28 de enero de 2018 

Novela negra para Netflix

Que la realidad supera la ficción es algo que parece incuestionable. Y más si se trata de los entramados y los entresijos del poder, aquellos donde suceden cosas que son dignas de series con protagonistas cínicos e inescrupulosos, por decir lo menos. Y Colombia no es la excepción.

Por: Guillermo Pérez La Rotta

Foto tomada de la Oreja Roja 

 

 

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La historia reciente de Colombia podría ser recreada por Netflix en una serie negra, como narrativa que se extiende desde la política y la guerra hacia la economía. Algunos capítulos serían sobre espionaje y persecución a periodistas y opositores, emprendidos desde el Palacio de Gobierno, otros, sobre el espionaje a la Corte Suprema de Justicia, para desprestigiarla porque dicha institución estaba investigando nexos del primo del presidente con el hampa.

Otros episodios serían sobre la corrupción. La narrativa afirmaría a las víctimas que han sufrido las modalidades de lo negro, pues el valor del dinero robado al Estado podría cubrir con creces muchas de las necesidades del país. Se mostraría con melodrama y suspenso, cómo desde los tejemanejes y apariencias se oculta la realidad del abuso por parte de los poderosos, y se maquilla mediáticamente la realidad. Los protagonistas de la serie serían ciertos políticos, algunos empresarios, o togados de la rama judicial, y los periodistas de investigación perseguidos.  Y naturalmente, el ciudadano de a pie que sufre los abusos de la plutocracia.

Presentamos una escaleta del thriller, pero no se sabe qué parte corresponde a la realidad y qué a la fantasía del guionista. Una multinacional de ingeniería financia dos campañas presidenciales enfrentadas, pues cualquiera que gane, le dará millonarios contratos para hacer carreteras. Se alía en su empresa con el mayor grupo empresarial del país. Paralelamente se descubren en EE.UU. evidencias sobre sobornos que hacen la multinacional y su socio, para mantener relaciones políticas y redes de influencia al más alto nivel, y se señala a algunos funcionarios y políticos. Cuando se destapa el delito en el país del norte, el fiscal de Colombia empieza a investigar y caen algunos mandos medios de la trama, pero nunca llegan a los máximos líderes. El dinero pagado a través de contratos ficticios con empresas de papel puede llegar a los 50 millones de dólares.

El actual fiscal escuchó por vía telefónica testimonios de un interventor de la empresa, de apellido Pizano, pero lo hizo cuando todavía no era fiscal, sino abogado que cuidaba los intereses de la empresa asociada a la multinacional. Se queda callado. Pero el señor Pizano graba la charla, y la entrega a un noticiero independiente con la condición de que la revele, si él muere. El señor se muere. En el baño de su casa encuentran un tarro de cianuro. Entonces el noticiero revela la conversación. Días después, muere su hijo envenenado con cianuro.

El fiscal argumenta como abogado diciendo que no cabría su señalamiento como un encubridor, y que recibió la información sólo como una presunción. Por obra de una serie de errores, el director de Medicina Legal afirma enfáticamente que aquel señor no murió envenenado, pero luego, ante críticas de otros profesionales forenses, se evidencia que no hay pruebas de esto. Todo queda en el más profundo misterio.

Congresistas de la oposición le hacen una confrontación al fiscal y le piden que renuncie, pero éste se defiende con argucias, y el presidente del congreso no permite la réplica de los citantes, ni ese día, ni otro después. Pues el partido de gobierno defiende al fiscal, y el día del debate lanza un video donde un senador opositor recibe dinero de forma sospechosa; ello con el objeto de cambiar la dirección de la atención y enlodar al opositor, pues al partido de gobierno no le conviene que se destape todo el entramado de corrupción. Entonces la corte propone un fiscal ad hoc para algunos apartes del enorme caso de sobornos, allí donde hay conflicto de interés del fiscal, pero el señor nombrado a partir de una terna propuesta por el presidente, parece ser un amigo del fiscal, y en todo caso actuaría bajo su influencia.

Democracia de la calle. Ante lo trabado del proceso en los tinglados del poder, la gente pide la renuncia del fiscal. El señor, amenazante, retórico, maquiavélico, es un hombre con superpoderes y quien lo juzgaría es la comisión de acusaciones de la cámara, absolutamente inoperante. Valientes periodistas de investigación han contribuido a destapar la trama de corrupción y una de ellos es demandada por el fiscal. Pero siguen trabajando por la verdad y la democracia. Continuará.

 

 

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