14 de diciembre de 2020

¿Afecta la educación virtual la salud de los docentes? 

Desde que inició la pandemia por Covid-19, los colombianos han sufrido diversas afectaciones en su salud mental. Para los docentes, la virtualidad ha sido tanto o más dura que la presencialidad. Las experiencias individuales que aquí se cuentan conforman una sola historia colectiva: la reinvención de los docentes y su estado emocional.

Por: Christian Benítez y Carolina Moncayo 

Imágenes tomadas de la web 

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“Ahora hay que sistematizar y subirlo todo”

Ómar Luna, a sus 34 años de edad es docente del Real Colegio San José desde hace aproximadamente 4 años. Recuerda con nostalgia su vida antes de la llegada del Covid-19. “Me levantaba a las 5 de la mañana, me alistaba y salía para el colegio, me ubicaba en la puerta para recibir a mis estudiantes, finalmente nos dirigíamos al salón de clases”.

El Real Colegio San José es una institución de carácter privado, con 21 años de servicio, ubicada al sur occidente de la ciudad de Popayán. Tras declararse en Colombia el aislamiento preventivo obligatorio, las instituciones educativas fueron las primeras en cerrar. Para Ómar esto modificó las dinámicas educativas y la relación docentes – estudiantes. 

Las jornadas laborales se extendieron: “Antes de la pandemia laboraba 7 horas, ahora en la virtualidad las clases disminuyeron a 4 horas, pero el tiempo de trabajo aumentó a 9 horas aproximadamente”. Manifiesta que en sus clases presenciales tenía que silenciar a sus estudiantes, ahora intenta fomentar su participación: “Al parecer se esconden detrás de la pantalla”.

La institución usaba desde antes una plataforma virtual, sin embargo fue complicado migrar todas las actividades a lo digital, a pesar de que los docentes hacen todos los esfuerzos por mantener la calidad educativa desde esta nueva forma.  “La virtualidad nunca va a estar a la par de la presencialidad, estar presente en un aula de clase siempre va a ser mejor y permitirá mayor cercanía y mejor aprendizaje”, dice.

Para este docente el trabajo no se ha duplicado, se ha triplicado. Ahora su rutina es levantarse temprano, ubicarse enfrente de su computador, iniciar las clases virtuales, preparar materiales, enviar las grabaciones de las clases. “Ahora hay que sistematizar y subirlo todo”, manifiesta. Al final del día apaga su computador e inicia las labores de su hogar.

Al inicio de la pandemia y con los cambios en la educación, los niveles de estrés de Ómar aumentaron debido a la carga laboral; 8 meses después se ha ido acostumbrando a esta dinámica. Además de ser docente es consejero estudiantil. Manifiesta que en los estudiantes “aumentaron los casos de conflictos emocionales, depresión, ansiedad y tristeza, en un aproximado del 30%”. 

La institución ha garantizado un acompañamiento a sus estudiantes, en el caso de los docentes, nadie supervisa su estado emocional. Según lo mencionado por el docente, son ellos mismos quienes están pendientes de su salud mental. 

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Ensayo y error

Víctor Quintero, de 44 años, es ingeniero en electrónica y telecomunicaciones y hace 21 años es docente  de la Universidad del Cauca. Se encuentra delante de un tablero lleno de operaciones matemáticas, recordando cómo dictaba sus clases de manera presencial: “Llegaba a la universidad después de dejar a mi hija en colegio, preparaba mis clases, me apoyaba en diapositivas, pero cuando eran matemáticas usaba por completo el tablero”. 

Ahora pasa casi todo el día sentado enfrente de su computadora, desarrolla sus clases, reuniones, y elabora materiales. Intercala esto con sus labores como padre y esposo: “Parece que hay muchas más cosas para hacer y menos tiempo disponible”. Ha sido difícil el proceso de adaptación a la educación remota, necesariamente debe hacer presentaciones, innovar con la elaboración de videos. El desarrollo de las operaciones matemáticas ha sido todo un reto para él, ha hecho uso del método ensayo y error, descubriendo cuál aplicación se adapta mejor a las necesidades de sus estudiantes. Para ello ha adquirido una tableta digitalizadora que le permite desarrollar de forma fácil las operaciones.  

La búsqueda de nuevas herramientas, la innovación en sus clases y la preparación de materiales le demanda mucho tiempo. Está pendiente a toda hora de las plataformas virtuales de mensajería con sus estudiantes. “Te demoras mucho más porque te preguntan a través de mensajes y comentarios, y tratas de resolverlo de la mejor manera y lo más pronto posible”, dice. 

Víctor manifiesta que en relación con su salud mental, el estar alerta a las diferentes formas de comunicación con sus estudiantes a cualquier hora del día, hizo que aumentan sus niveles de ansiedad. Le preocupa la falta de actividad física, ya que antes en la presencialidad caminaba mucho.  

