18 de octubre de 2020

El yagé: medicina curativa para el cuerpo y el alma

El yagé es una medicina tradicional y ancestral que nace en la selva amazónica, en Colombia, en la parte del Putumayo y del Caquetá. Llegar a él requiere de un proceso de preparación, es más, se dice que quien está en una toma ha sido escogido por la naturaleza. Aquí, un pequeño acercamiento a lo sanadora que puede llegar a ser la medicina.

Por: Keka Guzmán

Pinturas: Eliana Muchachasoy

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Noche. Frío. Humo. Fuego. Música. Y magia, sí, magia.

Todos en círculos con ropas blancas. Olor a hierba. Olor a campo. Olor a verdad.

Mujeres y hombres separados. ¿Por qué? Porque las energías son diferentes, porque los cuerpos son diferentes.

Todos ahí queriendo sanar. Queriendo soltar. Queriendo perdonar. Queriendo encontrar el camino. Queriendo descubrir el camino.

Todos esperando el momento sagrado. El primero para muchos. Uno más, para otros.

En medio de colchonetas, cobijas, baldes y carpas, cada quien esperaba su momento.

Y luego empezó el ritual colectivo e interno. Unos se arrodillaban, otros cerraban los ojos y, algunos, agachaban la cabeza.

Quizás, toda mi vida me estuve preparando para ese momento.

La medicina sagrada había llegado.

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El yagé o ayahuasca es una bebida procedente de la medicina tradicional indígena del Putumayo colombiano, su acción es integral, física, mental y espiritual. Se dice que la purga con yagé es una experiencia catártica y liberadora que puede abrir la posibilidad para una vida consciente, más plena y satisfactoria. Es un espacio para la exploración de la propia conciencia, la investigación de la conciencia de la mente y del alma. Cada persona puede sumergirse en la profundidad de su inconsciente para develar el origen de sus bloqueos emocionales y asumir la tarea de eliminarlos.

“El yagé es una medicina ancestral que es dada para la sanación, la curación del cuerpo y del alma de las personas. Es una medicina con propiedades que ayudan a curar desde la parte física hasta la parte espiritual”, dice Alex Chicangana, yagecero, y añade que el yagé hace parte de la naturaleza y ella es sagrada por su contenido de sabiduría, porque ahí está la vida. Además cuenta que es una planta de mucho poder y que en toda la naturaleza no hay plantas con esas características, con esas formas. Asimismo, asegura que fue creada desde la fuerza del espíritu mayor, de Dios. “Dios dejó esta planta aquí en la tierra para ayudar a los humanos, a las personas, por eso tiene esa fuerza, esa energía sanadora, y al ser una creación especial de Dios para la humanidad, es sagrada”.

Cuenta Diana Salazar, integrante de la escuela de medicina donde el Mayor es el taita Hipólito Muchavisoy, inga del Putumayo, que la medicina del yagé es medicina porque su uso milenario ha sido para tratar enfermedades tanto del cuerpo como del alma. Se dice que los pueblos originarios lo consideran como una medicina sagrada porque también es el medio por el cual las personas llevan una misión o un camino de vida muy enfocado en la parte espiritual y también en una relación muy estrecha y muy profunda con la naturaleza y todos los seres de la naturaleza. “Incluye o exige ser muy consciente en tanto que enseña y prepara a las personas para que puedan ser portadoras de un conocimiento y de un mensaje de vida desde la conciencia. Entonces se podría decir que la medicina permite a las personas vivir en una armonía liberando enfermedades, males, situaciones y traumas que la encasillan o la tienen presa de algo. El yagé lo que permite es que libera, sana todas las dolencias del alma y del cuerpo”.

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Cerrar los ojos. Respirar profundo. Agradecer a Dios. Agradecer a la vida. Agradecer al ángel que me llevó hasta ahí.

Saber y sentir que todo estaría bien. Sentir respeto. Hacer respetar el momento. Agachar la cabeza. Arrodillarse. Estirar los brazos. Abrir las manos y recibir. Recibir la vida misma en un vaso de color verde. Recibir sabiduría de unas manos que tanto han sanado.

—El yagé es un bejuco que crece en cierta parte de un árbol. Para prepararlo se corta el bejuco y se empieza por un proceso de machacado, luego de cocción durante tres noches más o menos. Este es un proceso que lo realiza una persona que está preparada tanto física como espiritualmente para tener contacto con la medicina —dice Diana Salazar.

Suspirar.

Recordar la intención. Recordar la intención. Recordar la intención.

Sanar. Dejar ir. Perdonar.

Beber sin respirar. Beber con los ojos cerrados. Beber con el pulso acelerado. Beber intentando no saborear. Beber sabiendo que apenas, apenas, todo estaba empezando.

