07 de mayo de 2021

El legado de Uribe: el fascismo del gobierno Duque

El caudillismo, el militarismo, la lucha contra la paz, la corrupción y la inoperancia de la justicia, son algunos de los elementos que se tocan en este análisis sobre el contexto actual y la crisis que presenta el país. Se plantea que la violencia fascista es la última carta que le queda a un uribismo arrinconado.

Por: Guillermo Pérez Larrota

Ilustraciones tomadas de Pacifista! y Pulzo

El_legado_de_Uribe_el_fascismo_del_gobierno_Duque_1.jpg

“En Colombia se están incubando las condiciones para que se imponga un fascismo criollo del siglo XXI, que culmine la demolición del sistema de democracia liberal que sobrevivió a medio siglo de conflicto armado. El sentimiento de tener una clase dirigente con varios estadistas de relevo, que fue el ilusorio orgullo de Colombia, dejó de existir. Nos tocó conformarnos con políticos que no ven más allá de los beneficios del poder personal, mientras el barco avanza en la tormenta en medio de arrecifes. Ante la crisis terminal de los partidos que alguna vez construyeron Estado, ocupa el vacío un movimiento político aglutinado por Álvaro Uribe, con capacidad para enterrar la democracia liberal”, dice Alejandro Reyes Posada.

Este juicio se ha convertido en realidad en Colombia, bajo el inepto y violento gobierno de Duque. Y la precaria democracia formal que había caracterizado a Colombia en el pasado, se ha quebrado gracias a la hegemonía del partido de gobierno. Asistimos a una crisis de la democracia de carácter global, incluida Latinoamérica. Y en Colombia dicha crisis se ha perfilado como fascismo del partido de gobierno.

Para acercar esta idea, voy a seguir una definición del profesor argentino Pedro Raúl Noro. Este autor reseña un comentario de Eda Saccomani caracterizando el fascismo, advirtiendo que dicho fenómeno político tiene diversos acentos. La definición más general reza así:

“Es un sistema de dominación caracterizado por el monopolio de la representación política organizada en un partido único, vertical y de masas (...) que exalta la colectividad nacional y desprecia los valores del individualismo liberal y los derechos del hombre como fueron interpretados a partir de la Revolución Francesa. Tales derechos son rechazados visceralmente porque la razón y la libertad adquieren  demasiada  preponderancia como posibilidad de crítica y de ejercicio de opciones, y por tanto, se enfrentan  a cualquier forma de autoritarismo y todo aquello que suene a uniformidad colectiva (...) El partido fascista es obviamente vertical y siempre liderado por un jefe supremo quien cree interpretar las necesidades y aspiraciones profundas de la nación”.

Frente a esta caracterización de Noro señalamos dos aspectos:

a) Desde el fascismo el sentido amplio de la libertades de la persona, es negado o perseguido, en función de una posible uniformidad de las opciones, ideas y acciones que atañen precisamente a los individuos, para encauzarlas en las orientaciones del partido único, o del Estado autoritario, o también de su orientación cultural y religiosa, si ésta es explícita o solo sugerida; cuestión que tiene un sentido histórico y cultural, sedimentado en el tiempo con diversos aportes culturales, globales o nacionales, según el país de que se trate. 

b) Voy a dar en esta presentación, un desarrollo breve sobre la actual crisis de Colombia, que nos ilustra la política fascista del gobierno.

 

  1. Perfil del caudillo

Postulamos unas ideas sobre la psicología social del caudillo Álvaro Uribe, que corresponden a la caracterización del autoritarismo y se acercan a la idea del fascismo. Bajo su creciente influencia política desde inicios del siglo XX, este hombre formó pacientemente el infundio de ser irremplazable como gobernante que ofrece soluciones definitivas. Ha tejido con el tiempo una red de poder económico y político para controlar gremios poderosos. Lo pudo hacer porque inicialmente él tuvo un gran poder económico, proveniente de herencias y presumiblemente, de beneficios obtenidos con las mafias del narcotráfico, y además, fue hábil para asociarse en redes clientelistas con el paramilitarismo. 

