21 de diciembre de 2020

Una casa para escuchar la verdad

Llegar a los territorios fue la apuesta con la que fue creada la Comisión de la Verdad. Las Casas de la Verdad son los lugares de acogida donde las víctimas de todo el país pueden acudir para ofrecer su testimonio. En el Cauca, el trabajo se ha llevado a cabo en zonas lejanas como Descanse, en el municipio de Santa Rosa. 

Por: Juan David Muñoz Espinosa

una_casa_para_escuchar_la_verdad_1.jpg

 

En Colombia se ha venido construyendo una ruta que permita esclarecer los hechos de barbarie ocurridos durante décadas de conflicto armado. Esto implica escuchar la inmensa cantidad de voces silenciadas, olvidadas y perdidas en medio de la diversa geografía de este país.

Para esta ruta, y en el marco del Acuerdo de Paz del 2016, se creó la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición, un organismo institucional que vela por el derecho a la verdad de toda los colombianos.

En Popayán, existe una Casa de la Verdad, un lugar para escuchar los testimonios que deja la guerra en este territorio. Allí, Co.marca conversó con Mabel Andrade, coordinadora territorial de la Comisión de la Verdad, sobre la labor de este organismo, el silencio y la desconfianza que han dejado huella en la población colombiana, sus retos y esperanzas.

Según Andrade, hoy la comisión tiene más de 800 testimonios individuales entre víctimas, responsables y testigos. También han escuchado un poco más de 2.300 personas en espacios colectivos. Para ella, explicar todo lo que implica el derecho a la verdad, su papel  cómo parte de la reparación simbólica, cómo necesidad y bien público ha sido parte del reto. 

 

¿Qué es una Casa de la Verdad, por qué esa figura?

Para la Comisión de la Verdad fue importante, una vez se constituyó, llegar, estar en los territorios. Esto solo es posible escuchando a la gente allí mismo, un punto focal que no solo estuviera en Bogotá, sino justamente en cada una de las regiones más afectadas por el conflicto armado. En ese sentido, se definieron 24 casas de la verdad en el país. Son un espacio de acogida, de escucha, fundamentalmente de las víctimas, pero también de aquellos que participaron de manera directa o indirecta del conflicto armado, de quienes tuvieron que vivirlo y, sin ser víctimas o sin ser participantes del mismo, tienen mucho para contar. Ese relato nos permite comprender lo que ocurrió. Es una casa porque termina siendo un símil del hogar.

 

¿Cómo ha sido la dinámica de escuchar esos relatos?

Hubo dos formas de escuchar: la primera fue yendo a los territorios a hablar con la gente, y otra fue aquí, difundiendo tanto en los territorios como también en Popayán, que había una casa y que aquí los escuchamos. La gente que, por temas de seguridad o por diferentes razones, no podía hablar en el territorio, lo que hacía era venir aquí a la casa, que cuenta con unas condiciones de mayor seguridad y de mayor confidencialidad.

La Casa de la Verdad de Popayán, hace parte de la región Surandina, una de las 11 regiones que definió la comisión para estructurar su trabajo de campo, y tiene bajo su responsabilidad 38 de los 42 municipios del Cauca. López de Micay, Timbiquí y Guapi hacen parte de la Región Pacífico. El Cauca es uno de los departamentos más ricos geográficamente, sin embargo esto representa complejos procesos de acceso al territorio. Hay comunidades que viven muy apartadas, como el caso del corregimiento Descanse, en Santa Rosa, adonde se llega a lomo de mula, en un trayecto que puede durar más de 10 horas.

 

¿Cómo fue la experiencia de llegar hasta Descanse, tal vez uno de los lugares de más difícil acceso del departamento?

Esa fue una travesía muy bonita, la primera salida del despliegue territorial de la comisión dentro del Cauca. Esto marca una metodología centrada en llegar a estas regiones más alejadas, a las zonas o territorios donde la gente no ha sido escuchada. Estos lugares los llamábamos “territorios silencio”, donde, por diversas razones en el marco del conflicto armado, ocurrieron muchas cosas, pero que no había sido posible visibilizarlas y que no había registro de las fuentes institucionales o secundarias que existieran. Al ser nuestro primer recorrido, lo hablamos con el personero y la mesa de víctimas del municipio. Sabíamos que iba a ser una travesía difícil. El personero de Santa Rosa nos dijo: “Ustedes quieren que hagamos un trabajo, yo los invito a mi territorio y los invito a que vayamos a Descanse”. Nos sentamos aquí a concretar la salida y él me dice: “La verdad, yo no creía que usted se le midiera, siempre que le digo a la gente que vaya a mi territorio, como es tan lejos, como hay unas condiciones tan complejas...” Le dije, no, vamos que allá es donde tiene que estar la comisión. Ese día llovió durísimo, pero nos fuimos con toda la esperanza de poder escuchar a la gente. Afortunadamente la mesa de víctimas de Santa Rosa fue muy solidaria y dispuesta para que la comisión pudiera entrar.

 

¿Qué encontraron allá?

