31 de diciembre de 2017

Cultura

¡La Chirimía sigue viva!

Este año la conmemoración decembrina en la ciudad de Popayán fue para la música. Bajo el lema: “Popayán Musical”, la ciudad rindió homenaje a los sonidos autóctonos que han identificado al Departamento del Cauca a través del tiempo.

Por: Angélica María Guzmán

Fotografías: David Bucheli  y Angélica María Guzmán

 

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Cuando pienso en el Cauca pienso en mi bisabuela, es que gracias a ella conozco gran parte de la historia de nuestro departamento y además, esa historia se ha reforzado por las actuaciones de mi familia en ella. A decir verdad no sé si todo sea cierto, tal vez en medio de su narración le ponga un poco de fantasía al asunto para que todo suene más extraordinario como tanto le gusta. Esta vez, me remito a través de ella a la música, aquella que ha logrado darnos vida, historia, tradición y legado. Pero no me refiero a cualquier tipo de música, estoy hablando de sonidos autóctonos que han logrado identificarnos como región y que de una u otra forma nos llenan de orgullo.

La época decembrina en la ciudad de Popayán se caracteriza por darnos un espectáculo musical donde el centro de atención es la chirimía. Es una tradición que realmente no sé desde cuando existe, pero que conservo con fervor porque crecí con el recuerdo de “Los Andinos” unos tíos que hacían música hace muchos años y gracias a ellos, guardo el recuerdo que nunca viví de épocas gloriosas llenas de folclor. Entonces, a través de ellos también se hizo historia y por medio de esa historia mi bisabuela me ha empapado de tradición y cultura. Debo aceptar que todo este legado cultural es una herencia que va más allá de una simple costumbre. Es algo que se lleva en el alma y que en cada acto se pretende conservar.

La chirimía hace su más importante aparición en las fiestas tradicionales, especialmente en los aguinaldos. El nombre proviene del francés “chalemie”, que a su vez viene del latín “calamus”, caña, flauta de caña. Es un estilo musical colombiano de alta presencia en el Departamento del Cauca y en algunas partes del Chocó. Pero, por lo que me dice mi bisabuela, es la agrupación musical que caracteriza al Cauca. 

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La palabra chirimía tiene doble significado en el folclor colombiano. Por un lado hace referencia a un instrumento de madera parecido al oboe, el cual poseía nueve agujeros laterales de los que únicamente seis estaban destinados a taparse por medio de los dedos. Las había agudas, altas y bajas. Es el antepasado directo del oboe y muy similar a la dulzaina. En la actualidad está casi totalmente desaparecido por causa de su difícil ejecución, se dice que su sonido lo produce la garganta del músico. Pero chirimía también se llamó al conjunto donde figuraba el instrumento, cuya función melódica estaba reforzada por las flautas de caña traversas. Al desaparecer aquel instrumento, chirimía se llama hoy al conjunto instrumental popular del Pacífico y más particularmente de la región del Cauca, constituida por flautas traversas de caña, guarachas, tamboras y maracas.

Cuando era una niña, se veía con mayor auge la presencia de las chirimías en todo tipo de festividades, especialmente en diciembre. En ese mes la agrupación musical tenía una particularidad, no solo estaba conformada por los músicos sino que traía consigo un peculiar personaje, el diablo. Era una persona disfrazada que bailaba bajo los ritmos carnavalescos y se acercaba a la gente en busca de una remuneración monetaria.

Para mí no resultaba extraño ver cómo todos se unían al carnaval y le cogían la cola al diablo, pero sí me aterrorizaba verlo. En realidad me asustaba mucho y cada que escuchaba que la chirimía se acercaba, salía corriendo a esconderme. Es que antes, el diablo y la chirimía hacían todo un espectáculo y hasta a las casas entraban. A la gente le encantaba que eso pasara o por lo menos a mi familia. Yo pensaba que lo hacían por asustarme, luego entendí que no, sólo disfrutaban de la música. Mi mamá pacientemente me explicaba que era una persona disfrazada pero en realidad no lo entendía, yo sentía que el diablo me iba a llevar. Ahora me pongo a pensar que para un niño debe ser aterrador que el diablo entre a su casa y más para mí, que nací bajo las creencias católicas, donde el diablo es un ser sobrenatural, maligno y tentador de los hombres. A veces todo suele ser completamente contradictorio. 