Utilizó el caudillo sistemáticamente la mentira, movilizando con inteligencia las redes sociales, para influenciar a la masa que lo sigue. Un ejemplo entre muchos: puso a circular la versión de que las reformas sobre el agro surgidas en los diálogos de La Habana, eran injustas para honestos empresarios del campo, y que el país iba a quedar en manos del castrochavismo y las Farc. Otro ejemplo que caracteriza la persecución a opositores: incriminó implícitamente a sus opositores, periodistas, políticos, o simples ciudadanos, señalándolos de terroristas, al atreverse a criticar su gobierno en medios públicos (por ejemplo la persecución a Daniel Coronell). Igualmente, determinó seguimientos y acosos a políticos, opositores y periodistas, por parte de organismos de seguridad como el DAS. 

Aquella incriminación constante es una forma eficaz de hacer política por medio del terrorismo psicológico, por cuanto logra con ello movilizar a su favor las pasiones de sus bases, que no solo son las élites, sino pueblos y regiones que lo admiran. Además de que pone en peligro la vida de sus opositores. Puso las manos en el fuego por un jefe del DAS (José Narváez) hoy encarcelado por graves delitos, y condenado por el homicidio del humorista y periodista Jaime Garzón. Y logró que lo reeligieran como presidente por medio de sobornos a Yidis Medina y Teodolindo Avendaño. 

Uribe utilizó los servicios secretos del Estado para socavar la acción de otros poderes, que como el judicial, investigaban los crímenes cometidos por sus amigos y familiares, en su relación con el paramilitarismo. Entonces decía a sus amigos parlamentarios que votaran los proyectos de su gobierno, antes de que ellos fueran a la cárcel. Finalmente, sus servidores fraguaron confabulaciones contra magistrados que investigaban, a través de falsos testimonios venidos del hampa. Para destruir a sus enemigos supremos, argumentando la defensa de la patria, dio premios en dinero a los militares, motivando que se mataran no solo guerrilleros sino gentes humildes que pasaron por ser guerrilleros. El soldado podía así obtener un dinero por cometer crímenes en Soacha. Y el caudillo ganaba popularidad en su lucha contra los subversivos. Finalmente puso a circular en el juego mediático que no hay soluciones intermedias, o son los malos, o es él y sus alfiles, que nos dan la esperanza para salvarnos a todos. Recientemente, en diciembre de 2019, frente a un reclamo que le hizo un joven en una playa de Santa Marta, respondió que “no vamos a permitir que la izquierda suba al poder en Colombia”.

Este hombre, puede hacer todo esto desde el maquillaje sentimentaloide sobre su amor a la patria y su corazón grande, que lucha por nosotros y nuestras familias. Finalmente, es absolutamente hábil para actuar tras bambalinas, de modo que otros hagan el trabajo sucio por él. Y muchas veces hasta les toca ir a la cárcel, pero él afirma que son perseguidos políticos de un gobierno traidor a sus ideales o de un aparato político de justicia.

 

  1. La lucha del caudillo y su partido contra la paz

Ahora, Uribe no quiere que se conozca la verdad sobre todos los actores de ese conflicto; porque eso progresa hacia la demostración de verdades atroces de la guerra, de crímenes de todos los bandos, de la verdadera existencia de un conflicto armado, y sobre todo, de un posible resarcimiento de las víctimas. Por eso en su debate contra la JEP, querían los miembros del CD separar la verdad de la pena, es decir, el militar quedaría eximido de decir la verdad. Y entonces existiría un tribunal especial sólo para militares, que contarían con su propia defensa legal, casi como una justicia penal militar, en relación con actos del servicio. Pero todo este razonamiento, no cuenta con que hoy la Corte Penal Internacional puede juzgar crímenes de guerra de los militares. 

