25 de agosto de 2019

Fotorreportaje

Guachicono: fría belleza de montaña

El resguardo indígena de Guachicono pertenece al Pueblo Yanacona y está ubicado a 104 kilómetros de Popayán, capital del departamento del Cauca y, a 39 kilómetros al suroriente de la cabecera municipal de La Vega. A través de su historia, ha dinamizado procesos de organización social que reivindican sus derechos territoriales, culturales, económicos, políticos y sociales.

Por: Angélica María Guzmán M.

www.comarcadigital.com – Universidad del Cauca

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Se siente frío en la montaña. Una montaña imponente, certera, virtuosa. Está rodeada de pequeñas gotas de agua suspendidas en el aire o quizás en el tiempo. Para llegar al resguardo fue necesario recorrer una carretera no asfaltada a cuya vera se elevaba un paisaje esplendoroso. Fuentes de agua dulce, reservas naturales: páramos, montañas, humedales, vegetación. En medio de todo, está Guachicono, entre los pisos térmicos fríos y el páramo a una altura de 2760 metros sobre el nivel del mar. Ahí está, con una temperatura promedio de 9 grados centígrados. En medio de la montaña, de la niebla, del frío. Un territorio lleno de esperanza.

 

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Lo primero que uno ve al llegar es una pequeña plaza. Una especie de parque que congrega a sus habitantes alrededor de los cultivos producidos en la zona alta: papa, ulluco, arracacha, fríjol, maíz, tomate. Casi todos usan gorros, guantes, ruanas. Hace frío. Mucho frío. Aun así, se logra sentir el color del arcoíris que rodea el resguardo ancestral de Guachicono. Rojo. Naranja. Amarillo. Verde. Azul. Índigo. Violeta. Detrás de esos colores está el territorio, la sabiduría, la ancestralidad y la lucha.

 

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Cuentan sus habitantes que los primeros yanaconas que llegaron al Macizo Colombiano traían y hablaban el idioma quechua, pero, con la colonización, se fue perdiendo la lengua para adoptar el español. Hoy, algunos conservan palabras que usan con frecuencia y son transmitidas de manera oral de padres a hijos.  

 

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A pesar de que el tiempo se ha llevado consigo algunas tradiciones, el resguardo está bastante organizado. Frente a la plaza principal está el edificio donde se constituye una especie de sistema político bajo una figura de cabildo de indígenas con un representante legal al que llaman gobernador y otros comuneros llamados cabildantes. Todas las decisiones se toman ahí. Todo está ahí. Normas, leyes, costumbres, recuperación, memoria, historia.

 

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Los rostros de sus habitantes son cálidos y esperanzadores. Es ahí donde uno se da cuenta de que Guachicono está más allá del incesante frío. Está más allá de sus casas construidas en ladrillo. Está más allá de sus casas construidas en bahareque con tierra pisada. Está más allá de la teja de barro, del techo de paja, del piso de tierra, tabla o cemento. Guachicono está en la sonrisa de su gente, en un cálido abrazo, en un agua de panela caliente, en la lucha diaria por defender el territorio desde el territorio.

 

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Para esta comunidad, la educación es el eje trasversal dentro de su Plan de Vida, por eso, desarrollan diferentes procesos de socialización, tejiendo estrategias y mecanismos educativos de acuerdo a sus necesidades sociales, económicas y culturales. Por eso, la comunidad está bajo los lineamientos del cabildo indígena, de esa forma, recuperan y preservan sus tradiciones.

 

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El resguardo de Guachicono es, como muchos otros en el Cauca, resistencia. A través de la ruana de lana de oveja, las mochilas en lana o fique y los chumbes para envolver a los bebes, siguen tejiendo su cultura. La experiencia de adentrarse en el Cauca es redescubrirse en cada rostro, en cada mirada, en cada espacio, en cada sonrisa. El mercado de un lunes, el frío del páramo, los rostros escondidos, la pobreza, el abandono. En medio de las montañas del Cauca está una realidad escondida, que no es ajena, que se mezcla entre el arcoíris, entre las risas, entre el sonido de una armónica que transmite dolor, alegría y esperanza.

 

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