 

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En la ciudad, para quienes no lo sepan, sólo en diciembre el diablo hace su aparición. Cuenta la leyenda que un día de Navidad salió una chirimía al mercado de Popayán con el fin de armonizar el ambiente y ganar un poco de dinero, o como dicen coloquialmente: “ganarse el pan con la baba de la flauta”. Es que a decir verdad diciembre sin una chirimía no es diciembre: a su alrededor se agrupaba mucha gente pero nadie daba nada. Entonces se les ocurrió hacer que una ñapanga acompañara a la agrupación y a través de ella recoger el dinero, pero no les funcionó. El director, un poco desesperado dijo que vendería el alma al diablo si la música le daba de comer ese día y entonces se apareció el diablo bailando y recogiendo dinero entre la multitud. Dicen que al diablo le gustó tanto la fiesta con flautas y tamboras, que se quedó a vivir en el Cauca y para invocarlo solo se debe tocar una chirimía.

Con toda esta historia me causó mucha curiosidad ver que este año la ciudad le rinde homenaje a una de las tradiciones caucanas más hermosas que poseemos, porque de cierto modo, estamos rememorando a los pubenenses, los primeros habitantes del Valle de Pubén, nuestros antepasados. Nada más típico, popular, carnavalesco, ancestral y propio del Cauca que la música de chirimía.

No puedo hablar de ella sin hacer mención del “Monumento a la Chirimía” del maestro Adolfo Torres, ubicado en la vía Panamericana, carrera 17 con calle 13, erigido en el año 2000. Desde una perspectiva estética, la escultura responde al contexto y tradición caucana, que de una u otra forma ha sido desatendida por las miradas oficiales, porque las tradiciones caucanas aparecen en carnavales, pero desde el arte es poco a lo que se le da relevancia, basta con observar el abandono en el que está el monumento. Al verlo, pareciera que yo también dejara a un lado las historias de la bisabuela, historias que también me pertenecen y que a veces olvido. Entonces recuerdo, que en mis manos está seguir recordando a los tíos y continuar contando nuestra historia a quienes la sienten pero no la conocen.

Existe una particular leyenda detrás del monumento. Me contaba el maestro Adolfo Torres cómo surgió. Se dice que quien va a visitar la escultura, debe pensar en un deseo y dar siete vueltas, una por cada músico, si mientras dan las vueltas escuchan que suena la flauta, es porque el espíritu del diablo se hizo presente y va a conceder el deseo.

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A decir verdad cuando pienso en diciembre, pienso en la chirimía y el diablo metiéndose a la sala de mi casa y se me hace verme debajo de la silla escondiéndome mientras los demás se ríen. Después de un tiempo, se convertía en un acto de valentía entre mis primos y yo, quién era capaz de acercarse al diablo para darle la monedita en la tula o cogerle la cola. Y qué acontecimiento generaba que un diablo llegara sin cola, la gente se enloquecía y empezaba a gritar: “diablo sin cola no vale”.

Todas esas tradiciones se fueron reforzando con el tiempo, mi familia patoja, patojísima, siempre me inculcó las expresiones artísticas de nuestro departamento y nos causa emoción ver que no se han perdido, que las historias de mi bisabuela trascienden. Por eso sigo anonada con “Popayán Musical”. Yo creo que la gente no se da cuenta de la dimensión que abarca el lema decembrino del 2017, tal vez me cause mucha impresión porque casi nunca veo que en la ciudad se rinda homenaje a nuestra cultura popular, que aunque lo quieran o no, nos pertenece.

Podría decir con certeza que diciembre no se vive de la misma forma desde que era una niña, porque al igual que mi bisabuela, yo también tengo historias que nacen a partir de ella y que esta vez, las viví. También puedo decir con orgullo que quienes nacimos en la época de los 90 fuimos los últimos en disfrutar infinidad de cosas y también puedo afirmar que en la ciudad hay muchas personas que se interesan por mantener vivas nuestras raíces, como Alma Caucana uno de los grupos más tradicionales. Ese es el que más recuerdo, pero mi bisabuela siempre hace mención de Aires de Pubenza, los Pubences, Los Caucanitos, Los Patojos y Los Gavilanes.

Ahora, me hace feliz ver que los niños tocan en una chirimía, porque es como si ellos hubieran escuchado alguna de las historias de mi bisabuela y le estuvieran cumpliendo el sueño de rememorar sus épocas. Muchos se disfrazan del diablo y es la especie de legado que mi familia ha intentado mantener en nosotros, entonces me doy cuenta de que no es solo la mía, que hay muchos patojos que no quieren dejar perder lo nuestro. Ya no le tengo miedo al diablo y me siento muy orgullosa al ver que el Parque Caldas está lleno de chirimías y que la gente las disfruta. Parecía que todo se estaba perdiendo pero no, este año todo renació. Como diría mi bisabuela, el Cauca somos tú y yo, y todavía hay muchas historias por construir, porque los tiempos cambian, pero la esencia es la misma.