Simplemente beber. Entiendo que beber es cura para el alma. Que los llamados se atienden. Que el camino se construye. Que la vida se enreda y desenreda. Que, si todo está bien, siempre podrá estar mejor. Que, si todo está mal, todo se pondrá bien, siempre.

Fuego. Música. Armónica.

Yagecito.

Yagecito de mil colores.

Frío. Mucho frío. Escalofrío.

Águila.

Náuseas.

Frío. Mucho frío. Escalofrío.

Náuseas.

Vómito.

 

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La medicina es una bebida de aspecto café y para tomarla se quiere de cuidados especiales que tienen que ver con la alimentación, las energías y los espacios. Se recomienda que una semana antes de la toma se evite consumir carnes rojas, lácteos, cítricos, alcohol, no fumar, no consumir psicoactivos. La intención es dejar todas las cosas que no hacen parte de los hábitos del camino de la medicina. Todo es una cuestión del cuidado con ella, para que al encontrarla no haya un choque fuerte. La medicina es muy pura. También debe haber una preparación en cuanto al pensamiento, del saber qué es lo que se está haciendo, por qué se va a tomar, qué es lo que se quiere soltar y poder generar espacios para reflexionar, meditar, orar.

—Siempre que voy, unos días antes, trato de mantenerme bien, de enfocarme en cómo quiero conectarme, en qué quiero curar, reflexionar y sentir. Le pido con todo respeto al remedio, a la madre naturaleza, a los abuelos, las abuelas y los ancestros, que permitan entrar de manera respetuosa a ese rito, a ese círculo que se teje a través de la madre naturaleza, de la música, de lo armónico y empiezo a explorar esas sensaciones, empiezo a querer responder todas esas preguntas con las voy a tratar de curar todas esas heridas espirituales y físicas —comenta Alejandro Córdoba, tomador de yagé desde hace más de 6 años. Cuenta que la mayoría de las experiencias que ha tenido han sido positivas, que sus tomas han sido muy bonitas e insiste en que es difícil de explicarlas. “Particularmente recuerdo dos, una experiencia muy bonita y otra bastante fuerte pero igual bonita y llena de aprendizajes”.

Las personas que ofrecen el yagé son llamados taitas y en algunas ocasiones se les llama chamanes o médicos tradicionales. Son personas que han venido forjando ese proceso desde niños. Algunos mayores han adquirido la tradición por ser de familia yagecera y no solamente trabajan la medicina del yagé sino otras medicinas como el rapé, el tabaco, el mambe, que son complementarias al yagé. “Ellos se van formando en ese proceso o en esa misión de querer ser médicos, de ayudar a las personas a sanar las cosas que el mundo les ha causado, dolores, traumas. Ellos lo llaman: la mentira en la que viven las personas en las ciudades —incluso en las zonas rurales—, de no tener el sentido de la vida. La medicina lo que permite es ver con claridad cuál es el sentido. El taita no solo brinda la copa del yagé, sino la guía y el camino para la sanación. El taita que ofrece el yagé es una persona que en todo el sentido de la palabra tiene una disposición mental y espiritual de poder brindar armonía en las personas. Una disciplina para ellos es cuidarse en temas de alimentación, de energías. La cuestión energética es súper importante porque es la estabilidad que uno le brinda al cuerpo y al espíritu”, comenta Salazar.

Por otra parte, el yagecero Chicangana asegura que solo el taita y los yageceros están autorizados en poder brindar la medicina: “Esto es un proceso de vida, es una disciplina que no se logra ni en seis meses ni en un año, son muchos años para poder lograr un conocimiento a partir de la sanación, en poco tiempo no se puede sanar la persona y para dar yagé necesita que sane el alma, que sane el cuerpo".

Alex Chicangana lleva más de 17 años en la medicina del yagé, aprendiendo, sanando, reaprendiendo, construyendo su camino en torno a una disciplina de vida que les exigen los abuelos, los taitas para poder acceder a la sanación y al conocimiento del manejo de la planta. Cuenta que hay mujeres que pueden dar la medicina y se les llama mujeres mamas, ellas también tienen que llevar unos procesos que les toma al igual que a los hombres, varios años para sanar, entender, aprender. “La preparación en los dos casos es de buscar el bien de la vida, el bien de la humanidad para poder ayudar, para poder tomar una misión de vida, eso toma muchos años, por eso para la mayoría de los taitas se coronan muy adultos”.

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Encontrarse con la medicina. Sentir que la naturaleza te escogió. Agradecer a Dios. Agradecer a la naturaleza. Sentirse escogido. Respeto. Mucho respeto.

Bajar a las sombras. Ver la Oscuridad. Sentir la oscuridad. No saber qué hacer.

