05 de abril de 2021

Medicina alternativa en Colombia

La regulación del cannabis: un camino espinoso

En el 2020, las exportaciones de productos derivados del cannabis obtuvieron US$4,5 millones, según la Asociación Colombiana de Industrias del Cannabis (Acolcanna). La normativa nacional e internacional es el mayor problema a la hora de remitir los productos farmacéuticos. El abogado Juan Sebastián Muñoz, especialista en el tema, expone los retos de la creciente industria cannábica en el Pacífico colombiano. 

Por: Ariana Pismag

Imágenes tomadas de Freepik

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La lucha por la regulación del cultivo de cannabis y sus derivados en Colombia es un proceso extenso en el cual se han involucrado muchos agentes, desde grandes empresas internacionales y pequeños cultivadores, hasta los grupos al margen de la ley. El suelo colombiano ha sido víctima de forzosas erradicaciones y herbicidas como el glifosato, el cual llega a afectar tanto la fertilidad de la tierra como la salud de los que la manipulan y quienes habitan las zonas fumigadas.

Los acuerdos de paz del 2016 entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC-EP, así como un contexto de posconflicto, abrieron las puertas a múltiples debates en torno al cultivo de drogas ilícitas y su financiación de la guerra. Una de las posturas es que aquellas plantas utilizadas para usos ancestrales no pueden ser erradicadas, al igual que los cultivos licenciados para el desarrollo de productos medicinales. Estos últimos son la novedad en el mercado farmacéutico internacional, gracias a estudios como el de la Asociación Médica Estadounidense y el British Journal of Pharmacology, los cuales indican las propiedades curativas del cannabis.

En 2017, el Decreto 613 reglamentó el uso médico y científico del cannabis, dando paso a investigaciones y un mercado novedoso. Desde entonces, la comercialización de productos medicinales para tratar diferentes enfermedades y dolores crónicos ha sido un negocio rentable. Según Fedesarrollo, se estima que para 2030 se generen 41.748 empleos relacionados al cultivo y producción de cannabis. Se espera que el 40% de estos empleos sean administrativos, contratando contadores, economistas, administradores y abogados, entre otros profesionales.

Juan Sebastián Muñoz es un abogado de la Universidad del Cauca, especialista en derecho laboral y relaciones industriales de la Universidad Externado de Colombia. Actualmente desarrolla la creación de sociedades y espacios comerciales dedicados al cultivo, producción y comercialización del cannabidol (CBD).  Guiado por las extensas regulaciones y normativas colombianas, Muñoz explica la complejidad de la industria cannábica y su perspectiva de la situación legal actual de esta planta en Colombia. 

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ACP: ¿Cuál es la situación legal actual del cannabis en Colombia?

JSM: Es muy bien regulada pero es muy dispendioso. Inicialmente se buscaba que la normalización de la planta se diera para incluir a los pequeños productores y como una estrategia para el posconflicto. Pero realmente terminó beneficiando a las grandes empresas, porque el cumplimiento de los requisitos tiene un precio bastante alto. La normativa es buena pero también es muy excluyente.

¿Cuáles son los productos que se manejan en el mercado del cannabis medicinal?

En Colombia se manejan tres frentes: productos cosméticos, terapéuticos y farmacéuticos. También se cuentan los productos intermedios para la elaboración de los anteriores. Los productos terapéuticos son los comercializados como cremas, gotas y energizantes. Los productos farmacéuticos son aquellos extractos que se presentan como aceites o derivados que se obtienen de las plantas, y según su calidad, contenido y proceso de extracción puede ser calificado como tipo farmacéutico.

¿Cuál es la diferencia entre el cannabis medicinal y cannabis recreativo?

En la planta se presentan muchos cannabinoides, sus compuestos, pero en el mercado se hablan de dos: el THC (tetrahidrocannabinol) y el CBD (cannabidiol). El segundo es el que se utiliza en el campo farmacéutico, terapéutico y cosmético, mientras que el THC es el compuesto tratado como recreativo. Su regulación y control está a cargo de entidades como el Ministerio de Justicia y el Fondo de Estupefacientes. Es solo la extracción de THC la que ha provocado que organismos como las Naciones Unidas y diferentes países ataquen la planta como una droga psicoactiva. Incluso, hasta el año pasado se encontraba en la lista primera de la convención contra estupefacientes de la ONU, en la que se estaba al mismo nivel que la heroína y otro tipo de drogas duras. Pero al ser retirada, el control, regulación y comercialización a nivel internacional ya está siendo un poco más abierta.

¿Cómo se desarrolla la exportación de estos productos?