Y entonces, cuando ve a los militares declarar ante la JEP, Uribe rechaza esto, y no comenta el silencio del general Mario Montoya sobre los falsos positivos, pero pone el grito en el cielo con la absolución de la señora Baquero, participante en una acción contra el ejército, sobre lo cual, el actual ministro de defensa ha interpuesto un recurso legal, por considerar que ella fraguó un acto terrorista con un carro bomba. 

 

  1. La alianza militarista

El caudillo busca ahora que los militares puedan votar, rozando peligrosamente la idea fascista, al igual que presumiblemente se promueven desde instancias gubernamentales y 

de su partido, espionajes realizados por el ejército, espionaje a los ciudadanos, políticos y periodistas, de forma parecida a como ocurrió y sigue dándose hoy en diferentes estados totalitarios o autoritarios. Muy preocupante resultó también que el ejército hubiera publicado en Twiter una lista titulada “oposición”, incluyendo en ella a periodistas y organizaciones sociales; ante el reclamo que hicieron varios medios, aclararon que se trataba de un listado de monitoreo, sobre temas en relación con el ejército. En todo caso, este evento ocurrido en redes, promueve desconfianza de los ciudadanos, frente a la creciente conexión del ejército con el CD. No es algo despreciable para el análisis, que salgan a la luz fotos del Neñe Hernández con militares de alto rango, ganadero que compró votos para la campaña presidencial de Iván duque, con el apoyo del mafioso Marquitos Figueroa, y acciones que muestran un vínculo de este hombre con el ejército. El ejército parece hoy dividido en facciones que apoyan a Uribe y sectores más tolerantes que comprendieron la importancia de la paz. Por eso mismo, al posicionarse como presidente Iván Duque, representantes del CD exigieron la remoción de altos mandos militares que eran subordinados de Santos.

El_legado_de_Uribe_el_fascismo_del_gobierno_Duque_2.jpg

  1. El gobierno de Iván Duque y su violencia fascista

La hegemonía fascista le interesa al CD. Ya lo dijo Álvaro Uribe en una playa de Santa Marta: “no vamos a permitir que la izquierda suba al poder en este país”. Quieren continuar en el poder, a cualquier costo. Hoy la muerte sigue su curso de siempre, pero con la revolución mortal del covid19. La muerte sigue su curso perverso en los asesinatos que ocurren en Colombia. ¿Cuántos meses hace que el presidente de la nación dijo que enviaría un batallón al Cauca para controlar la muerte agenciada por los ilegales? ¿Ha ocurrido algo nuevo? Lo nuevo es que siguen muriendo líderes sociales en el Cauca y Colombia. Novedad que se colma con otras, porque también lo nuevo es que lo viejo vuelve con otros perfiles. Vuelven las chuzadas, que Duque dice ignorar en donde se origina, mientras afirma que hay que defender la libertad de expresión. No le creemos a Duque ni a su ministro de defensa. En su partido hay gentes que por tradición, y por el poder que ostentan, podrían estar dirigiendo la red de espionaje que destapó la Revista Semana a inicios del año 2020. Es la podredumbre de un poder detrás del presidente, poder que reafirma su autoritarismo, y se aprovecha de la pandemia para actuar y firmar decretos lesivos para la ciudadanía, como ocurrió a lo largo del año 2020. 

Comprará este gobierno 24 aviones de guerra, gasta millones para la seguridad de los expresidentes, tiene muchos asesores inoficiosos, y sobresale su sordera esquizofrénica frente a los reclamos de la gente, y mientras tanto siguen matando a los jóvenes en las calles.  Duque no oye a la gente ni a los líderes del paro, y en cambio busca acuerdos con la clase política tradicional. Compra este gobierno armas para el Esmad, porque sabe que el pueblo se está rebelando en las calles y hay que contenerlo con la violencia. Es el último recurso que les queda: reprimir y asesinar en las calles a la protesta de los jóvenes. Por eso 

Uribe llama al ejército para que respalde el gobierno autoritario de su pupilo. Sabemos que en el paro se infiltran grupos violentos de diferente naturaleza (ELN, disidencias y bandas criminales), pero es claro también el desborde de asesinatos cometidos por la policía o el Esmad, sin que tengamos garantías de que se haga justicia. Ya es seguro que buscan la impunidad frente al asesinato de Dilan Cruz. Y no creemos en la procuradora que ofreció espacios de negociación de la ciudadanía con el gobierno. 

