03 de mayo de 2021

Paloma Presidenta

En tiempos donde con más que sobradas razones crecen la indignación general y las protestas, necesario y bueno es el sarcasmo para mirar con perspectiva crítica el cinismo de los gobernantes, su pensamiento retógrado y su irreversible ceguera respecto de los intereses de los ciudadanos del común. Radiografía irónica de los entresijos del poder y de su líder.

Por: Guillermo Pérez

Ilustración tomada de Pacifista!

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Pensamientos de una payanesa uribista. La violencia terrorista no cesa. Es preciso conjurarla bajo la orden que dio el Líder del partido: los policías deben disparar a esa chusma de vándalos para cuidar los bienes de la ciudadanía. Ya el presidente retiró la reforma tributaria, y habrá diálogos para salir adelante con esta crisis, que en ningún caso es responsabilidad del gobierno. Como lo explicó el gran economista Botero que negoció el TLC, ésta era una buena reforma, pero la politiquería se tiró todo, empezando por el expresidente Gaviria, que salió a chillar con su voz de adolescente cambiando de voz. Es difícil que Marta Lucía sirva como sucesora de Duque. La crisis ha desgastado su incansable labor. Para mí, una opción buena es Palomita. Ella tiene una estirpe que la respalda, mejor que Tomás, pues es muy cercano al Jefe, y eso no es presentable. Vicky se equivocó en eso, pero Palomita la puede nombrar como Jefe de Prensa. Imagínese, ¡ser bisnieta del poeta y nieta de Guillermo León! Además esa mujer se ha preparado para dirigir el país. Lo primero que haría sería separar al Cauca blanco del Cauca indio o negro, pues, como decía su bisabuelo, las razas de la patria se reparten como el oro, la plata y el bronce. Hay que separar la escoria del brillo aristocrático. Su bisabuelo persiguió a los indios, y a Quintín Lame, pero ella atemperaría todo eso bajo una máscara moderna, erigiendo fronteras. Ella mandaría a subir otra vez la estatua de Belalcázar a su podio heroico sobre la ciudad que la vio nacer. Y daría plata para el Cauca, empezando por  financiar mejor el museo Valencia, que fundó su Jefe hace unos años. 

A mí me gusta Paloma, recuerden cómo comparaba con ardor patriótico a su Jefe con Simón Bolívar, esa es la patria verdadera, inmarcesible, la que lleva en su sangre. La que aparece impoluta en el cuadro del Paraninfo de la Universidad del Cauca. Aquella comparación es solo comparable con la que hizo Marta Lucía alguna vez, cuando equiparó al Jefe con Jesucristo. Yo recuerdo cuando él venía a la Semana Santa, siendo presidente, y se hacía cerca de mi balcón para ver los pasos. Y luego rezaba en la iglesia. Palomita, junto con Nieto Loaiza de vice, sería una buena llave contra ese Petro, uno de los responsables de los muertos de la semana anterior. Ella nombraría como ministra de educación a la señora Cabal. “Estudien vagos”, sería su lema fundamental, y como ministro de agricultura al señor Lafaurie, para que dejen de joder con el temita de la paz y de la tierra; ¡habrase visto! Esta chusma pretendiendo todavía que le den tierras. La gente de bien es la que ha edificado este país. Gente como el Ñeñe, ganadero emprendedor que junto con Cayita, ayudó a Duque a conseguir voticos en la Guajira. El día en que murió el Ñeñe, el Jefe mandó por twiter un sentimiento de condolencia. Para él hay muertos buenos y muertos malos, los buenos son los policías y militares, héroes de la patria, y los malos, ya sabemos. Toda esa chusma que está en las cárceles y que el jefe usa para defenderse en los estrados, esos Areiza y demás, que son como carne de cañón para sus designios. Y como ministro de economía sería Botero, el del TLC, y como ministro de guerra, Pinzón. Es hijo de militar, y tiene cara de militar, con su quijada cuadrada. Aunque no grita ajuuaa. Y como ministro de cultura podría ser Macías, ese hombre sí que sabe hacer jugaditas, en este caso sería la jugadita para mantener desde el Ministerio de Cultura las estatuas de todos los próceres, bien resplandecientes, y para editar las obras completas de Laureano Gómez, y para editar una selecta  colección de obras del pensamiento conservador, en compañía del exprocurador Ordoñez, desde Santo Tomás hasta De Maistre, Donoso Cortés, Miguel Antonio Caro, y Carrasquilla. No el ministro, mija. Le tocó renunciar. Qué pena. Sino el sacerdote que formó generaciones de líderes a inicios del siglo XX. Y, naturalmente, editar unos cuatro tomos sobre el pensamiento del Líder, con asesoría de José Obdulio. A Carrasquilla, el economista, se le puede dar una embajada. El ministro de justicia podría ser el propio Ordoñez, que saldría de la OEA, para adelantar una reforma que por fin termine uniendo la justicia al Ejecutivo, como en los buenos tiempos de la república conservadora. A Ordóñez, en la OEA, lo podría reemplazar el propio presidente eterno. Para defender a las Américas del castrochavismo. Pero luego de que la Fiscalía lo absuelva. Sí, todo esto podría ser. Pero primero tendremos que robarnos las elecciones del 2022.