la escuela que tenían otros tipos de formación, ya con el paso por la escuela y con la certificación, pudieron acceder a maestrías, a becas, porque ya tenían este antecedente. Entonces la articulación con la Universidad del Cauca, con el Programa de Comunicación Social fue muy importante para que se tuviera un reconocimiento desde la institucionalidad, desde la academia. 

Hace un momento mencionó la memoria como una parte fundamental de las intenciones de la escuela. ¿Cómo trabajan la memoria y la conciencia del territorio? ¿Cuál es el valor de esto?

Hay un elemento muy importante ahí: nuestras comunidades tradicionalmente han sido muy orales, la memoria, la transmisión del conocimiento y el relevo generacional, se han dado a partir de la oralidad, entonces el audiovisual trabaja como una herramienta para mantener esa memoria viva, lo que hace es que esos conocimientos puedan pervivir, y puedan ser parte del fortalecimiento de nuestra identidad y de las identidades culturales y tradicionales. 

Ese es el ejercicio de pensar en lo étnico, primero desde las temáticas y los enfoques diferenciales, segundo con la participación, y tercero por los contenidos, relacionados con la memoria, el reconocimiento. Así los chicos empiezan a pensarse continuamente. Se preguntan todo el tiempo cómo voy a contar esta historia, cómo voy a recoger esto que se está perdiendo o que se manifiesta con mucha fuerza, porque no solo es lo que se está perdiendo, sino lo que se va fortaleciendo, lo que aún se vive. Y que las historias promuevan eso, el respeto, la diversidad cultural, el reconocimiento, los aportes de la población afrocolombiana e indígena en el desarrollo del país. Es muy valioso que podamos recoger esa memoria ancestral que hemos vivido y de la que hacemos parte.

 

cine_autoctono_2.jpg

 

Hablemos un poco de las producciones realizadas desde la escuela, su recorrido y su recepción.

Nosotros en la primera versión de la escuela apoyamos seis propuestas audiovisuales. El apoyo es brindando todo el acompañamiento para el desarrollo, desde el guion hasta el plan de producción, para que la historia quede muy madura, lo más completa posible.

Las seis producciones fueron:  “Tirimbí, un plato real”, que cuenta la historia de una cocinera tradicional y la conservación de un plato tradicional; hicimos “Cxayuce”, que es la historia de una comunidad indígena que a partir de la danza busca mostrar cómo se da la armonización con el territorio; otra fue “Sembrando un sueño”, que es la historia de un grupo de personas con discapacidad que han encontrado en el teatro una forma de expresión y de dar a conocer su realidad social; hicimos también una producción que se llamó “La herencia de la tía Chela”, que es la historia de una cantadora tradicional que está trasmitiendo sus conocimientos a nuevas generaciones; realizamos también “Raíces entre melanina”, la historia de un hombre afrocolombiano que habla lengua nasa yuwe y “Torbellino norte caucano”, que es la historia de un maestro de esgrima de machete y bordón que mezcló el esgrima con una danza tradicional que es el torbellino.

Esas tres últimas fueron selección oficial en el Festival del Cine Corto de Popayán dentro de la categoría de mejor documental del Cauca y Torbellino norte caucano, que lo realizó el colectivo memoria del municipio de Puerto Tejada, ganó esa nominación.

Esos han sido algunos reconocimientos, también estos documentales fueron al festival Vive Popayán en Bogotá y canales de televisión regionales, como Teleislas y Telepacífico, han estado interesados en nuestro contenido.

¿Y la segunda versión?

La hicimos este año de manera virtual, con el apoyo del Ministerio de Cultura en la convocatoria “Comparte lo que somos”, con la misma cantidad de talleres para no desconfigurar la escuela, solo que los talleres que habíamos realizado en un año los hicimos en tres meses. En lo único que hubo una reducción fue en la cantidad de producciones por cuestión del tiempo.

Ahora, estamos produciendo una propuesta audiovisual de Adriana Molina en el municipio de Puerto Tejada, se llama “Mamá Pola, manos que dan vida”. Esperamos que salga muy pronto y pueda estar en las futuras versiones del Festival de Cine Corto y en otros festivales.

Un dato sobre la anterior versión, que fue presencial. ¿Cómo fue el patrocinio?

La patrocinó la Organización internacional para las Migraciones (OIM) y USAID desde un programa que ellos tienen que se llama “Inclusión para la paz”. De ellos se recibió parte de la financiación. Nosotros como realizadores también ponemos una contrapartida. Estaríamos hablando de un 70% de recursos de manera externa y un 30% los colocamos nosotros como organización. Ponemos todo el tema de los equipos, los espacios físicos y las herramientas tecnológicas. 

¿Han pensado registrar nacionalmente las películas para poder mandarlas a otros lugares?

Eso es algo que va en proceso, todavía los chicos no están pensando en esa parte, pero sí seguimos impulsando la probabilidad de que los proyectos se nacionalicen, esa es una tarea en la que estamos trabajando.