Recordar la intención. Recordar la intención. Recordar la intención.

Colores. Rojo. Verde. Jaguar. Serpiente. Águila. Sombras. Sudor. Frío. Vómito. Más vómito.

Escenas. Personas. Gritos. Música. Colores. Preguntas. Muchas preguntas. Dudas.

Escenas. Escenas. Escenas.

Frío.

Mucho frío.

Oymyakon. Era el frío de Oymyakon.

Sentir y escuchar.

Recordar la intención.

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La ceremonia debe realizarse en un espacio apropiado —por lo general en las noches— y cuenta con adecuaciones y ambientaciones para que la medicina pueda sentirse bien y pueda actuar y hacer efecto en las personas con la intención de sanar. Dentro de este espacio se encuentra la música, la danza y las otras medicinas que están en torno al yagé. Se toma la medicina y por lo general las personas empiezan a tener efectos físicos porque causa vómito, mareo y muchas veces diarrea. Después, se empiezan a agudizar los sentidos, entonces se puede llegar a sentir en la piel la energía, a escuchar más agudo, o se empieza a ver colores, figuras. En otro plano se puede empezar a ver pintas, que tiene que ver con la vida de uno, con lo que está viviendo, con lo que va a vivir. También existen pintas más astrales que tienen relación con el mundo cósmico, con los elementos de la naturaleza, con las energías universales, todo lo que tiene que ver con este gran universo que uno normalmente no se conoce ni se aprende a conocer.

“Cada persona que llega es porque ha sido escogida por la medicina y la naturaleza, para encontrar la misión que tenemos en el mundo. Va encaminando a las personas por esa misión de sanar y de llevar el mensaje y la palabra de la medicina: vivir bien, vivir con leyes universales y naturales, reglas y disciplinas humanas que se basan en el amor, el respeto, el perdón, la consciencia, la armonía, el equilibrio, el vivir bien desde la espiritualidad”, cuenta Salazar.

“El yagé representó en mi vida un punto donde yo podía  obtener muchas respuestas, donde podía explorar mis sentimientos, donde podía llorar, perdonar, querer y entender todas mis realidades y las de los demás, para luego comprender que el perdón puede transformar hasta los pasajes más oscuros de alguna persona”, afirma Córdoba y continúa diciendo que la medicina es el pilar que lo constituye, que es como si tuviera parte de ese remedio, de esa raíz, de esa planta, de esos elementos que componen toda esta ritualidad con la madre selva, con la madre naturaleza. Para él, el yagé representa ese polo para encontrar la tranquilidad, la paz, la alegría, la comprensión y un referente en su vida para encender la llama cuando hay oscuridad.

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Desde el punto de vista farmacológico cerebral, el asesor médico Carlos Fernández, publicó en el 2014 un artículo en El Tiempo, donde asegura que el yagé es una combinación de un fuerte antidepresivo y un potente alucinógeno que al mezclarse debe manejarse con mucho cuidado. Añade que como psicotrópico se ubica en el mismo lugar de algunos enteógenos sintéticos, como el LSD y el éxtasis.

En el texto menciona algunos casos de personas que han muerto durante el consumo de yagé y pone como ejemplo a quienes usan antidepresivos,  sufren trastornos bipolares o esquizoides, o son sensibles a las tiraminas o metabolizadores lentos. Con esto hace referencia a que, al consumir yagé, se suman sobredosis que pueden desencadenar lo que médicamente se conoce como un síndrome serotoninérgico, que por el efecto sumado de todas esas sustancias puede generar agitación, confusión, fiebre, vómito, diarreas, temblores, convulsiones, llevar al coma y, en el 10 por ciento de los casos, acabar en muerte. A pesar de eso, Fernández concluye que hay que respetar su uso ritual, pegado a las tradiciones y liderado solo por los médicos tradicionales indígenas, en el contexto físico, mental y espiritual, y dice que solo en ese escenario el yagé es un patrimonio cultural.

Por su parte, Chicangana, asegura que no hay riesgos al tomar yagé: “Las únicas cosas que uno llega a advertir con los pacientes es no estar tomando antibióticos y en el caso de las mujeres no estar menstruando, no estar en luna. De ahí no hay mayor riesgo porque esto no es una planta que llegue y mate gente. Esas recomendaciones se hacen porque el yagé es una planta fuerte y los antibióticos también, entonces en ese caso pueden llegar a chocar y haber fuertes reacciones. Si la persona lleva bien las recomendaciones, no pasa nada”.

Diana Salazar acepta que las situaciones lamentables sí han sido ciertas pero asegura que todo depende del lugar o de la persona con la que se vaya a tomar la medicina: “Esto es un proceso de muchos años, de mucho respeto, uno tiene que procurar conocer con quién va a compartir en estos espacios porque hoy en día se ve muchos falsos médicos. La medicina se ha prostituido, hay personas que han entrado al territorio amazónico a ver el proceso con un sentido de comercialización, entonces todas estas situaciones desafortunadas han pasado por esas cosas”.