De acuerdo con informes del movimiento estudiantil de la Universidad del Cauca, actualmente asistimos en Popayán a una represión y violencia sin precedentes por parte de la fuerza pública, que se ha enfrentado a los manifestantes para desaparecer, matar o herir a las personas que protestaban. Hasta el día 4 de mayo el balance era de 43 heridos, 24 capturados, 8 desaparecidos, y 2 periodistas lesionados. Los policías atacaron a la Defensoría del Pueblo y a la sede de la CUT, donde se refugiaron algunos manifestantes frente a su persecución. Hay hombres en moto y sin uniforme, que acompañan a los policías. De otro lado, hace unos días, la policía emprendió violencia contra una misión observadora de la OEA, y ya la Organización de las Naciones Unidas se pronunció a través de declaraciones de la señora Martha Hurtado, denunciado las violaciones de los derechos humanos, ocasionadas recientemente por el gobierno de Duque.

 

  1. La corrupción y la inoperancia de la justicia

El fascismo promueve la dependencia de la justicia respecto del ejecutivo. En el mejoramiento y manipulación de la imagen del presidente, su talante fascista cuenta con el apoyo del fiscal Barbosa, su amigo entrañable; pues no creemos que vaya a concluir con castigos ningún escándalo reciente, ni futuro. Ni el caso de Odebrecht, que ya parece historia antigua; ni las declaraciones de Aída Merlano, ni mucho menos la ñeñepolítica, destapada valientemente por Gonzalo Guillén y Julián Martínez, a quienes vienen persiguiendo y acosando con espionaje; ni el caso de los sobornos ofrecidos por el abogado Cadena, por órdenes de Uribe, para desmentir las denuncias sobre paramilitarismo del caudillo y su hermano, investigadas por el senador Iván Cepeda. La impunidad del caudillo está asegurada para siempre. Ni por supuesto, el podrido espionaje desde la cúpula del ejército. La imagen del presidente consiste precisamente en maquillar. Y un fiscal de bolsillo ayuda mucho en ello, junto con un congreso en mucho grado complaciente, y unido a las corruptelas regionales. El poder hace pactos secretos y hoy la situación le ayuda más en ello. 

 

  1. La permanencia indefinida en el poder

Las elecciones presidenciales fueron financiadas en las últimas décadas por dinero mafioso, como ocurrió con Samper, por grupos paramilitares, en los dos gobiernos de Uribe. Por la corruptela liderada desde Odebrecht, en beneficio de Oscar Iván Zuluaga y Juan Manuel Santos, del grupo Aval, para la campaña de Duque; y por Aída Merlano, Marquitos Figueroa y el Ñeñe Hernández en la elección de Duque, quien también recibió apoyo de un rico empresario venezolano. Al respecto, recordemos las contradictorias informaciones de la directora del partido CD ante la prensa. Sobre todas esas ilegalidades, el gobierno tiene asegurada su impunidad, gracias a su fiscal de bolsillo. De otro lado, ya el fiscal Barbosa enfiló baterías contra Sergio Fajardo, procurando empapelarlo por acusaciones absurdas. Es posible que el uribismo postule mantenerse en el poder bajo una alianza corrupta con la Fiscalía y la Registraduría, y que difícilmente haga pactos con otros partidos, que no le garanticen absolutamente su mando en un futuro gobierno. Entonces, hoy más que nunca, en medio del desprestigio del gobierno Duque, el clientelismo, las mentiras en las redes, el favor de ciertos medios, el poder empresarial, los grandes terratenientes, el dinero sucio y el fraude serán aliados óptimos para asegurar la hegemonía del uribismo. Es muy grave para Colombia la reciente aprobación del código electoral en el congreso de la república; es un adefesio que respalda los movimientos políticos que el registrador Alexander Vega ha realizado, nombrando y removiendo registradores departamentales, para garantizar un manejo corrupto de las elecciones del año 2022, desde posibles negocios clientelistas que darán poder a diversos clanes políticos en las regiones, como los Char y los Gnecco. El único funcionario que criticó el código electoral fue el anterior procurador, Fernando Carrillo.