A la comunidad le han pasado muchas cosas. Era una comunidad con un alto nivel de desconfianza. “¿Ustedes qué hacen aquí? ¿Por qué aquí?”. Entonces les contamos un poco de lo que era la comisión, siempre acompañados del personero. Luego pasamos a una asamblea de ellos hasta que nosotros pudimos generar toda la confianza y luego vino todo un proceso de escucha, muy interesante. Estuvimos cinco días, escuchamos, no solo de la cabecera, sino de todas las veredas. Escuchamos historias muy dolorosas, pero también historias de toda la resistencia y las formas de cómo la gente se organizaba de manera cotidiana para hacerle frente a todo el conflicto que vivía, en unas condiciones complejas de una comunidad confinada. Por eso es una comunidad muy valiente.

 

¿Y en Popayán, cómo consiguieron convocar a las personas?

Por un lado esperábamos que alguna gente llegara y llegó. Nosotros hacíamos programas de radio, fuimos a emisoras, se difundió que aquí había una casa, pero eso no bastaba. Entonces en algunas comunas coordinamos reuniones con presidentes de juntas de acción comunal o con líderes, e hicimos jornadas para hacer pedagogía y para tomar entrevistas o testimonios. Por ejemplo, en diciembre del año pasado, con las mujeres lideresas de población desplazada y con mujeres víctimas de violencia sexual en el marco del conflicto armado, ideamos algo que se llamaba las novenas de la verdad. Lo que hicimos fue trabajar con niños y niñas, reunirnos alrededor de la novena de Navidad y realizar un ejercicio de pedagogía  para que la gente viniera a la casa. Fueron varias estrategias para la participación y hemos escuchado a la gente de la ciudad, pero hay que decirlo, mayoritariamente nuestros testimonios están en la zona rural, con un 85%. La pandemia, ha sido un desafío para todo el mundo. De eso no se salvan procesos como el que lleva a cabo la comisión. La fase de despliegue territorial preveía su finalización para el primer semestre del 2020. Las casas de todo el país se cerraron el 15 de marzo. 

 

¿Al inicio de la pandemia como fue el choque, cómo cambiaron las dinámicas? 

Eso implicó que muchas cosas quedaran pendientes, algunas en el territorio. Implicó cambiar de metodología, nos tocó cambiar y mirar qué hacer. La primera orientación para todos los equipos en los territorios fue hacer contrastación de información y primeros análisis de la información que ya teníamos.  Esto fue súper complejo porque teníamos un equipo de trabajo acostumbrado a estar en el territorio, fue duro, sin embargo rápidamente nos adecuamos y arrancamos con una profundización de la investigación. 

 

¿Cómo se ha abordado cosas que podrían considerarse que estaban pendientes? 

Aquí en la territorial Cauca nos dimos cuenta que faltaba una información de escucha a académicos, investigadores, toda esta parte de la sociedad caucana que conoce del conflicto, que sin ser víctima directa, podría aportarnos muchos elementos para la comprensión de lo ocurrido en el Cauca en el marco del conflicto armado. También nos faltaba escuchar a muchos líderes y lideresas, porque en nuestra escucha del año pasado nos habíamos enfocado en las víctimas, en la gente que no necesariamente estaba en una organización social o que no era un líder o lideresa representativa. 

 

¿Y entonces cómo hicieron?

La Comisión habilitó unas salas virtuales, una plataforma para hacer entrevistas virtuales. Esto era nuevo para la comisión y para los equipos.Todas nuestras entrevistas se hacían de manera presencial, porque cuando tu vas a hablar de lo ocurrido, debes pasar por una generación de confianza, porque  se reviven dolores y necesitas estar próximo con tu interlocutor, eso hace parte también del proceso de la escucha y de la comunicación que estás teniendo con esa persona, la empatía que debes tener. Para nosotros era supremamente difícil hacer entrevistas virtuales. De igual manera creo que nos fue muy bien, ya después de agosto volvimos a concentrar esfuerzos en la investigación y en este momento los equipos en el país se encuentran construyendo documentos borrador que son  insumos para el informe final de la Comisión de la Verdad.

 

¿Cuál fue el reto más grande, no solo comisión sino en la relación con las personas?

Generar confianza, la confianza con la institución cómo tal, gran parte de mi equipo venimos de movimiento social entonces conocemos territorio, líderes...hay confianza, pero estamos en una sociedad que desconfía de las instituciones del Estado, por mil razones. Entonces había una desconfianza de entrada: “Ustedes son los mismos de siempre, nos vienen a sacar información. La verdad que ustedes van a decir es acomodada al gobierno”. La Comisión cargaba con las ausencias y vacíos que ha tenido la Unidad de Víctimas, cargamos con que “el Estado nunca ha reparado a las víctimas”. En algunas mesas de víctimas no pudimos escuchar el testimonio porque todavía había esa vaina de “el Estado no nos ha cumplido, por qué vamos a volver hablar con otra institución de Estado, además ya le hemos contado a la personería, a la unidad de víctimas”.

 

¿Qué es lo que sigue para Colombia?

Yo creo que cada vez es más complejo el contexto, se vienen momentos más difíciles de los que se está viviendo. Pero este Cauca, este país, ha demostrado unas posibilidades de organización, de apuestas por la paz, de seguir insistiendo en la justicia, en la paz, de mantener esos acuerdos, y yo creo que eso se ha potenciando. Hay un contexto difícil el próximo año porque el proceso cierra con elecciones y se están jugando muchas cosas en este país. Los retos van a ser grandes. Yo confío en que el informe de la comisión sea una herramienta para la sociedad, que sea apropiada, que podamos mirarnos en el espejo, comprender lo que ocurrió, tener todas las bases para evitar repetición. Ahí creo que el informe final va a ser supremamente clave.