Apenas hace dos años se hizo la primera exportación de la flor como tal a cargo la compañía Clever Leaves, pero también se manejan aceites como extractos y productos terapéuticos incluidos como fórmulas magistrales por el INVIMA (Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos). La exportación para las plantas es un proceso adelantado por el Ministerio de Justicia, el ICA (Instituto Colombiano Agropecuario) y el Fondo Nacional de Estupefacientes. Por su parte, los productos terapéuticos deben contar con registro INVIMA y registro fitosanitario del ICA. Los productos que se envían deben cumplir con la reglamentación del país al que se van a exportar: por ejemplo, si se remiten a Estados Unidos se acoplan a las normas de la FDA (Administración de Medicamentos y Alimentos). Todo esto no se hace sobre el producto como tal, sino sobre el tratamiento de la planta para obtener el producto final, ya que todo se desarrolla con un proceso que va desde la semilla hasta su germinación y completa formación, cubierto por las licencias solicitadas. 

¿Qué sucede cuando se comercializa un producto que no cumple con la normativa?

Es ilegal. Recientemente, una influencer vendía chocolates y otros productos con cannabis sin control alguno, y tuvo problemas legales por tráfico de estupefacientes. Así que no hay forma de hacerlo inconscientemente. Si lo haces, lo haces consciente y de forma ilegal. 

¿Cómo logró vincularse al mercado del cannabis medicinal?

Fui contactado por un amigo de la infancia, quien era conocido de los ingenieros químicos que trabajaban con una empresa caucana llamada Sahuka. Ellos se dedican a la producción de productos medicinales cannábicos, y tienen sus instalaciones en la Fundación Universitaria de Popayán, sede Los Robles. Inicié ayudándoles a estructurar la parte legal de su vinculación con la empresa y a medida del desarrollo de las actividades, la confianza se generó y empezamos a formar nuestro propio conglomerado de servicios. Actualmente estoy manejando proyectos en la misma área con diferentes empresas colombianas.

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¿Entonces su trabajo actual es guiar a las personas que desean vincularse?

En la actualidad estoy trabajando en dos campos: como operativo y como asesor. En el primero desarrollamos trabajos de laboratorio para la creación de una serie de productos nuevos, que se encuentran bajo la confidencialidad. El segundo campo se extiende a todas las implicaciones relacionadas con un mercado base común, pero enfocado al cannabis. Aquí se encuentran actividades tales como crear una sociedad, cubrir los derechos laborales de los trabajadores y estrategias de negocios para desarrollar la industria.

¿Cómo es el desarrollo de su ocupación en esta industria? ¿Lo considera algo complejo?

A pesar de que son normas concretas que han sido muy bien desarrolladas, como toda normativa sufre de cambios periódicamente y se está próximo a una nueva reglamentación. Las dificultades que se presentan son la encarecida información que resulta para las personas que desean vincularse a este tipo de negocios y poder cumplir con todos los requisitos que las normativas actuales imponen, sobre todo en los sectores farmacéuticos.

En ese orden de ideas, ¿la visión de su mercado pretende incursionar en el cannabis recreativo?

Los compuestos más altos de THC siempre son muy llamativos en el mercado. Aunque actualmente se está trabajando con el cannabis medicinal, la idea es avanzar junto con la norma mientras se desarrollen las nuevas normativas del uso y consumo del THC y, así, aprovechar esto para la creación de nuevos productos, dirigidos a un nuevo público con diferentes condiciones. De igual manera, nuestro mercado es a nivel internacional, ya que los productos que no entran en las categorías mencionadas anteriormente no están autorizados por el INVIMA, entonces todo tiene que ser para exportación. 

¿Cree que todavía falta mucho para legalizar el consumo de cannabis en Colombia?

No se habla de la legalización del consumo sino de la regulación del mismo. Incluso en la norma madre, la ley 1787 de 2016, se fue muy claro en que la intención no es una legalización, ya que aún existe descontrol y problemas sociales que son muy complejos de tratar. Pero sí se busca la regulación para poder dar unos pequeños pasos hacia una libertad en el tema. Hablando de una legalidad se deben evaluar los puntos de salud pública, seguridad y beneficio para el país, pero sobre todo ver si la cultura y las autoridades permiten un control para esto. 

¿Cómo ha sido su experiencia laboral en el mercado cannábico?

Todo ha sido muy curioso, se entra a aprender. No tenía ninguna mala imagen sobre el tema, lo tenía normalizado, pero me sorprendió el hecho de que fuera tan complicado, que tuviera tanta regulación y que fuera un negocio tan rentable.  Todos los días se conoce algo nuevo. Así mismo, me ha permitido ampliar mis contactos: uno comparte espacios en compañía de los grandes empresarios, hasta con campesinos que han iniciado su negocio desde la ilegalidad.