Cree que la socialización es lo más importante de sus clases. Está convencido de que las herramientas tecnológicas permiten establecer una comunicación, pero los alejan más de los estudiantes. Para Víctor, el mayor reto es “el uso de herramientas informáticas, y cómo hacer uso de ellas para llegar de mejor manera a los estudiantes”.

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Nuevos roles 

Para Jenny Ortiz, docente de psicología, los profesores, además de preparar sus clases, están pensando en las posibilidades de acceso de sus estudiantes y cómo minimizar esos problemas. Esta situación posiciona al docente en un rol donde su función no solamente es transmitir conocimiento, sino que debe reinventarse como mentor y guía.  

Según los resultados de la encuesta hecha por la Asociación Colombiana de Universidades, ASCUN, en la cual participaron 5.546 profesores, los docentes que realizan clases remotas en la pandemia pasaron del 4 al 94%. Este es un gran desafío para las instituciones educativas ya que Colombia tiene problemas de inequidad en el acceso a la educación, no cuenta con las condiciones óptimas para permitir el acceso a medios de comunicación y las zonas rurales y más apartadas de las cabeceras municipales no cuentan ni con señal telefónica y menos de internet.  

Esta pandemia ha puesto a los profesores en un constante ensayo y error de diversas herramientas que permitan mejorar la educación y comunicación con sus estudiantes. Según el mismo estudio, el 85% de los docentes utiliza encuentros virtuales con sus estudiantes. Esta es una de las razones por las que el 88% de los profesores manifiesta que ha habido un aumento en el número de horas laborales.

Lo anterior ha generado en este grupo poblacional diversas afectaciones en la salud mental. El informe refleja que las nuevas exigencias de su trabajo han llevado a que el 47% manifieste una mayor sensación de cansancio, el 26% reporta aumento en la sensación de aislamiento o soledad y el 24 % aumento de irritabilidad.

Es por ello que se deben garantizar en este momento mejores condiciones laborales y sanitarias para los alumnos y docentes, con el fin de mitigar y prevenir alteraciones en su salud física y mental. Sin embargo, la tarea más difícil es lograr una reestructuración del sistema educativo colombiano, que permita entender las características particulares de cada territorio y permita el acceso equitativo a la educación, disminuyendo las barreras de acceso  a las tecnologías de información y comunicación. 

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La virtualidad y la variedad de actividades

Alejandro Gómez, de 33 años, es comunicador social y docente desde hace 5 años en la Institución Educativa Nuestra Señora del Carmen. Este establecimiento educativo es orientado por la Comunidad Religiosa Franciscana de Popayán, y lleva 61 años de servicio.

Alejandro es un docente que ha implantado durante toda su vida laboral las tecnologías de la información y la comunicación para el desarrollo de sus clases, además la institución ya contaba con una plataforma digital, antes de que la educación migrara a la virtualidad. Por ello tanto a docentes como estudiantes se les ha facilitado esta nueva forma de enseñanza aprendizaje.

Sin embargo, para el docente han surgido varios cambios en su práctica laboral, los más importantes relacionados con el proceso de socialización con colegas y estudiantes. “Antes se interactuaba más y el lenguaje corporal también comunicaba, ahora a muchas de mis estudiantes les da pena o pereza participar en clase”, dice. Además de las 4 horas de clase diarias Alejandro debe usar gran parte de su tiempo para prepararlas: “No solo es explicar el tema, sino crear herramientas, crear actividades. Uno se puede demorar entre 2 y 3 horas para preparar la clase de una hora”.

Sus clases virtuales han ido evolucionando con el paso del tiempo y ha buscado nuevas estrategias ya que “en la virtualidad las estudiantes se distraen y solo escuchan, por eso lo clave es estar cambiando de actividades, usando diversas plataformas, y en medio de las clases realizar pausas activas a través de juegos; esto desgasta al docente ya que tiene que mantener a las estudiantes ocupadas todo el tiempo”.

Alejandro Gómez considera que no ha habido cambios significativos en su salud, sin embargo menciona que la socialización es muy importante ya que le permite sentirse más activo y animado. Ha tenido que adaptar su espacio de trabajo para evitar cualquier molestia o lesión. Desde la institución ha habido un constante acompañamiento psicosocial a estudiantes y docentes que lo requieren. “Ni toda la planta educativa, ni el grupo docente, ni los estudiantes estaban listos para esto, yo creo que la calidad educativa disminuirá, pero hay que conservar lo bueno de la virtualidad”, concluye.