 

  1. La crisis del modelo económico neoliberal

Actualmente se patentiza frente a la pandemia, la precariedad del papel del Estado en la vida social y económica, que hoy más que nunca, implicaría una reorientación del modelo económico. Varios aspectos apuntan en esta dirección: el Estado debe asegurar la vacuna para todos y afianzar la socialización de la salud, el Estado debe redistribuir el ingreso y generar impuestos progresivos, el Estado debe salvar el agro colombiano y defender a todos los productores de comida. El Estado debe ayudar a todos los empresarios, grandes, medianos y chicos. El Estado debe implementar una renta básica para los ciudadanos más pobres. El Estado debe asegurar la matrícula cero, para ayudar a que tantos jóvenes tengan un futuro distinto de la violencia. El Estado debe negociar con las guerrillas. Pero todo esto es utopía. En cambio, Duque favoreció a las grandes empresas con exenciones de impuestos, y sabemos que eso ocurre porque han sido los grupos poderosos los que lo llevaron a la presidencia. Si algo enseña la pandemia, aún con más fuerza, es la bancarrota del neoliberalismo, y el mundo entero tendrá que ver cómo financia la reapertura económica. En contraste con este horizonte, el gobierno intentó hacer, con cinismo y torpeza, una fallida reforma tributaria en beneficio del capital y contra la clase media, que colmó la copa de la indignación de la ciudadanía; y busca una reforma a la salud aún más radical en beneficio de la privatización. Mantiene el esquema de la explotación minera y del fracking, así como de fumigaciones con glifosato, todas políticas que alientan la ira y reacción de las gentes a lo largo de todo el país. La violencia se ha tomado las calles, pero en medio de esa locura y caos ha surgido con fuerza inmensa la inconformidad legítima de los ciudadanos y los jóvenes. El uribismo se encuentra arrinconado, y su última carta es la violencia fascista. En estos días, Colombia está haciendo historia, las fuerzas están enfrentadas, y veremos si salimos hacia luces democráticas o se afianza al autoritarismo.

 

1 Remito a la conferencia “Crisis global de la democracia”, de Manuel Castells. https://www.youtube.com/watch?v=q9blcS9bxO0
2 Noro, Pedro Raúl. “Acerca del fascismo en particular y los totalitarismos en general. Documento mimeografiado”. 1999.
3  Al respecto, consultar la serie “Matarife”, premiada recientemente con una “India Catalina, en Cartagena”.
4 Su primo Mario Uribe fue condenado por paramilitarismo, y no valió la gestión de Uribe como presidente para torpedear ese proceso (caso Tasmania), y su hermano es todavía juzgado por formar el grupo paramilitar llamado “El clan de los 12 apóstoles”. De las declaraciones de Carlos Castaño en su libro de Mi confesión, se infiere que los paramilitares ayudaron para la elección de Uribe como presidente. En declaraciones públicas, en el marco de acción de la JEP, el jefe paramilitar Salvatore Mancuso ha manifestado que ayudaron a Uribe en sus dos campañas por la presidencia.
5 El periodista Julián Martínez escribió un documentado libro, detallando todo el proceso de las chuzadas del Das, en el primer gobierno de Álvaro Uribe. El libro se titula “CHUZA-DAS.”
6  Escándalo que destapó en enero de 2020, la Revista Semana.
7  El CD promovió espionajes de hackers y del ejército, sobre el proceso de paz, y allí se evidenció  la gestión de Oscar Iván Zuluaga, quien también, al recibir dinero de Odebrecht, frustró su ambición de ser presidente  de Colombia promovido por Uribe.