Alex Chicangana reconoce que hay personas que al tomar yagé han muerto o enloquecen y afirma que esas situaciones han ocurrido porque hay personas que no llevan los procesos de preparación, que no saben cómo manejar el yagé, que es una planta muy poderosa, entonces ocurre que al no tener ese conocimiento, llegan, se ponen a dar la medicina y no tienen cuidado de los pacientes, no saben del viaje, no toman, y si toman, no saben para qué toman ni para qué dan yagé en esta vida. Expresa Chicangana que cuando no se tiene ese conocimiento o cuando por lo menos no se es autorizado por un taita para dar el yagé, es muy peligroso: “Ahí sí pueden quedar locos y hasta pueden morir, porque eso es un viaje, la ceremonia es un viaje que uno hace, no solamente a conocerse uno, sino ir a conocer el universo, toda la existencia, y en ese viaje uno se encuentra con lo astral, lo positivo y lo negativo, y si el que está dando el yagé no está preparado para ayudar, para armonizar, para regresar a esta realidad, es cuando ocurren los problemas. Por eso es que es tan complicado hoy en día llegar a tomar yagé porque ahora sale mucha persona a la ciudad a darlo y no sabe qué es ni cómo se maneja”.

Los indígenas manejan su propia ciencia, su propio conocimiento ancestral. En el mundo occidental se dice que la ciencia no acepta las medicinas que manejan los pueblos indígenas. Cuenta Chicangana que desde el mundo occidental se concibe al yagé como una intoxicación y con cosas que para él no tienen sentido. “Lo que ellos piensen de nosotros nos tiene sin cuidado porque nosotros sabemos lo que tenemos, en lo que estamos viviendo, en lo que estamos andando y realmente muchas opiniones de la medicina de occidente son hablar por hablar, porque para saber de yagé, para hablar de yagé, hay que tomar yagé”.

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Regresar.

El llamado musical. Despertarse bailando al lado del fuego sin saber por qué. Bailar sin esfuerzo. Bailar y bailar. Muchas ganas de bailar. El cuerpo y el alma bailando. Liberándose.

Intentar recordar qué pasó.

Intentar interpretar qué pasó.

Y ahora, buscando las respuestas de la naturaleza. Buscarlas. Interpretarlas. Y seguirlas. Siempre seguir el llamado de la tierra.

Agradecer por la vida. Por la oportunidad de vivir. Por el sentir.

Llorar. Abrazar y seguir construyendo camino.

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“La humanidad tiene muchas necesidades físicas y espirituales, pero más necesidad espiritual, que aflige la vida del ser humano y en eso, el tomar yagé se hace necesario –de la misión que nosotros manejamos acá– para que la humanidad sane realmente. Nosotros hemos visto que la humanidad va a en decadencia, día a día hacia atrás, no está avanzando, no está fluyendo, entonces a través de la medicina del yagé pueden llegar a sanar muchas cosas para que puedan llegar a tener una vida buena, una vida en lo caminar de lo positivo y sanar todo lo negativo en su existencia. La medicina representa para el ser humano una herramienta, una ruta, para poder llegar a sanar, para reencontrarse consigo mismo, con lo que le rodea, para sanar, para avanzar”, concluye Alex Chicangana.

Para Diana Salazar, “la medicina representa un camino espiritual, representa una forma de vida. Cuando la medicina entra a ser parte de una persona es difícil alejarse, no es como una dependencia de la bebida en sí, no, lo que pasa es que uno queda con un pensamiento de lo que es la vida y de lo que es el mundo. Es una forma de pensar que se inserta en uno, es como cuando uno descubre una verdad y ya no puede vivir en la mentira, ya no puede regresar a lo otro, porque lo otro no hace parte de la verdad que conoces. La medicina representa eso, la manera en que me cuido a mí misma y por vivir bien y pensar bien, cumplir con una verdadera misión, para mí o para las personas que están a mí alrededor. Es eso, la relación que permite establecer con el yo y con los seres supremos, espirituales, de la naturaleza o con la fuerza suprema a la que muchos llamamos Dios”.

“A través del yagé he logrado entender más la vida, entenderme aún más”, afirma Córdoba y concluye diciendo que para él el yagé es aprendizaje, fuerza, motivación. “Creo que todo mundo debería, con el respeto que se merece el remedio, ir a tomar yagé,  eso nos haría comprender una gran cantidad de cosas”.

 

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Cura y sana. Cura y sana. Cura y sana.

Gracias yagecito de colores.