 

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Repartiendo leche y talleres

Carmen Alicia Hoyos, es profesional en educación especial, tiene 54 años de edad, es docente hace 26 años. Los últimos seis ha trabajado en el área rural, en la Institución Educativa las Guacas, sede Quintana. Quintana es un corregimiento del municipio de Popayán ubicado aproximadamente a hora y media de la cabecera municipal. Esta sede cuenta con 16 estudiantes entre los grados transición y quinto.  Carmen es la única docente allí. 

Antes de la pandemia, se levantaba a las 3:40 de la mañana, su jornada laboral iniciaba a las 7 a.m. Se transportaba en el pequeño camión lechero que recorría diariamente esa distancia. Preparaba sus clases para cada grado, no utilizaba ninguna herramienta tecnológica debido a las condiciones estudiantiles, institucionales y territoriales.  

Durante el aislamiento sigue cumpliendo con su jornada laboral, prepara sus clases y talleres en físico para cada grado y cada área. Sus estudiantes no conocen la educación virtual. “Desafortunadamente en nuestra sede no se puede hacer así, pero hay que buscar los mecanismos para llevar a cabo todo los planes del año curricular”, afirma. Por esta razón ha recurrido al lechero, quien además de transportar la leche ahora transporta el material para los estudiantes con las indicaciones y talleres de la docente. 

Algunas veces la profesora Carmen ha tenido que visitar a sus estudiantes para continuar con el proceso educativo, ya que algunos de ellos no tienen quien les guíe en la realización de sus tareas y actividades: “Me ha tocado ir a la escuela algunas veces, llamar es muy dispendioso porque no hay señal telefónica, al menos voy unas dos o tres veces al mes para orientarlos, ya sea en la escuela o de casa a casa”. 

El cambio de rutina le ha ocasionado algo de estrés, su jornada laboral también se ha extendido. “Yo diría que ha aumentado, porque ya hay que trabajar de manera virtual con la institución y realizar los talleres en físico para enviarlos, hay que ser recursivo, documentarse, tratar de ser lo más explícito posible con padres y niños, eso es muy dispendioso”. Sus estudiantes también han manifestado cansancio de estar en sus hogares y muchas ganas de volver a su escuela; sus padres, muchas veces no están en casa, deben continuar laborando para poderse mantener, otros son analfabetas y no pueden orientarlos, por eso se ha recurrido a algunas madres de familia para que orienten a varios estudiantes. 

“Las actividades diarias de un niño de la zona rural son diferentes, no disponen de medios tecnológicos que los distraiga, allá deben ayudar a sus padres con las labores del hogar, como traer leña u ordeñar”, cuenta.  Para motivarlos se les envía junto a los talleres mensajes positivos, recordándoles que son inteligentes, importantes y que hay que seguir luchando por sus sueños. La docente les llama ‘pildoritas de motivación’. 

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Frustración, un problema recurrente

La restricción de la movilidad ha cambiado radicalmente la rutina cotidiana de los colombianos. Las nuevas realidades del teletrabajo, el desempleo, la educación en casa y la falta de socialización han desencadenado serias consecuencias en la estabilidad emocional. De acuerdo con el Hospital Psiquiátrico San Camilo, los estudiantes y docentes hacen parte de las poblaciones más vulnerables frente a la afectación de la salud mental durante la pandemia. 

Para Angie Bermúdez, psicóloga del Ejército Nacional, las alteraciones más frecuentes en este grupo poblacional son la ansiedad, el estrés y la frustración. Tales dificultades están enmarcadas dentro del cuadro clínico denominado por la psicología como Síndrome de Burnout o “trabajador quemado”, que ha aumentado durante el aislamiento, manifestándose en el agotamiento físico y emocional debido a la carga laboral de los docentes. 

La frustración ha sido el síntoma más reiterado en los maestros, quienes temen al fracaso al no conseguir los resultados deseados por las directivas institucionales, por padres de familia y estudiantes. Así mismo temen por la efectividad de sus metodologías para lograr el aprendizaje de conceptos básicos en sus estudiantes. Las afectaciones en la salud mental pueden estar acompañadas de cansancio, dolores físicos, alteración del sueño y desórdenes intestinales. 

Según la encuesta realizada por la Asociación de Universidades Colombianas (ASCUN), el 88% de los docentes cree que su carga laboral ha aumentado. La verdad es que el coronavirus generó diversas crisis en la sociedad, que ponen en interrogante el modelo de desarrollo colombiano. La falta de garantías para que todos los estudiantes tengan acceso a la educación remota, las grandes inequidades en el acceso al sistema de salud, el aumento del desempleo, las grandes brechas entre las urbes y las zonas rurales y la poca inversión en salud mental están en contravía del crecimiento económico, el apoyo a empresas extranjeras, el otorgamiento de concesiones para la explotación de recursos naturales, que son los principales objetivos del gobierno colombiano.